Nueva ley de partidos

 PAULINO CÁRDENAS

¿Son necesarios los partidos políticos? ¿Algo han aportado para la vida democrática del país o son simples enclaves para que los politicos vivan como reyezuelos a costillas del erario público? ¿En qué ayudan a la ciudadanía y a la vida cotidiana? ¿Los partidos son instancias de “interés público”? ¿Ayudan a mejorar el status de vida de los mexicanos o son una simple carga para el erario? ¿Deberían desaparecer? ¿No sería mejor la vía de los candidatos independientes? Son preguntas que sin duda se hizo el consejero del Instituto Federal Electoral, Lorenzo Córdova, antes de formular el documento ‘Hacia una nueva ley de partidos políticos’ que propone renovarse o morir para mejorar la vida democrática y que los institutos politicos sean de veras instrumentos que aporten valor a la vida del país, ya que actualmente los partidos no gozan de buena fama pública, acentuándose el démerito en la última década, con escasos niveles de confianza. Son malos y caros.

La historia de los partidos en México ha sido clara: uno, el PRI, quiso ser partido único, hegemónico y predominante. El PAN le seguía los pasos, hoy venido a menos. Luego surgió la izquierda, que por ambiciones acabó dividida. Ninguno ha aprendido a vivir en democracia. Apenas hay balbuceos en ese sentido, y eso a base de tener que vivir la realidad en el Congreso en donde ningún partido tiene mayoría absoluta. México intentó tener un sistema bipartidistas donde dos partidos podrían competir por una mayoría absoluta de escaños; uno de los dos partidos conseguiría una mayoría suficiente de escaños para gobernar y dispuesto a hacerlo sin formar alianzas; con tres partidos surge la alternancia en el gobierno como una posibilidad real. La otra posibilidad es que pronto se permita votar por candidatos independientes, lo que sería el principio del fin de los partidos que tan caros le salen al país.

De manera generosa Córdova reivindica la importancia de los partidos para la democracia mexicana, pero advierte debilidades en su desempeño. Señala que ante el descrédito creciente de los partidos políticos frente a la ciudadanía y para “terminar con la crisis en que se encuentran inmersos”, sería necesario que el Congreso aprobara una nueva ley de partidos, que regule su actividad, garantice mayores niveles de democracia interna, defina obligaciones de transparencia en el uso de los recursos públicos que reciben y favorezca la creación de nuevos institutos, así como de la pérdida de registros. Esto ha obedecido, en buena medida, “a un difundido pragmatismo electorero, un vaciamiento ideológico y programático y la falta de representatividad y democracia interna que los caracteriza”, lo cual ha favorecido un descrédito social, expone el consejero.

“Ese preocupante desencanto ha venido a alimentar una serie de propuestas que plantean la reducción y la depuración del sistema de partidos, mediante el encarecimiento de requisitos para su constitución y mantenimiento”. Aunque no se anima, sus comentarios llevan intrínsecamente a preguntar si realmente los partidos politicos, tal como son actualmente, de veras son indispensables para la vida de los mexicanos. Hace el diagnóstico, los describe, los resume, pero sigue quedando en el ánimo preguntar ¿de qué nos sirven los partidos políticos como son? Independientemente de los fines por los que han sido creados, los partidos han acabado inmersos en la espiral burocrática, viendo más por sus propios intereses que por los de la comunidad.

Además de los recursos a que son acreedores por disposición de ley por parte del erario, los partidos actúan como empresas, solicitando préstamos y créditos a bancos que imponen condiciones uniformes, al menos formalmente. Esta forma de financiación se incrementa durante los procesos electorales. De ahí que el consejero Córdova propone en su documento, además de que haya más democracia interna, una mucha mayor transparencia sobre los gastos del dinero que reciben. Lanza la propuesta de que sea el Congreso el que apruebe una nueva ley de partidos, que regule su actividad, ya que si bien en la actualidad el desempeño de los partidos está contenido en 86 artículos del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), esta normatividad debe mejorarse.

Insiste en la necesidad de exigir mayor transparencia y rendición de cuentas en la medida en que los partidos son instancias de “interés público” que reciben recursos del erario, por lo que debe eliminarse el concepto “información no pública” que recoge el Cofipe para impedir que se acceda a datos relacionados con los procesos deliberativos de los partidos, estrategias y campañas. ¿Qué es lo que motiva la polarización o distancia entre los partidos que compiten entre sí? Su afán de omnipresencia y control sociopolítico. Siguen una estrategia habitualmente destructora respecto de los grupos externos, y su arbitrariedad puede ser ilimitada e impredecible. De ahí que las preguntas de la gente común y corriente son: ¿En qué nos ayudan los partidos políticos? ¿De qué nos sirven? ¿No saldría muchísimo más barato votar por candidatos independientes?

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