No quieren Policía Única

PAULINO CÁRDENAS

La semana pasada, en la reunión de gobernadores celebrada en Chihuahua, el presidente Peña Nieto designó a doce enlaces de la administración federal que fungirán como interlocutores del gobierno de la República con los estados para, aparte de atender su propio changarro, ‘couchear’ a los gobernadores en mil y una tareas. Será el rubro de la inseguridad en donde se reflejará de inmediato si no acabará siendo uno más de los ensayos fallidos con los que los mandatarios inician su gestión. Recién iniciada su administración, en febrero de 2001, Vicente Fox integró a un grupo de empresarios en el Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos con el cargo de “consejeros propietarios representantes del Estado”, quienes no tardaron en renunciar ante las presiones de distintos sectores sociales y políticos del país, por querer inventar el agua tibia. ¿Pasará lo mismo con los doce ‘padrinos’ de la Conago?

Entre otros puntos, en esa reunión se aprobó la creación formal de una Policía Única con un mando nacional, que está en proceso de ser aprobado por el Senado y cuya responsabilidad recaería en Manuel Mondragón y Kalb. Pero mientras el nombramiento queda formalmente aprobado, quienes en primera instancia no quieren que haya una Policía Única en cada estado de la República son los capos de los cárteles de la droga y de las mafias del crimen organizado. Prueba de ello fue el tiroteo que se dio hace unos días en Morelos, en donde se acababa de instaurar ese nuevo modelo, por lo que se habría dado el encuentro a tiros entre policías federales y agentes que custodiaban al procurador de este estado. Con ello queda claro que otro problema que sigue privando es la descoordinación y rivalidades entre las corporaciones y sus mandos, no solo en ese entidad federativa sino en muchas otras.

En Cuernavaca, en el lugar donde se registró el ataque contra el procurador estatal y sus escoltas, al gobernador Graco Ramírez le dejaron un mensaje, junto con una corona de flores, según reportaron fuentes policiacas. “Señor Gobernador, esto no fue un accidente, sabemos que los acreditables y estatales trabajan para Antonio Román Miranda, alias La Moña y Los Rojos”, se leía en el texto escrito en una cartulina, según el reporte. Para acabarla, el gobernador afirmó que el ataque a balazos contra la camioneta en la que viajaba el procurador general de Justicia de la entidad, Rodrigo Dorantes, ‘es una conspiración desde adentro’. La lectura de esa declaración es que la policía trabaja en complicidad con la delincuencia organizada. Signo innegable de los tiempos que vive México.

Otro ejemplo fue el caso de Luis Enrique Granillo Martínez, dirigente del Frente Popular y Campesino Francisco Villa, quien horas después de haber anunciado que se estaban creando varias policías comunitarias en el sur del estado de México para defenderse por propia mano de la delincuencia organizada, y que los pobladores de 37 lugares ubicados en el Edomex, en Guerrero y Michoacán en la zona de Tierra Caliente, pretendían integrar un gobierno autónomo que llevaría por nombre “Calentano”, fue ‘levantado’ hace dos semanas por un comando armado en la comunidad de Santiago Amatepec, junto con cinco personas más, sin que haya aparecido hasta ahora.

Uno de los casos que más ha conmovido a Michoacán y a México fue el del crimen cometido contra el joven Alan Milán, de apenas 15 años de edad, campeón de la Olimpiada Nacional de Atletismo, quien fue abatido a balazos en la unidad habitacional Carmelinas del Infonavit de Morelia, al intentar defender a su madre de unos asaltantes que le querían robar su coche; sus vecinos valoran seguir el ejemplo de organizar brigadas de autodefensa, por muy incostitucional que eso sea, porque más inconstitucional, dicen, es la impunidad con la que actúan los delincuentes, sin que la policía ni las autoridades hagan algo.

Por lo pronto el meollo está en el cambio de estrategia anticrimen. La disyuntiva está en si ésta se opera bajo la mística de una actitud conciliadora o si resulta más funcional abogar por una vía de endurecimiento y rigor autoritario. Poner en marcha el nuevo modelo de ua Policía Única por estado, bajo un solo Mando Nacional, es un proceso complejo y tardado que tiene –y tendrá– como principal obstáculo, el propio desorden que dejó la administración policial calderonista con Genaro García Luna a la cabeza, quien procuró la brutal descoordinación que prevaleció entre la Secretaría de Seguridad Pública federal a su cargo de la que dependía la Policía Federal, y los mandos del Ejército y de la Marina.

No es garantía que las fuerzas castrenses estén haciéndole de policías antinarcóticos y anticrimen, poniendo en riesgo muchas vidas inocentes, a quienes los uniformados, e incluso sus mandos, suelen violar, mancillar, torturar o matarlos a ellos o a sus familias, cuando no les atropellan sus derechos más elementales sin que haya justicia ni castigos para los infractores, quedando muchos casos en la impunidad como sucedió a lo largo del sexenio anterior. Hasta la fecha, entre las corporaciones priva la rivalidad y la descoordinación, además de la colusión de las policías con el crimen organizado que se ha generalizado en todo el país. Ante ese panorama, ¿funcionará de veras la Policía Única bajo un solo mando nacional? Por lo pronto, los mexicanos siguen sintiendo su vida amenazada por la violencia y la inseguridad.

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