Explosiones: Cero información

PAULINO CÁRDENAS 

Es posible que ya nada se sepa de la explosión sucedida en las instalaciones del edificio B2 de Pemex el jueves 31 de enero de este año en donde murieron 37 personas y muchas otras quedaron inválidas. Tampoco sobre el fuerte estallido que se registró el 18 de septiembre de 2012 en el Centro Receptor de Gas y Condensados de Burgos que dejó 26 muertos, casi medio centenar de heridos algunos con quemaduras graves, y más de una decena de desaparecidos. La información de esta última habría quedado como “reservada y confidencial” por disposición de las autoridades federales y el expediente se abriría hasta el año 2025. En tanto la información del estallido del edficio corporativo de la Torre de Pemex está en vías de quedar clasificada también como secreta y reservada.

La versión de que las causas que originaron la explosión en la torre administrativa de Pemex fue por una acumulación de gas, nunca quedó plenamente demostrado; se le dieron largas al asunto nada más. Y ni se diga del estallido que se registró en el Centro Receptor de Gas y Condensados de Burgos del que no se supo nada, aunque semanas después mucha gente vio la magnitud del estallido por un video que alguien filtró y subió a las redes sociales. En ambos casos la versión oficial fue que habían sido ‘accidentes’. Ahora se resguarda la información por años, apostándole al olvido. Resulta obvio que cuando un gobierno decide esconder bajo siete llaves la verdad de un evento que ha puesto en riesgo la seguridad nacional, es porque algo grave oculta. Por ello queda en las categorías de secreto y reservado.

Quizá la CIA, que solía alertar en el sexenio pasado a la Marina de México para actuar contra los líderes de algunas células de crimen organizado en nuestro territorio, o la DEA, sepan mejor que nuestros ilustres servicos de inteligencia, sobre la verdad que esconden esos trágicos eventos contra instalaciones de Petróleos Mexicanos, que en el sexenio de Felipe Calderón, e incluso en el de Vicente Fox, no fueron pocos, aunque todos quedaron protegidos bajo el mismo argumento oficial de que ‘fueron accidentes’ apostándole al olvido. Sin embargo, la versión de que pudieron ser atentados las referidas explosiones, algunos no lo descartan. Señalan que Al Qaeda y Hezbolá, las dos más temidas organizaciones terroristas islámicas, se la tienen sentenciada a Estados Unidos y a sus aliados. Y México es un socio ‘estratégico’ y aliado de la Unión Americana.

También hay que recordar que la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, no ha quitado el dedo del renglón al sospechar que uno de los cárteles mexicanos más astutos y sanguinarios como es el de Los Zetas, pudiera estar coludido desde hace tiempo con alguna de las células islámicas extremistas que buscan venganza contra Estados Unidos, desde que un comando de elite norteamericano acabó con la vida de Osama Bin Laden. La DEA acaba de informar que líderes de cárteles mexicanos viven y operan en EU y que Los Zetas se nutren de pandilleros gringos para reforzar sus filas de sicarios. Incluso de publicó este fin de semana que las FARC, la guerrilla colombiana, tiene ligas con este cártel mexicano.

Al día siguiente de las explosiones terroristas sucedido en Boston, viajaron a Washington los encargados de la seguridad interna de México, encabezados por el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien sostuvo una serie de reuniones con funcionarios estadounidenses, entre ellos Janet Napolitano y otros mandos de seguridad nacional del vecino país del norte. Porque la seguridad interna para Washington hoy por hoy es prioridad. El joven de origen chechenio relacionado con los atentados de la Maratón de Boston que sobrevivió en el enfrentamiento con la policía, dijo que también habían planeado realizarlos en Times Square de Nueva York. Y a una semana de que se registraran las dos explosiones en la Maratón de Boston, la policía de Canadá dio a conocer que frustró un atentado terrorista “apoyado por Al Qaeda”, contra trenes de pasajeros de una línea que viaja de Toronto a Nueva York.

Solo hay que recordar que en septiembre del año pasado detuvieron en Mérida a un presunto integrante de la organización terrorista islámica Hezbolá, el ciudadano estadounidense Rafic Mohammad Labboun Allaboun, quien, de acuerdo con investigaciones de agencias de inteligencia de EU, forma parte de una supuesta célula de ese grupo islamista que opera en Centroamérica y Yucatán. Junto con el presunto líder terrorista fueron aprehendidos dos ciudadanos beliceños, George Abdalah Elders y Justin Yasser Safa. Poco trascendió de esas aprehensiones. Por lo pronto llama la atención que la información sobre la explosión del Centro Receptor de Gas y Condensados de Burgos haya quedado clasificada como ‘reservada y confidencial’ y que esté en vías de suceder lo mismo con la del edificio B2 de la torre ejecutiva de Pemex.

Lo que llamó la atención de la primera conferencia de prensa que dio el titular de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, la noche del trágico suceso que se registró en el edificio B2, fue que estuvo acompañado del gabinete de seguridad nacional en pleno, incluidos los titulares de las Fuerzas Armadas. Fue señal de que algo grave había sucedido. Luego cambió la estrategia y al paso de las semanas y meses fue tratando de minimizarse el impacto, apostándole al olvido. Hoy está a punto de que la información sobre la explosión  sucedido el pasado 31 de enero quede igual que la del Centro Receptor de Gas y Condensados de Burgos, resguardada como ‘reservada y confidencial’. Por lo pronto muchas preguntas surgen. ¿Qué razones obligaron a determinarlo así? ¿Qué oscuros secretos hay detrás de esas dos explosiones? Tal vez los mexicanos se enteren algún día sobre la verdad de esos hechos, a través de algún influyente diario norteamericano.

Twitter:@Paulinocomenta

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