¿Fue atentado o accidente?

PAULINO CÁRDENAS

Resulta importante que el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, haya dicho e insistido que se informará con “transparencia” de los resultados de la investigación y sus causas, sean cuales sean y que el gobierno de México “está dispuesto a encontrar la verdad, sea un accidente, imprudencia o atentado”. Ahora es necesario que esas declaraciones a la brevedad posible se conviertan en realidad, y se diga qué pasó, antes de que The New York Times o The Washington Post les gane la partida. Una señal preocupante fue que el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, haya dado una conferencia de prensa el mismo jueves por la noche en la ‘zona cero’ de la tragedia, rodedado por el gabinete de seguridad nacional en pleno. ¿Fue un mensaje subliminal de aceptación –instintiva o deliberada– de que el hecho fue premeditado?

El aspecto en los rostros de los funcionarios denotaba algo más que la preocupación de llevar a cabo las tareas de rescate y la atención a las víctimas; tal vez porque el siguiente paso era evitar que los rumores se multiplicaran. Por ello pidieron prudencia a los medios, y tiempo a todos, mientras peritos mexicanos y extranjeros se avocaban a las labores de recopilación de evidencias para estalecer las causas del estallido. ¿O quizá ese ‘time’ se habría pedido para establecer la estrategia mediática de cómo explicar que la explosión del jueves en el edificio B2 de la Torre Ejecutiva de Pemex no fue un accidente? Ese acontecimiento puso a prueba el temple del presidente Peña y su gabinete de seguridad nacional, quienes con la mirada a veces perdida de algunos de ellos, hablaba de la magnitude de la tragedia.

Tranquilizaba un poco el ánimo de los expertos que ningún grupo hostil había reivindicado el estallido. Pero del jueves para acá las preguntas han continuado siendo las mismas: ¿Qué provocó la magnitud del sorpresivo evento, los dramáticos destrozos que ocasionó, el número de víctimas mortales que cobró y la cantidad de heridos que dejó? Eso es lo que propios y extraños esperan saber cuanto antes. Aunque pocos creen que haya sido un accidente, lo bueno es que las autoridades han anunciado que ninguna línea de investigación sobre las causas de la misteriosa explosión ha sido descartada. La labor de los peritos continúa. Pero el ‘time’ para el gobierno se empieza a agotar.

Se ha sabido que en donde ocurrió la explosión no hay calderas; que parte de la zona de desastre era de archivo muerto de oficinas administrativas donde estaban las historias de demandas laborales, contratos y documentos diversos almacenados en el sótano; en otra parte laboraba parte del personal sindicalizado de Recursos Humanos y especialistas de una empresa contratista encargados de revisar pilotes del edificio. Afuera, en los relojes checadores, había empleados marcando su salida. La hipótesis de que fue un estallido provocado por acumulamiento de gas no se sostiene porque no hay rastros de fuego, según lo expresó el propio procurador Murillo Karam.

Lo cierto es que Peña Nieto y el gabinete de seguridad nacional están obligados, de cara a la nación, a esclarecer pronto y a fondo lo que sucedió el pasado jueves en el edificio B2 de la Torre Ejecutiva de Pemex. Si fue accidente por negligencia, un atentado terrorista o un sabotaje, debe decirse tal cual fueron las cosas, para tranquilidad de la nación y por la propia salud del gobierno que comienza. No basta con hacer declaraciones de que no cunda el pánico e insistiéndole a los medios y a los mexicanos que no especulen ni hagan hipótesis sobre ese misterioso estallido, y que se calmen los ánimos y se le dé tiempo al gobierno. El periodo de gracia no puede prolongarse; debe haber respuestas claras y lógicas que no tarden, por parte del gobierno federal, del cómo y el por qué.

Murillo Karam dijo que “queremos hacer de ésta una investigación totalmente transparente”, e invitó a que el Congreso de la Unión envíe observadores para que atestigüen paso por paso los trabajos de la autoridad. Quiere decir que hay disposición y voluntad política para llegar a la verdad. Ojalá y no vayan a salir con que tardará un año en saberse los resultados del peritaje como sucedió con el avionazo donde fallecieron Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos o que le echen la culpa a alguien que ya esté muerto, ya que supuestamente una empresa externa realizaba trabajos de mantenimiento en los pilotes del edificio. La explosión que provocó el colapso en el edificio B 2 de la Torre de Pemex, debe ser explicada satisfactoriamente, para que las hipótesis más descabelladas no se fortalezcan.

Ante ese hecho el miedo colectivo es una realidad. La condición humana actúa de diferente modo a como quisiera el gobierno. Si no se le explica, suele inventar, imaginar, provocar con sus especulaciones, llenar vacíos de información. Por lo pronto la ciudadanía en su mayoría acata el plazo que le ha solicitado el gobierno federal, y por otro éste no quiere dejar nada a la imaginación. Enhorabuena. Solo que el tiempo se agota. No solo en la familia petrolera hay pánico, sicosis, muchas dudas y un sinfin de preguntas; los mexicanos de todo el país también esperan que sea esclarecido ese dramático acontecimiento, que ha puesto contra la pared al gobierno, cuya credibilidad está en juego.

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