A casi un año del comienzo

PAULINO CÁRDENAS

El complicado panorama económico que se avizora para el año próximo no es nada halagüeño, ya que la marcha de la economía en el primer año de gobierno de Peña Nieto se ha desplomado en forma alarmante, lo que implica un escenario preocupante para el 2014. De hecho, para algunos especialistas, México ya entró en franca recesión, aunque el gobierno federal se niega a aceptarlo. Para acabarla de amolar, el Fondo Monetario Internacional ha estado advirtiendo de los riesgos de una desaceleración mundial que califica como una probabilidad ‘alarmantemente alta’. Esto podría afectar nuevamente el comportamiento de la economía en Estados Unidos, de donde depende entre el 80 y 90 por ciento las importaciones y exportaciones de insumos básicos y de productos manufacturados de nuestro país. De esta manera, al cumplirse el primer año de la administración del ‘cambio’ y del ‘nuevo PRI’, el futuro para el país, al corto y mediano plazos, resulta preocupante.

Por lo pronto, los principales reclamos de la sociedad son la grave carencia de empleos y el no combatir con eficacia y eficiencia la inseguridad, así la como la falta de certidumbre económica que afecta a millones de familias mexicanas y a los sectores productivos que ante tal panorama, algunas empresas estarían empezando a despedir trabajadores, empleados e incluso directivos, para tratar de mantenerse activas. Para diciembre la expectativa de crecimiento será de apenas 0.89 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), que según calculus de principios de año iba a ser de 3.5 por ciento, señalan quienes han venido haciendo mediciones del comportamiento de la economía. El optimismo oficial renace al informar el INEGI que en el tercer trimestre de 2013, el PIB del país creció 1.3 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado.

Resepcto a las reformas que ha enviado el jefe del Ejecutivo al Legislativo, se afirma  que la fiscal no será, ni con mucho, un paliativo ante la desaceleración económica que registra México, ya que terminó siendo una reforma más bien recaudatoria, que no alcanzará a fomentará la reactivación económica ni la creación de empleos. Pero esos asuntos que mejor entienden los especialistas, no son del alcance de la generalidad de los mexicanos, por complejos e intrincados. Más bien la gente se pregunta, ¿cuántas promesas de campaña, de las 266 que lanzó durante su campaña Enrique Peña Nieto, se han cumplido? Los mexicanos saben de oídas que el blindaje del gobierno y su partido para lograr acuerdos con la oposición, ha sido el Pacto por México.

Ese ha sido un blindaje político para el gobierno y su partido, pero no beneficia en nada a los sectores de la sociedad de forma directa. En su Consejo Rector se toman acuerdos, pero los problemas están en el aterrizaje de los mismos, como sucede, solo por poner un ejemplo, con el caso de la Campaña contra el Hambre cuya implementación ha sido muy costosa, contra los raquíticos beneficios que ha logrado ese ambicioso programa gubernamental.  Por otro lado, todos los días, en cuanto foro se para el jefe del Ejecutivo, se refiere a las consabidas reformas que ha enviado al Congreso y que está por enviar.

La gente ve que con la aprobación de las reformas de telecomunicaciones, educativa, laboral o hacendaria, no come ni vive mejor. Y falta todavía la reforma política que los partidos de oposición quieren que se apruebe antes que la llamada ‘madre de todas las reformas’, la energética. La reforma política a fin de cuentas solo convendrá a quienes viven colgados del presupuesto de los partidos y de los privilegios que gozan quienes integran la clase política. La reforma energética, que lleva consigo la carga de abrir a la industria petrolera a una mayor participación de empresas privadas extranjeras, al final de cuentas podría quedar ‘mocha’ y pudiera no resultar la panacea que le ha atribuido su principal promotor, el mandatario priísta, una vez que se ventile en el Congreso de la Unión junto con las reformas del sector eléctrico.

Eso equivale a que el futuro de la nación está prácticamente en la suerte que corra la reforma energética. Al parecer, de eso depende que México salga adelante, ¿Y si no? ¿Y si los grupos antiPeña se hacen uno y le voltean la tortilla en el Legislativo a la reforma de la industria petrolera? De cualquier manera, en el caso de que fuera aprobada como la envió Peña Nieto a San Lázaro, tardaría entre tres y seis años en empezarse a ver sus primeros resultados. ¿Y mientras tanto? ¿México acudiría a solicitar préstamos al exterior para solventar los gastos corrientes de la administración pública? ¿Tendría que volverse a endeudar el país como ha sucedido con gobiernos federales anteriores?

En los dos primeros trimestres del año los resultados han sido desfavorables para la economía de México, lo que ha sido difícil para las familias y complejo para los sectores productivos. Y las cifras que acaba de dar la OCDE para el tercer trimestre del año, aunque las da como positivas, no son como para hacer fiesta. Ese organisno estima que México crecerá este año 1.2 por ciento en términos globales, números que son más bien a la baja comparados con las proyecciones iniciales. Señala que en 2014 se llegará cuando más al 3.6 por ciento de aumento, mientras que en 2015 se podría alcanzar el 3.9 por ciento de crecimiento global. Pero son proyecciones estimadas. Como sea, al cumplirse el primer año de gobierno de Peña Nieto, los resultados han quedado muy por abajo del anhelo presidencial y más aun de las expectativas que tenían los mexicanos de que las cosas irían a mejorar sustancialmente con el gobierno ‘del cambio’. Pero no.

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