Los veneros del diablo

PAULINO CÁRDENAS

El presidente Enrique Peña Nieto, igual que hacían sus antecesores panistas, fue a decir al extranjero lo que en México no había dicho con tal precisión ni claridad. En su gira a la Gran Bretaña, en Londres dijo, palabras más palabras menos, que la reforma energética pronto constituirá un hito histórico que vendrá a revolucionar todo lo que hasta ahora se ha dicho sobre el recurso más importante del país y lo que se ha hecho con sus cuantiosas ganancias, señalando que habrá cabida y certeza para el capital extranjero que quiera invertir en esa industria, al tiempo que quedarán satisfechas, expresó, las inquietudes de los nacionalistas mexicanos que han clamado siempre que el petróleo es nuestro y que promueven el ‘no’ a la privatización de Pemex.

Llevando como asesor principal en la materia al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, el mandatario mexicano se dispuso de una vez por todas  a pregonar fuera de México, que su gobierno busca romper con las ataduras que han mantenido a raya las posibilidades de que haya inversión privada en nuestra industria petrolera, sobre todo extranjera, lo cual podría permitirse si se aprueba la reforma energética que enviará próximamente al Congreso de la Unión, que para muchos observadores implicará necesariamente un cambio radical al artículo 27 constitucional, en tanto que otros consideran que podría bastar con adecuar las leyes complementarias en la materia.

El hecho es que muchos de los recursos que ha dado la paraestatal al país a lo largo de tres cuartos de siglo, han sido primordialmente para el gasto corriente del gobierno de cada sexenio y muy poco o nada para apuntalar a la primera industria de la nación. Como empresa se le ha exprimido toda la savia que debería tener a México colocado entre las naciones económicamente más poderosas del mundo. Pero no. La razón es que mucho de los multimillonarios recursos en dólares que se obtienen cada año de la renta petrolera, han sido despilfarrado por gobiernos federales, estatales y hasta municipales. Es bien sabido que con parte de esos cuantiosos recursos, se mantienen los privilegios de la clase política.

Paralelo a la reforma energética iría de la mano la reforma hacendaria con énfasis principal en el rubro tributario, buscando darle una vuelta de 180 grados a la recaudación de impuestos para hacerlo más justo y que pueda venir a sustituir parte de lo que se le quita a Petróleos Mexicanos cada año, algo así como el 40 por ciento de sus ingresos por la venta en dólares de hidrocarburos en el mercado internacional. El hacendario también será tema de muchas discusiones no solo en el Congreso sino en las calles, ya que los liderzuelos de la seudo izquierda querrán llevar agua a su molino para ir en contra, tanto de la reforma petrolera como de la reforma fiscal.

Para tales fines de cambios constitucionales el presidente Peña Nieto quiso dejar asentado en dos importantes medios de reconocida influencia –The Wall Street Journal y  Financial Times– con sendos mensajes, lo que como mandatario desea para una y otra reforma, usando incluso terminajos raros como cuando se refirió a la intención de impulsar la generación energética, la cual sería, dijo, una reforma “transformacional”. Lo que tal vez quiso decir fue que de ser una empresa proveedora de impuestos, pasaría a ser una industria competitiva con márgenes de ganancia para todos, incluidos los nacionalistas mexicanos. Lo mismo dijo a Bloomberg, el influyente diario online especializado en finanzas y economía.

Se da por hecho que después de esos anuncios claros y sin ningún dejo de dudas sobre hacia dónde caminará Peña Nieto en materia energética y tributaria ante el Congreso de la Unión, el ambiente político dentro del país se irá calentando cada vez más. Más aún porque el mandatario priísta se atrevió en su gira a decir que al menos el tema de reforma energética ya había sido consensuado en el Pacto por México, lo que el dirigente del PRD, Jesús Zambrano, desmintió de inmediato. Y en el Congreso humo malestar también, porque, en estricto rigor, con los que debe buscar consensos el Ejecutivo es con los senadores y diputados que integran las diferentes corrientes políticas en el Legislativo.

Como sea, como lo señaló el poeta Ramón López Velarde para la posteridad en su inmortal ‘Suave Patria’, el petróleo que se halla en las entrañas del subsuelo y mar adentro de aguas mexicanas, que el vate zacatecano bautizó como ‘los veneros del diablo’, es un producto muy codiciado por las naciones industrializadas, que durante décadas ha aportado al país cantidades inmensas de dinero y que ha sido la caja chica del gobierno, sin que esa industria reciba lo mínimo correspondiente para seguir siendo la ‘gallina de los huevos de oro’ de México.

Como quiera, el presidente Peña Nieto abre una etapa que tendrá dos caminos irreversibles: o esa audaz medida une a todos los mexicanos porque en teoría pondría a México en los cuernos de la luna,  o acabará dividiéndolos más. Su capital político lo pondrá en juego este mismo año. El mandatario priísta confía que al final ganará la apuesta. Habrá que ver.

paulinocardenas.wordpress.com

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