Michoacán; segunda llamada

PAULINO CÁRDENAS

Aunque las autoridades han minimizado la información sobre diversos enfrentamientos que han sucedido a últimas fechas en varias latitudes del país, entre grupos de diversos cárteles de la droga y del crimen organizado, y elementos del Ejército, de la Marina, y de la Policía Federal, es un hecho que el avance de las organizaciones criminales sigue sin ser detenido por las fuerzas armadas. Un caso que evidencia lo anterior es Michoacán, entidad que por órdenes presidenciales irá siendo materialmente ocupada por instancias diversas de la administración federal, para ver si echándole montón al asunto se logra apaciguar un poco la violenta efervescencia y derramamiento de sangre que se ha desatado en varios municipios de ese estado.

Pero no es Michoacán solamente en donde la violencia y las matanzas cotinúan igual o peor de cómo se daban esos hechos en el sexenio pasado. Hay otros estados de la República en donde hay focos rojos por la misma circunstancia. Según dijo a comienzos del sexenio el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, operan en el país entre 60 y 80 cárteles ‘entre medianos y chicos’, a consecuencia del acoso armado del gobierno de Felipe Calderón, después que le declaró la guerra al narcotráfico, cuya estrategia se basó en querer destruir a las cabezas de los grupos delincuenciales, lo que provocó que se fragmentaran las organizaciones criminales generando que se multiplicaran los cárteles.

Aunque aparecen y desaparecen grupos o hay alianzas entre ellos, el poderío lo ostentan el cártel de Sinaloa, el de Los Zetas, seguidos de Los Caballeros Templarios, el cártel del Golfo y el de Jalisco Nueva Generación, que son los que constantemente se disputan territorio en diversas partes del país. Ante la imposibilidad real de multiplicar los esfuerzos del gobierno federal tal como se optó por hacerlo en el caso michoacano, en donde comenzará a desfilar por esa entidad un ejército de civiles de los tres niveles de gobierno, por órdenes del presidente Peña Nieto, no habría suficientes recursos ni humanos ni presupuestales para hacer lo mismo en otras entidades en donde los cárteles de la droga y del crimen organizado tienen agobiada, sometida, espantada y aterrada a la población.

El gran reto de la nueva administración es saber cómo mantener la violencia acotada; qué hacer para que no existan ejecuciones, secuestros, extorsiones, matanzas múltiples, ni derramamiento de sangre en las entidades en donde esos hechos siguen ocurriendo todos los días, como sucede en Guerrero, Tamaulipas, Sinaloa, Coahuila, Nayarit, Zacatecas, Nuevo León, San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Oaxaca, Tabasco, Campeche, Yucatán, estado de México, Chihuahua, Chiapas, y Quintana Roo. Tampoco quiere el gobierno federal enfrentamientos armados, ya que las tropas no están combatiendo ni sometiendo a nadie, cual es la queja reiterada de los grupos de autodefensa que por eso se han multiplicado en el país. La idea, peregrina para algunos, es sustituir la fuerza de las armas por inteligencia. Michoacán pretende ser el segundo ensayo de rescate, después del fracasado intento del ex presidente panista oriundo de ese estado. Este es el segundo intento; diríase la segunda llamada.

Nada fácil, si se quiere desentender el origen del conflicto, ya que el problema no es solo de ingobernabilidad que de suyo existe en esa entidad y en otras como Guerrero, sino de aceptar que mucho de lo que hace cotidiana la tragedia y las matanzas del narcocrimen, es la colusión entre las mafias y las autoridades que dan lugar al preocupante ambiente de violencia y hechos de sangre exacerbados que se ven todos los días en muchos poblados del país. Señalan en sus discursos el presidente Peña Nieto y su hombre clave contra el crimen y la inseguridad, Miguel Angel Osorio, que en la presenta administración, la lógica de guerra y de las armas en la lucha contra los cárteles, ya no funcionan. Luego entonces la gran pregunta es: ¿qué hacer si no hay inteligencia capaz y eficiente ante los embates de los capos?

A alguien se le ocurrió que, además del despliegue de la fuerza pública, debe trabajarse en varios frentes para reconstruir el tejido social en Michoacán. De inmediato el titular de Gobernación convocó a autoridades locales, municipales y federales, y representantes de todos los partidos, para hacer un frente común e ir al rescate de esa entidad, que ha quedado en manos del crimen organizado en muchos de sus municipios. Se trata de sumarse al propósito de fortalecer la gobernabilidad en ese estado. Pero está visto que eso no será suficiente. Hoy por hoy la Nación está dominada por poderosas organizaciones –cárteles ‘entre medianos y chicos’ como dijo Murillo Karam–, que parecen estar listas a dar la batalla contra la pretensión del gobierno federal de acabar con ellos. Habrá que ver si resulta el experimento del gobierno peñanietista.

paulinocardenas.wordpress.com

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