¿Revivirá el sector agrario?

 PAULINO CÁRDENAS

La intención presidencial de revivir el sector agrario podría toparse con los intereses de siempre, con las mafias que han vivido del campo de hecho desde que fue promulgada la Ley Agraria en 1915. Desde hace decenios el campo mexicano ha sido un asunto sin solución. Quizá por ello los dos sexenios panistas ni siquiera se ocuparon en darle su lugar al tema, ya no se diga la más mínima intención de resolverlo. Todos saben, y más las familias campiranas, que sus ancestrales problemas tienen que ver con varios aspectos a la vez, y no solo los agrarios. Tiene que ver con nuestra agreste geografía, con las culturas dispares, con la nula llegada de recursos, con la política chatarra plagada de verborrea y sobre todo con el incumplido aspecto jurídico que han tenido que soportar sexenio tras sexenio.

Al retomar la ceremonia anual de la Promulgación de la Ley Agraria que los dos gobiernos panistas ignoraron, el presidente Enrique Peña Nieto prometió que su gobierno asumiría la rectoría del Estado en materia agraria y acercar la producción al consumo de las ciudades, proteger el valor real de la tierra y hacerla base de la planeación social, poniendo un alto a la especulación. “La mejor manera de celebrar la promulgación de la Ley Agraria es elevando la calidad de vida de quienes viven y dependen del campo nacional”. Señaló que “el mayor tributo que se le puede rendir a Emiliano Zapata es trabajar ciertamente para abrir nuevas oportunidades de bienestar y progreso a las mujeres y hombres del campo”.

En su discurso en un acto celebrado en el World Trade Center en el puerto de Veracruz con el que se conmemoró el 96 aniversarios de la promulgación de esa Ley por parte del presidente Venustiano Carranza, Peña afirmó: “Vamos a restablecer la fuerza y la rectoría del Estado. Estamos ante el gran reto, pero insisto, en lo que debe ser una gran ventana de oportunidad, de modelar un nuevo rostro para el campo del siglo 21 de nuestro país”, aseveró. Hizo hincapié en que “con los pies plantados en la tierra y la mirada puesta en un mejor horizonte, vamos todos juntos a transformar el campo y con ello mover a México en pleno siglo 21”.

¿Cuántas veces los campesinos más olvidados del sistema han escuchado ese tipo de promesas? Solo habría que repasar el estado de cosas que han privado en el campo mexicano a lo largo de los años. Sin embargo, México no resolverá su problema agrario mientras el sector moderno, que se rige por la economía de mercado, no permita que el sector tradicional, que se rige por la economía de autosuficiencia, evolucione y alcance una mejor productividad sin dejar de existir, decía un experto en la materia como lo fue Jaime González Graf, ingeniero humanista, politólogo y sociólogo fallecido en 2001.

Decía el desaparecido crítico del neoliberalismo y muy progresista en los temas políticos y sociales, que México no resolverá su problema productivo mientras no se oriente mucha inversión a la producción agropecuaria, se fomente la reconcentración de la tierra, y se impulse el incremento de la productividad, con independencia del sistema de propiedad; no se resolverá el problema político del campo mientras no sean eliminados los elementos que permiten un control bastante riguroso de los ejidatarios y muchos pequeños propietarios con fines, más de poder, que de fomento, y mientras no se den los pasos necesarios para una convivencia colaboradora entre las dos sociedades agrarias que persisten.

¿Será possible canalizar crédito al sector agropecuario por lo menos en un porcentaje similar a la aportación que hace al PIB nacional? ¿Será posible que el gobierno de Peña le dé coherencia a la Ley de Reforma Agraria con la Ley de Fomento Agropecuario? ¿Se podrán reglamentar y establecer los Tribunales de Justicia Agraria con su Procuraduría correspondiente? 

¿Se eliminará la incertidumbre del ejidatario, quitándole a los Comisariados y a las Asambleas de los ejidos la función de anular los derechos agrarios a los campesinos? ¿Será posible que esa responsabilidad sólo la tengan los Tribunales de Justicia Agraria? En fin, preguntas hay mil.

Ojalá que en estos seis años que comienzan, algo se avance para que se elimine la tutelaridad entendida como control político, para que se convierta en tutelaridad como política de fomento y que los campesinos puedan decidir sobre sus contratos y actividades, sin que tengan que recurrir a la autorización; que puedan contratar créditos con base en resultados, garantizándolos con el usufructo de la cosecha. En fin, que los campesinos puedan determinar por sí mismos sus formas de explotación y aprovechamiento de la tierra; que la autoridad sólo vigile, no intervenga, y en caso de necesidad denuncie la injusticia ante la Procuraduría Agraria, y esta proceda en consecuencia.

¿Será posible todo ello? De ser así, Enrique Peña Nieto pasaría a la historia como el primer presidente después de la Revolución, que le haya hecho justicia al sector agrario y a los miles de campiranos y sus familias que, siendo también mexicanos, hasta ahora han vivido en el olvido sometidos a los caprichos de las mafias gremiales, de los líderes campesinos, de los partidos políticos, de los intermediarios deshonestos, de los alcaldes rateros, de los ladinos, y de otros muchos que forman parte del sistema y que han sido vividores del campo.

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