PAULINO CÁRDENAS
Existe una teoría conocida como “Seis grados de separación”. Tiene que ver con el vuelo que ha tomado en Internet el criticado voto nulo que busca ser una forma de protesta ciudadana para manifestar su repudio al statu quo de la clase política de la que ya está harta y que estaría en todo su derecho de hacerlo en las urnas. Como en el 2000, el hartazgo sería la razón.
No es dejar de ir a votar. Es anular la boleta en la casilla y anotar una expresión del por qué esa decisión. Nadie lo prohíbe. La otra opción es ir a votar como siempre “por el menos malo” para más de lo mismo. Frente a esa amenaza real, el IFE acaba de anunciar la campaña “Yo sí voto por México el 5 de julio”. También está en su pleno derecho.
Pero también la gente protestaría con el voto nulo por el clima de inseguridad de la delincuencia y la violencia por la guerra contra el narcotráfico, la pobreza y el olvido de la gente más necesitada, por el irresoluble problema de desempleo, de la carestía de la vida, de ausencia de oportunidades y de estrategias efectivas para sacar al país de la grave recesión en que se encuentra.
Sin opciones reales por quién votar y por el desencanto y ver cómo se han manejado los partidos políticos, sus candidatos y el IFE con miras a la contienda electoral que se avecina, la gente común y corriente ha estado promoviendo por Internet la opción del voto nulo, a través de correos electrónicos, los principales buscadores, blogs y las famosas redes ciudadanas del ciberespacio.
A casi tres semanas de que se lleven a cabo los comicios, esa propuesta ciudadana ya la conocen varios millones de gentes. La pregunta que muchos se hacen es ¿por qué muchos mexicanos se enteraron tan rápidamente de la propuesta del voto nulo que tanto escozor ha causado a los políticos, a los partidos y al IFE?
Hay una teoría conocida como “Seis grados de separación” que intenta probar -y lo ha hecho en infinidad de ocasiones, una de ellas durante la campaña de Barack Obama- que afirma que cualquiera en la Tierra puede conectarse vía Internet con otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos. Bastarían cinco gentes para conectar a la primera con otros intermediarios, con sólo seis enlaces.
El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos de una persona crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en una vasta población humana interconectada, aunque no se conozcan.
Según esta teoría, cada persona conoce, entre amigos, familiares y compañeros de trabajo o escuela, a unas 100 personas. Si cada uno de esos amigos o conocidos cercanos se relaciona con otras 100 personas, cualquier individuo puede pasar un recado a 10,000 personas más, tan solo pidiendo a un amigo que pase el mensaje a sus amigos.
Estos 10,000 individuos serían contactos de segundo nivel, que un individuo no conoce pero que puede conocer virtualmente si quisiera o conocerlo personalmente para una relación amistosa, amorosa o de trabajo.
Este argumento supone que los 100 amigos de cada persona no son amigos comunes. En la práctica, esto significa que el número de contactos de segundo nivel será sustancialmente menor a 10,000 debido a que es muy usual tener amigos comunes en las redes sociales.
Si esos 10,000 conocen a otros 100, la red ya se ampliaría a 1,000.000 de personas conectadas en un tercer nivel, a 100,000.000 en un cuarto nivel, a 10,000.000.000 en un quinto nivel y a 1000,000.000.000 en un sexto nivel. En seis pasos, y con las tecnologías disponibles, se podría enviar un mensaje a cualquier individuo del planeta sobre cualquier asunto.
Esa es la teoría conocida como “Seis grados de separación” que aunque se reduce a una simple cuestión matemática, trata de explicar por qué un asunto corre a tan alta velocidad en la red de redes. Según eso, es posible acceder a mucha gente en tan sólo seis “saltos”. Eso hicieron los estrategas de Barack Obama durante su campaña y muchos le atribuyen a eso gran parte de su triunfo.
Y justamente lo que preocupa a la clase política es que el tema del voto nulo ya circula por la red de redes. Alguien dirá que en México no todos los ciudadanos tienen Internet. No, pero tienen teléfono fijo y celulares que es también por donde corre la misma rola. Ahora, que a ese llamado le hagan caso millones de mexicanos el 5 de julio próximo, eso es otra cosa.
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