Retención del gasto público

PAULINO CÁRDENAS

La retención del gasto público ha afectado a las empresas proveedoras del gobierno federal y las razones que da la admnistración de que la demora en la aplicación del presupuesto tiene que ver con que éste fue aprobado en diciembre por el cambio de administración federal, lo que retrasó la elaboración de las reglas de operación, son poco convincentes. Más bien radican la tardanza en razones políticas. Primero porque el gobierno priísta espera los resultados de las elecciones que habrá en 14 estados de la República el próximo 7 de julio, y luego porque parece haber la idea de soltar las amarras hasta semanas antes de que comience la supercampaña que apuntalará el envío de las reformas energética y hacendaria por parte del Ejecutivo al Legislativo.

El retraso con que el gobierno federal ha ejercido en el primer año de la administración el gasto público autorizado por el Congreso, ya afectó la operación de por lo menos 30 mil empresas proveedoras de entidades gubernamentales, que han sufrido retrasos mayores a 60 días en el cobro de sus facturas. Los sectores industrial y empresarial son los más afectados. El gobierno se excusa diciendo que la tardanza obedeció a que el presupuesto de aprobó hasta diciembre, pero pocos creen que el problema sea de operación presupuestal o por escases de rercursos. Más bien esa tardanza deliberada se atribuye a razones políticas.

Como muchos sectores de la sociedad, las cúpulas de los sectores empresarial e industrial están sacadas de onda del por qué el nuevo gobierno peñanietista ha tardado tanto en soltar el presupuesto, lo que no sucedió con los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, ni con en el del neopriísta Ernesto Zedillo, quienes no jugaron con la retención del gasto público por tanto tiempo, lo que esta vez ha tenido prepcupados y mahumorados a prácticamente todos los sectores de la producción que viven de darle servicios al gobierno federal. Ellos, igual que millones de mexicanos están en espera de que la actual administración se ponga las pilas y dé paso a que fluya el gasto.

Las promesas de que con Peña Nieto se vendría a vigorizar la economía del país con planes innovadores para incentivar el desarrollo y la productividad, con miras a crear nuevos empleos mejor remunerados y paralelamente ir terminando con la creciente polarización entre ricos y pobres, hasta ahora se ha quedado en el discurso. Ciertamente lo prometido desde la campaña había despertado esperanzas entre los mexicanos, pero al paso de las semanas y los meses se ha visto que el aterrizaje de los planes del gobierno priísta ha resultado demasiado lento para llevar a la realidad sus propósitos.

Hay quienes creen que ese retraso deliberado obedece más bien a la idea de hacer engordar no un ‘cochinito’ sino un ‘cochinote’, cuyos fondos serían destinado a la intensa supercampaña que el gobierno estaría ya preparando para apoyar las reformas constitucionales, energética y hacendaria, que el Ejecutivo enviará al Congreso de la Unión, las cuales requerirán de una robusta y cara campaña de promoción a nivel nacional, la cual estaría tomando en cuenta todos los ángulos que sin duda serán motivo de críticas y cuestionamientos por parte de la oposición, para tener respuestas creíbles que sirvan de contrapeso para convencer a las mayorías de las bondades de esas propuestas que pronto irán al Legislativo.

Más que un problema de operación de recursos o de falta de ellos, se estima que la tardanza para soltar el presupuesto gubernamental tiene un propósito político, el cual podría estar usándose como ‘zanahoria’ para que los sectores que viven del presupuesto gubernamental ‘se convenzan’ de cerrar filas en torno al propósito presidencial de sus referidas iniciativas de reformas,  y apoyen lo que se acuerde en el Pacto por México antes que en el Legislativo –indebidamente–,  lo cual sería la razón y la finalidad por las cuales ha estado detenido el ejercicio del gasto público a las empresas proveedoras del gobierno federal. Sin embargo, en una de esas, esa tardanza podría acabar siendo un tiro que podría salirles por la culata.

Si bien el Pacto por México ha sido  la tarjeta de presentación de Peña Nieto para todo, incluso ante el G-8 de Londres en donde presumió que gracias a los acuerdos políticos entre el gobierno federal y los principales partidos mexicanos se ha concretado la construcción de las reformas que se necesitaban para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social de nuestro país, con la finalidad despertar el interés de los inverisonistas en nuestro país, entre otros rubros en el sector energético, hacia dentro esa presunción no tendrá sustento, en tanto no se vea de manera tangible un elemental crecimiento económico.

Si bien el presidente Peña es un convencido que la forma de promover a México es hablar de las virtudes que la nación posee en muchos ámbitos, también es cierto que hacia dentro no debe estra estancado el avance del que con tanto énfasis habla en sus giras al extranjero, como fue el caso de la Gran Bretaña. Si el buen juez por su casa empieza, es hora de que ordene soltar las armarras del gasto público para que no parezca lo que para muchos es: que detrás de esa retención del gasto hay una razón de carácter político, más que de operación presupuestal.

paulinocardenas.worpdress.com

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