¿Hubo pacto con cárteles?

PAULINO CÁRDENAS

Algunos miembros de los equipos de seguridad nacional en Washington piensan que el gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto quizá haya logrado una tregua extraoficial con los prinicpales líderes de los cárteles de la droga y del crimen organizado que operan en México. De otra manera no se explican cómo es que, en apariencia, hayan disminuido casi de la noche a la mañana las actividades delincuenciales en algunos rubros del crimen organizado, según el primer informe oficial del gobierno que se dio a conocer hace unas semanas sobre esa lucha, donde se dijo que en algunas de esas actividades las cifras disminuyeron, aunque durante ese informe se advirtió que las cifras podrían variar hacia arriba o hacia abajo en próximos conteos. Los datos duros respecto al crimen organizado los dio a conocer la Secretaría de Gobernación.

La duda quedó establecida en el amplio reportaje de investigación que publicó de The Washington Post el pasado domingo bajo la firma de Dana Priest del que hicimos mención ayer, sobre la nueva estrategia del gobierno mexicano en su lucha anticrimen, la cual tiene descontrolados a los mandos del Departamento de Estado norteamericano, porque le quita la prerrogativa de que sigan operando en territorio mexicano agentes de investigación antinarcóticos y antiterrorismo del vecino país, como lo venían haciendo con el gobierno de Felipe Calderón. Funcionarios estadounidenses creen que el cambio de estrategia del gobierno de Peña Nieto contra los cárteles, podría quitarle injerencia y poder de penetración al gobierno de Washington en asuntos que de siempre debieron ser resueltos internamente por México.

Ante la modificación de estrategia del gobierno mexicano que optó por cambiar la prioridad del arresto y combate directo de capos para enfatizar la prevención de la violencia y dar mayor seguridad pública, “a cambio de calles más tranquilas”, algunos funcionarios estadunidenses “temen que se establezca una tregua extraoficial con líderes de cárteles” dijeron a la reportera, lo que es una provocadora expresión en busca de una respuesta para saber si pudo haber un arreglo o esté en vías de acordarse una especie de pacto para lograr una tregua entre las mafias y el gobierno de Peña Nieto, como Anabel Hernández documentó en su libro ‘Los Señores del Narco’ que había intentado hacerlo el gobierno de Felipe Calderón al inicio de su administración, en una encomienda que le habría dado a Juan Camilo Mouriño, y que por motivos que no han quedado del todo claros, no se logró.

Ahora, funcionarios allegados al Departamento de Estado y al de Seguridad Interna, quisieron comentárselo a la reportera del Washington Post, quizá en busca de una respuesta del gobierno mexicano que dé pie a explicaciones del por qué el cambio que excluye la presencia en territorio mexicano de agentes armados de corporaciones como la CIA, la DEA o el FBI, que venían actuando prácticamente a sus anchas durante el sexenio anterior. Plan con maña. Lo cierto es que ha extrañado a los hombres de seguridad del Presidente norteamericano, que Peña Nieto no le haya pedido ayuda al gobierno de Washington para combatir a las mafias, como sí sucedió con Calderón desde el principio de su gobierno, quien no solo le pidió asistencia a través de la Iniciativa Mérida, sino que incluso autorizó el paso al espacio mexicano de aviones no tripulados, dizque para vigilar las actividades de los capos.

Eso tiene desconcertado al gobierno de Obama, en especial a los mandos de su seguridad nacional. Consideran que ponerle coto a las incursiones de agentes norteamericanos en territorio mexicano le quita poder de mando a las agencias norteamericanas en el complejo tema de la lucha anticrimen, en donde el actual gobierno de México no quiere que eso vuelva a suceder. En medio de todo ello está el escandaloso caso aún inconcluso de Rápido y Furioso de tráfico ilegal de armas de Estados Unidos a México, dizque para seguirle la pista a las mafias que las adquirían del lado norteamericano y saber en dónde estaban sus guaridas, solo que los sicarios de los capos resultaron más vivos que los agentes con todos y su sofisticada tecnología de punta, quedándose las bandas criminales con mucho armamento sin dejar huella.

Otro ingrediente fue la serie de corruptelas que fueron quedando al descubierto por parte de mandos policiales y militares que acabaron siendo cómplices de las mafias criminales en la administración pasada, por lo que Peña Nieto y su equipo de seguridad optó por concentrar en un solo mando –la Secretaría de Gobernación– toda la información de inteligencia proveniente de los agentes que operaban en México, que en un momento dado, a finales del sexenio, acabaron dándole a la Marina Armada de México la prerrogativa de tips confidenciales para ir tras los criminales, cuando las filtraciones, las traiciones, la descoordinación y la corrupción entre los capos y algunos mandos de las Fuerzas Armadas y la Secretaría de Seguridad Pública federal ya eran insoportables. Justo eso fue lo que quiso abolir de entrada el mandatario priísta y sus encargados de la seguridad, desde que se convirtió en Presidente electo.

Así pues, a unas horas de que celebre la reunión entre el presidente Barack Obama y su homólogo mexicano el jueves y viernes en México, hay preocupación sobre el tema de ayuda norteamericana a través de la Iniciativa Mérida que sin duda sufrirá cambios sustanciales, independientemente de otros rubros que contendrá la agenda bilateral. Habrá que esperar qué reacción tiene el gobierno de Washington con esa decisión unilateral mexicana que parece inamovible en la lucha contra el crimen organizado, después del encuentro de esta semana.

Twitter:@Paulinocomenta

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