Reforma de ley telecom

PAULINO CÁRDENAS 

La famosa ley telecom se ha tornado en una encarnizada lucha de intereses a la que le falta todavía mucho camino por andar. En la Cámara de Diputados, los reclamos de quienes vieron frustrados su intento de que fueran debatidas los puntos en reserva de dicha ley sin lograrlo, contra aquellos que hicieron bloque para aprobar los puntos que benefician a ‘la clase más favorecida del país’, fueron duros y quedaron resumidos en una frase lapidaria: la supuesta reforma fue ‘una tomadura de pelo’. Las reservas al dictamen presentadas por integrantes de las bancadas de PRD, Movimiento Ciudadano y PT fueron desechadas sin siquiera haber sido debatidas. Para el dos veces ex candidato presidencial de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, su aprobación no garantiza que dará voz a todos los opositores y dijo que lo que se aprobó fue otra ‘ley Televisa’.

En tanto, el presidente Enrique Peña Nieto celebró la aprobación de la mencionada reforma en la Cámara de Diputados. “Es una excelente noticia para el país”, escribió en su cuenta de Twitter. La propuesta de modificación a los artículos sexto y vigésimo octavo de la Constitución para dar acceso a los pueblos y comunidades indígenas a concesiones de radio y televisión con objeto de fomentar el respeto, el pluriculturalismo y la multietnicidad en el país, fue obstaculizada en la mayoría del pleno cameral en San Lázaro, compuesta por el PRI, PAN, PVEM y Nueva Alianza.

La negativa para que ese sector de la población cuente con un servicio de radiodifusión local, fue porque el mencionado bloque de partidos políticos consideró que esos instrumentos de comunicación ‘podrían ser fuente de subversión o rebeldía’. A los diputados de esos partidos les preocupó más esto que propiciar una auténtica apertura democrática y defender un derecho en vez de conculcarlo. Es obvio que trabajan para ‘la clase más favorecida del país’. Un sector del PRD y de la bancada de Movimiento Ciudadano habían propuesto que las comunidades y pueblos indígenas tuvieran la opción de proponer ante el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel), el otorgamiento de concesiones en materia de radiodifusión y telecomunicaciones. Con ello, la democratización de los medios quedó cancelada de facto.

El diputado por Movimiento Ciudadano, Alfonso Durazo Montaño, se quejó que la influencia de los principales intereses –de Carlos Slim Helú y de Emilio Azcárraga Jean– se haya impuesto sobre los legisladores que hicieron bloque, cada uno para defender sus propios intereses, “y eso es una pena para nosotros como diputados y una decepción para los mexicanos”. Calificó al Congreso de “irresponsable y agachón”. Y preguntó: ¿Cómo sustentar que es un Congreso responsable si en unas cuantas horas pretendemos dejar la Constitución como colcha navideña: llena de parches, sin debatir?

Por su parte Francisco Hernández Juárez, presidente colegiado de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), salió a defender a su patrón. Consideró que la ley telecom aprobada en la Cámara de Diputados, tiene “dedicatoria” en contra de Teléfonos de México. El también dirigente del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana indicó que aunque era necesaria una reforma en el sector, la aprobada en San Lázaro no es la mejor. Confió en que en el Senado puedan ser recibidos los trabajadores para aprobar esta ley, y criticó el hecho de que en la Cámara de Diputados no se haya incluido un artículo transitorio en el citado ordenamiento para resguardar los derechos de los trabajadores del sector.

Otra que pocos saben para quien trabaja fue la diputada Purificación Carpinteyro, del PRD; sus propios compañeros de bancada la acusaron de haber promovido el linchamiento contra quienes plantearon cambios de redacción. Al parecer su papel fue el de reventar cualquier acuerdo perredista. Diputados del sol azteca a través de sus diferentes corrientes habían promovido observaciones al dictamen, que no fueron tomadas en cuenta. A la diputada sus propios compañeros la tacharon de nefasta, ya que la final se sumó a las votaciones que en bloque hicieron priístas, panistas, pevemistas y aliancistas para que quedara aprobada la reforma en los general y en lo particular. Las posibilidades de que la población obtenga información plural sobre la realidad del país fue un tema que quedó al garete, por darle prioridad a las discusiones para reglamentar cuestiones de mercado y competencia.

Para algunos pues, la reforma de la ley telecom no se trata tanto de compartir el propósito de ampliar los derechos de los mexicanos, sino de velar mas bien por sus intereses muy particulares. Eso quedó visto la semana pasada. De ahí que la supuesta reforma para algunos fue ‘una tomadura de pelo’. Por lo pronto César Camacho, dirigente del PRI, mandó decirle a los legisladores del Senado que le apuren a aprobar la reforma de ley telecom. Pero el presidente de esa instancia legislativa, el panista Ernesto Cordero, declaró que los senadores no llevan ninguna prisa. El caso es que para algunos apenas pasó de panzazo la nueva ley de telecomunicaciones. A nadie se le dio gusto, aunque para todos hubo. Hubo indignados y satisfechos. Ahora habrá que ver lo que sigue. A ver si  el Senado no resulta también ‘agachón e irresponsable’, como dijo el diputado Durazo Montaño de la Cámara baja.

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