México volverá a petrolizarse

PAULINO CÁRDENAS

Hipotéticamente México posee un enorme potencial de hidrocarburos provenientes del Golfo de México que en teoría podrían contener entre 80 mil y 100 mil millones de barriles de reservas probables. Ese tesoro se encuentra en aguas ‘ultaprofundas’. Estudios que comenzaron hace varios años hablan de que podría haber entre 5 mil y 8 mil millones de barriles en tan solo un yacimiento. Pero los expertos hablan de otra riqueza, que es el llamado ‘gas shale’, una novedad energética que atrae a los países industrializados. México cuenta con importantes yacimientos de este tipo de gas natural. Según evaluaciones y pozos exploratorios, las reservas representarían un potencial de tal magnitud, que colocarían a México entre las primeras naciones productoras de petróleo y de gas del mundo y su economía se volvería a petrolizar. Hoy ocupa el lugar 34.

Una idea que se tiene en reserva, por ahora excluida de la iniciativa de reforma energética, es la creación de un ‘fondo soberano petrolero’ que resultaría de invertir en él parte de la utilidad por la venta de petróleo y gas, lo que daría sin duda seguridad económica a México por varias décadas y ayudaría a contrarrestar un creciente déficit en la cuenta corriente, que mide las transacciones del país con el resto del mundo. Otra parte del dinero del petróleo sería destinado a inversiones en educación y a pagar la deuda histórica con los pobres. Ese fondo soberano derivados del petróleo pudieran ser cuasi una panacea para México, si parte de la renta o utilidad petrolera se maneja con gente decente y comprometida que cumpla estrcitamente los objetivos para el que habría sido creado dicho fondo.

Noruega es un país que ha tenido una experiencia muy exitosa con ese fondo, que lo destina para garantizarle alcanzar las expectativas de las nuevas generaciones. Pero toda esa belleza no sería por supuesto al corto plazo. Se requiere ante todo manejar los recursos con honestidad lo que implica depurar a Pemex de malhechores. Otra parte de las ganancias se destinaría para modernizar la infraestructura –su hardware dirían los jóvenes– para optimizar la planta productiva que garantice ampliar la rentabilidad de sus productos. Esa modernización de infraestructura habrá de realizarse en lo que actualmente son las empresas subsidiarias de Pemex, mediante contratos que no acaben siendo ni leoninos ni ventajosos para las naciones que vendrían a invertir en la industria petrolera mexicana; las que tienen los grandes capitales y que suelen poner condiciones o empresas que cuentan con una enorme experiencia tecnológica reconocida mundialmente pero que, igual, quieren tener al contratante como subordinado.

Una novedad energética mundial es el llamado ‘gas shale’, del que México tiene un gran potencial. Hace dos años se anunció el descubrimiento de importantes yacimientos de este tipo de gas natural “no convencional” que solventaría las necesidades energéticas del país durante los próximos 94 años. Ese tipo de gas se encuentra en las formaciones de esquisto –un tipo de rocas sedimentarias granuladas, también llamadas lutita y arcilla–, que son una fuente rica de petróleo y gas natural. Luego del descubrimiento de los yacimientos de shale gas, las reservas de gas natural aumentarían de 4 billones a 20 billones de pies cúbicos, según estimaciones de la Secretaría de Energía. Asimismo, estudios de Pemex señalan que en Coahuila, Chihuahua, Tampico y Veracruz, se han identificado yacimientos de shale con potencial para desarrollar proyectos de extracción de gas natural.

Un análisis publicado por el Departamento de Energía de EU, World Shale Gas Resources, an initial assessment of 14 region outside the United States (Recursos mundiales del Shale gas, una evaluación inicial en 14 regiones fuera de Estados Unidos), estimó que las reservas contabilizadas en México serían de 681 billones de pies cúbicos. En dicho documento se ubica a México en el cuarto lugar de reservas de este hidrocarburo no convencional. Arriba están China con 1,275 billones de pies cúbicos, Estados Unidos con 862 billones y Argentina con 774 billones. Esto es un apetecible proyecto de inversión, si se aprueba la propuesta presidencial en el Congreso de la Unión, que plantea los ‘contratos de uitilidad compartida’ con empresas extranjeras que son las que tienen la tecnología para extraer del subsuelo ese tipo de combustible.

Según reportes de especialistas, toda la producción de hidrocarburos ha disminuido entre los países productores, México entre ellos. Las reservas mundiales de crudo se calculan entre 0,97 y 1,003 billones de barriles de petróleo. El límite de las reservas se achica cada vez más si se tienen en cuenta modelos de previsión con un consumo creciente, como ha venido siendo norma a lo largo de todo el siglo pasado. Los nuevos descubrimientos de yacimientos se han reducido drásticamente en las últimas décadas haciendo insostenible por mucho tiempo los elevados niveles de extracción actuales, sin incluir la futura demanda de los consumidores asiáticos. Solo las reservas de Oriente Medio mantienen un crecimiento sostenido.

No obstante, existen otro tipo de reservas de hidrocarburos, conocido como bitumenes, que es petróleo extrapesado, cuyas reservas más conocidas son las Arenas de Atabasca en Canadá, y la faja petrolífera de Orinoco en Venezuela. Ambas naciones ocupan los primeros lugares en reservas probadas de bitumenes. Pero en el terreno de las reservas convencionales de hidrocarburos, México tiene un gran potencial. Si el Congreso de la Unión aprueba una reforma energética, para bien o para mal el país volverá a petrolizar su economía. Al fin que como van las cosas en el mundo, de indolencia ante el medio ambiente, los recursos energéticos de origen fósil seguirán siendo utilizados por décadas por los países industrializados.

paulinocardenas.wordpress.com

 

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