Estertores últimos de Calderón

PAULINO CÁRDENAS

La semana pasada Felipe Calderón se pusoa cantar en Tacámbaro, Michoacán durante la última gira que hizo a su estado natal como Presidente, y varios de los asistentes dijeron ‘Útala: canta como gobernó’. Igual que López Obrador, también filosofó sobre el por qué Dios pone a prueba a ciertos individuos con determinadas tareas. Se refería a él mismo desde luego, y a la guerra que emprendió a ciegas contra el crimen organizado. Como sea, una de las peores herencias que le dejará a Enrique Peña Nieto como pesada carga, serán las consecuencias de esa guerra absurda, por insensata, contra el crimen organizado, que ha cobrado miles y miles de muertes.

Insensata su guerra porque no calculó la reacción ni la capacidad de respuesta de las bandas criminales a las que quiso espantar echándoles por delante al Ejército y la Marina-Armada de México, y con una Policía a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública que hizo mal tercio en esa lucha porque los capos corrompieron a muchos de sus mandos por lo cual ya desapareció, lo cual significó el primer golpe seco al mandatario que va de salida porque era su ‘orgullo’. Insensata esa guerra por las miles de muertes que ha dejado y que será por lo que se recuerde su sexenio.

¿Quiénes responderán por esas muertes? ¿Y quién lo hará por tantas promesas incumplidas? ¿Peña Nieto? Por lo pronto hay quienes creen que al término de su mandato, el presidente Calderón tendrá que abandonar el país, temeroso de las represalias que puede recibir de parte del crimen organizado.
 Sabe que incurrió en responsabilidades sancionadas por el derecho internacional.
 Debe sin duda estar muy preocupado por su integridad personal y por su vida, por las propias reacciones que puedan tener los grupos del crimen –menos uno– contra él y su familia. ¿Cuál será su futuro? ¿Y cuál será el de su principal escudero de armas?

La otra fue que, ya con un pie fuera del gobierno, mando una propuesta al Legislativo para cambiarle el nombre al país. Siguiendo la lógica calderonista, que quiere que nuestro país se llame México y no Estados Unidos Mexicanos, porque así lo conocen dentro y fuera del país, entonces el crack mexicano que juega en el Manchester United, Javier Hernández, debía cambiarse el nombre y solo llamarse‘Chicharito’ porque así es como conoce todo el mundo al crack mexicano, ya que incluso en la camiseta que usa para jugar así dice: Chicharito.

Supone Calderón que a México lo suelen confundir con Estados Unidos, por el nombre oficial de nuestro país. ¿De veras? El primer reclamo de que México se llegase a llamar oficialmente así, sería de los pueblos indígenas que no son mexicas. Nadie en su sano juicio podría creer que el nombre oficial de “Estados Unidos Mexicanos” lleve a alguien a confundir a nuestro país con el vecino del norte.

Se ha hecho chunga con eso y se señala que si el mandatario panista no fue capaz de cambiar a México, aunque sea que le cambien el nombre. Lo que sucede es que al término de su gobierno, ya no sabe qué inventar para distraer la atención y que los mexicanos no reparen en como dejó el país por andar haciéndole al soldadito de plomo, queriendo acabar con las mafias sin haber calculado sus riesgos y sin haberle entrado primero a depurar a las policías y autoridades corruptas vinculadas con el crimen organizado. Cuando tiene un pie afuera del gobierno, se le ocurre enviar una iniciativa al Congreso de la Unión para que nuestro país se llame oficialmente México y no como obra en la Constitución, “Estados Unidos Mexicanos”. Para usar un narcotérmino, esa idea parece una marihuanada.

Sus razones dice tener. Siendo legislador, hace una década Calderón lo propuso, y ahora, a punto de dejar la administración, se le ocurrió retomar esa iniciativa para modificar el nombre oficial del país y que se llame simplemente “México”, como la mayoría de la gente lo conoce. El nombre oficial del país quedó establecido en 1824, en la primera mitad del siglo XIX, después de independizarse de España, hecho que para algunos fue un intento de imitar al vecino del norte, cuyo nombre oficial en inglés es United States of America.

“México no necesita un nombre que emule a otro país y que ninguno de nosotros los mexicanos usa cotidianamente”, dijo el jueves al anunciar el envío al Legislativo de la iniciativa de reforma constitucional para modificar el nombre de la nación. A nadie se le ocurriría pensar que llamándose oficialmente Estados Unidos Mexicanos, se esté emulando al vecino país del norte, pareciendo ignorar el nacionalismo recalcitrante que raya muchas veces en chovinismo, sentimiento que priva en muchísimos sectores de la sociedad.

El aún Presidente había hecho una propuesta similar en enero de 2003, cuando se desempeñaba como dirigente de los diputados federales del Partido Acción Nacional, aunque la iniciativa nunca se votó. Esta vez, su propuesta ya fue bateada en el Congreso de la Unión, porque, como lo comentó el coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados, el sonorense Manlio Fabio Beltrones, hay asuntos mucho más importantes que hay que atender en el Legislativo. Fue uno de los estertores últimos del panista como mandatario. Más los que faltan de aquí al viernes.

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