Conflicto diplomático en puerta

PAULINO CÁRDENAS

Con patanerías no se resuelven las cosas. Y menos entre naciones amigas. Se sabe que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es necio, hosco y atrabiliario. Solo hay que preguntarle a millones de venezolanos que han tenido que padecerlo desde que era vicepresidente con Hugo Chávez, y más ahora que asumió el poder a la muerte de quien dice que se le aparece en el hombro como ‘pajarito’ para eventualmente ‘aconsejarlo’ de lo que tiene que hacer y dejar de hacer al frente de su país. Independientemente de los asuntos que ciertamente compete resolverlos a los venezolanos respecto de su presidente que llegó al poder por cierto de una manera sui generis, hay uno que vincula a México con el necio y antidiplomático mandatario. Se trata del famoso avión con matrícula mexicana que sigue envuelto en el misterio y que el gobierno venezolano no ha aclarado las circunstancias en las que esa nave fue interceptada y quemada en una pista improvisada de esa nación la cual, dice Maduro, iba ‘full’ de droga.

No se sabe el por qué del fatal destino de la aeronave por órdenes del ministerio de Defensa de aquel país; tampoco se sabe quiénes iban a bordo e independientemente de si el avión iba cargado o no de droga, eso no obsta para que, a través de su cancillería, Nicolás Maduro diera una respuesta decente. Lejos de eso, muy a su estilo de decir las cosas y actuando como chivo en cristalería, expresó por televisión sobre el tema: “Le dije al canciller (Elías Jaua) que diera todas las explicaciones, pero que el presidente mexicano supiera que estaban abogando por un avión que estaba full de cocaína”. Ese justamente no es el punto. La cancillería mexicana, al saber del evento, señaló en un comunicado que “en el ejercicio de su soberanía y en el marco del respeto al derecho internacional, México solicita la información que disponga Venezuela al respecto. Asimismo, se reitera la plena disposición del gobierno mexicano de cooperar con las autoridades venezolanas en las indagatorias de este caso”.

En el mismo documento enviado a los medios, la cancillería de México aseguró que de la nota diplomática recibida como respuesta por parte de Venezuela el pasado 7 de noviembre, se desprende sólo que la aeronave ingresó a su espacio aéreo sin la respectiva autorización y que el avión fue perseguido por 40 minutos, haciendo caso omiso a los llamados de las autoridades venezolanas. También que la aeronave aterrizó en una pista clandestina; no se encontró rastro de la tripulación, y que en dicha nota no se revela el contenido de la carga del avión. Al referirse al incidente en el que fue destruido el avión mexicano y al hecho de que el gobierno de México solicitó esclarecer lo ocurrido, Maduro señaló:

“Estamos protegiendo con los Sukhoi (cazabombarderos de factura rusa) y F-16 (de fabricación estadounidense) del narcotráfico los cielos venezolanos, ya se acabó la guachafita (la falta de seriedad), no vamos a aceptar que sigan utilizando el espacio aéreo de Venezuela para el narcotráfico”, dijo. “Me sorprendió que un avión que sometimos ya en una pista clandestina de (la provincial de) Apure, es un avión que lo conseguimos full (lleno) de droga; full, y llegó una comunicación de la Cancillería de México pidiendo explicaciones”, comentó. Y Maduro añadió socarrón: “Le dije al canciller (Elías Jaua) que diera todas las explicaciones, pero que el presidente mexicano supiera que estaban abogando por un avión que estaba full de cocaína”, destacó. “Que lo sepan, no nos van a parar con campañas mundiales ni con chantaje”, agregó en tono molesto.

Lo que sucede es que el mandatario venezolano confunde lo que es una nota diplomática con, según él, ‘abogar por un avión que estaba full de cocaína’. No hay prueba de que había cocaína en la aeronave y solo es un decir del mandatario que todo mundo sabe lo bocón que es. Porque en todo caso habría que creer la versión de que en ese avión iba el narcotraficante buscado por Estados Unidos, Rafael Caro Quintero, por quien ofrece 5 millones de dólares, y que Maduro habría decidido darle asilo nadie sabe a cambio de qué, y por eso argumenta lo que argumenta. Resulta igual de absurdo una cosa y otra, si no se comprueba. El hecho es que no se sabe bien a bien quiénes eran los verdaderos pasajeros que abordaron la nave el pasado lunes por la mañana en Querétaro, y horas después el avión fue inhabilitado y obligado a bajar en una pista clandestina y luego quemado en un paraje venezolano colindante con Colombia, según Maduro, ya que el titular de Gobernación de nuestro país, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo que los nombres resultaron falsos. Y el caso sigue en el misterio.

México le solicita por la vía diplomática a Venezuela una aclaratoria de las circunstancias en que se dieron los hechos, y el mandatario de aquel país responde con insolencias. Sin la menor duda esa actitud y estilito de vándalo que nada tiene que ver ni con la diplomacia ni con la droga, desatará una exigencia más severa por parte de México la cual le toca exigir el Senado de la República al presidente Enrique Peña Nieto para que la Cancillería de México actúe en consecuencia. No se trata ‘de defender’ un supuesto avión ‘que estaba full de cocaína’, sino de dar una respuesta di-plo-má-tica por parte del gobierno del presidente Nicolás Maduro; no ominosa como lo hizo, sino con respeto y apegada al marco del derecho internacional. Con patanerías no se resuelven las cosas. Y menos entre naciones amigas. ¿Qué hubera sucedido si el asunto hubiese sido al revés y Peña Nieto dice lo que dijo Maduro en televisión? Quien sabe qué le diría su ‘pajarito’, pero él seguro que estaría por lanzar misiles a nuestro país.

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