El Tejedor de Milagros

PAULINO CÁRDENAS

Reto o aventura, como se quiera llamar, el hecho es que el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, está dispuesto a hacer milagros si es necesario para realinear la deuda pública, el gasto corriente y el déficit de las finanzas públicas que le heredó el gobierno panista a la actual administración, por la necedad presidencial del ex mandatario panista de su guerra contra el narco que fue su prioridad y que terminó con una historia negra en cuanto a hechos de sangre y víctimas con un saldo de miles de muertos y desaparecidos. El actual gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto no debe repetir el esquema de su antecesor, de alocados gastos de los dineros públicos que volvieron a llevar al país a un endeudamiento desquiciante como en la época de oro priísta, despilfarrando en los seis anteriores años la renta petrolera, no obstante que los ingresos por la venta del crudo al exterior acabaron batiendo todos los récords históricos en la pasada administración.

Todo ello pese a que Felipe Calderón había heredado de Vicente Fox una hacienda pública bastante estable que sus antecesores priístas habían dejado muy endeble. Quienes saben del tema aseguran que mucho del futuro de México está hoy por hoy en manos del hombre fuerte de las finanzas y el dinero del gabinete peñista. Se dice que las reformas estructurales, fiscal y energética, son paternidad del doctor en economía, título que obtuvo de la prestigiosa Ivy Leage, en Boston, hoy flamante secretario de Hacienda y Crédito Público de México. Cuando terminaba el sexenio salinista y Pedro Aspe entregaba a Jaime Serra la Secretaría de Hacienda –escribe Alberto Aguirre en una semblanza curricular de Videgaray–, uno de los maestros más respetados del Tecnológico de Massachussets, Jim Poterba, llamó al joven economista para ofrecerle una plaza. Y es que Videgaray Caso tenía un gran tema para su tesis: quería estudiar la compleja relación entre la política fiscal y la renta petrolera.

Poterba y Rudiger Dornbusch –un distinguido economista alemán que poseía gran talento para extraer la esencia de un problema y hacerlo comprensible en términos sencillos y que apadrinó las reformas neoliberales aplicadas en América Latina a mediados de la década de los noventa–, fueron los sinodales de su investigación, que tardó cuatro años en completar. El trabajo académico de Videgaray recorre algunas de las teorías en boga de aquellos años, como la hipótesis del Leviatán, de Geoffrey Brennan y James Buchanan; alude al “efecto de la voracidad”, de Aaron Tornell y Philip Lane, y aplica el modelo estadístico Hamilton Markov, para analizar una serie de tiempo que abarca 127 años para determinar el impacto de las fluctuaciones de los precios de los hidrocarburos en las finanzas públicas de los estados dependientes –fiscalmente hablando– de la renta petrolera.

Trascendió que en su periodo como presidente electo, Peña Nieto habría sido convencido por Videgaray para, en materia económica, fundamental para el impulso que el hoy mandatario pretendía darle al país, ir primero por las reformas estructurales y de éstas, darle prioridad a la reforma de política fiscal y los componentes hacendarios, y no a la reforma política como insistían otros del grupo cercano del presidente electo. Era condición si la idea era abrir Petróleos Mexicanos a la inversión privada preservando para el Estado la propiedad del crudo que subyace en el subsuelo y mares mexicanos como se prometió en campaña, abriéndose al capital privado mucho más de como ha estado desde hace años. Se dice que cuando la otra corriente insistió en que primero fuera la reforma política, alguien del círculo cercano alzó la voz para decir: “Nadie mejor que Luis para encabezar ese esfuerzo, dado su conocimiento del tema. Revisen su tesis”. Y se acabó la discusión.

Se acordó de hecho que entre Hacienda y Energía, Videgaray sería el encargado de dictar la política econconómica del próximo gobierno. Hoy eso es un hecho. Es hora de comprobar sus postulados teóricos y, sobre todo, de concretar las dos apuestas sexenales: construir una reforma hacendaria de gran calado y permitir la participación de los inversionistas privados en Petróleos Mexicanos como lo refiere Aguirre. Además del control del gasto gubernamental y la fiscalización de los servidores públicos, Videgaray Caso está a cargo de construir las principales estrategias del gobierno peñista para atender las necesidades más apremiantes de la población. De ahí nace la Campaña Nacional contra el Hambre a través de Desarrollo e Integración Social, y en un ejercicio similar de para realinear y dar certeza a la tenencia de la tierra con Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.

Incluso llamó mucho la atención que Videgaray haya asistido el pasado 25 de marzo a la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico), donde se votó en favor de reducir el objetivo para la tasa de interés interbancaria a un día de 4.5 a 4 por ciento. Aunque la ley permite la asistencia del Secretario de Hacienda así como de los subsecretarios, quienes tienen voz, pero no voto, el asunto llamó la atención por la influencia que puede ejercer el hombre fuerte de la economía y las finanzas de México en las decisiones de una instancia supuestamente autónoma. Pero al final de cuentas, la política fiscal, los componentes  hacendarios y lo energético, son las prioridades. El gran reto es volver negros los números rojos que heredó el gobierno de Peña Nieto de su antecesor. Y en eso anda Videgaray, el Tejedor de Milagros.

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