¿Habrá cambios en el gabinete?

PAULINO CÁRDENAS

Hay quienes empiezan a preguntar si ante tanto fracaso no es hora de empezar a hacer cambios en el gabinete o si seguirán las mismas necedades, ya que las cifras con las que terminará México este año de 1.2 por ciento del PIB, considerando que el crecimiento demográfico fue también de 1.2 por ciento, equivale realmente a que México terminará este 2013 con crecimiento 0, lo que ha provocado una grave desaceleración de la economía que para muchos es una clara recesión, ante lo cual el país enfrentará un 2014 tan negro como el que está por terminar, aunque los augurios del presidente Enrique Peña Nieto sean muy optimistas. La otra es que muchos ya le dan el réquiem al Pacto por México después de la salida del PRD de esa instancia cupular que de hecho ha venido sustituyendo al Legislativo.

El mandatario pirísta sigue creyendo que sus reformas ‘transformadoras’ serán la fórmula para que el país avance el año venidero, el cual considera que será el año de la eficacia gubernamental. Sin embargo hay una corriente creciente de opinión que señala que tanto en el aspecto económico, hacendario y fiscal, como en el de política interna y de seguridad interna, debería pensarse en el relevo de funcionarios que no han estado a la altura de lo esperado. Se ha detectado que entre sus dos principales ‘delfines’ no hay química ni ganas de colaborar mutuamente y que más de una vez se les ha visto en actos públicos pasmados y afligidos. ¿Les ha quedado grande el saco?

Por lo pronto, ninguna de las reformas aprobadas ha mostrado las bondades que le fueron ponderadas por el mandatario priísta cuando las envió al Congreso. Son los casos de la laboral, la educativa y la de telecomunicaciones entre otras, que no han entrado plenamente en vigor porque no cuentan con leyes secundarias. El caso de la político-electoral ha sido motivo de discrepancias y de acuerdos en los oscurito entre el Gobierno, el PRI y el PAN, dejando a un lado al PRD, por lo que su dirigente optó por anunciar que se reritaraba del Pacto por México que es la instancia que ha venido a suplir al Legislativo para lograr la aprobación de lo que se acuerda previamente en su Consejo Rector.

Hoy podría quedar lista esa reforma de ley que por la velocidad con la que se buscó ser aprobada, podría llevar vicios y despropósitos que nada tienen que ver con la democracia en materia política y electoral. Hay quienes dicen que mejor hubiese quedado como estaba y no como quedará, por lo absurda e inoperante que saldrá del Congreso para que sea aprobada por la mitad más uno de los congresos locales para que alcance rango constitucional.

Y ni qué decir de la reforma petrolera con envoltura energética que está por discutirse en el Congreso de la Unión, la cual enfrentan serias resistencias por parte de las corrientes de izquierda, que en una de esas acabará uniendo a los grupos que hoy están divididos y que podrían hacer un frente común de resistencia en contra de su aprobación, tal como lo propone el jefe del Ejecutivo que busca que sean reformados los artículos 27 y 28 de la Constitución para facilitarle a las empresas extranjeras la libre incursión en la exploración, explotación y comercialización del petróleo mexicano, con una línea inovadora de contratos por licencia para que el pago de esos servicios especializados no solo sea en efectivo en dólares, sino en especie, es decir que esas empresas podrían cobrar con crudo mexicano.

Al arranque del sexenio peñanietista fue todo optimismo. Un optimismo que nació aquel 2 de diciembre cuando se anunció la creación del desde Pacto por México, a través del cual los partidos de oposición y el partido en el poder, y como árbitro el propio manadatario priísta, se proponían llegar a acuerdos colegiados dentro de un nuevo ensayo democrático en el que muchos creyeron y que animó a prácticamente todos los sectores de la población, incluida la iniciativa privada que no suele dar paso sin huarache. Otro lance de inicio de sexenio fue que Peña Nieto anunció que se constituiría en el presidente reformador, por lo que los primeros meses de gobierno estuvieron marcados por la aprobación de varias reformas que envió al Congreso, previamente consesuadas en el Pacto, pero que no han logrado los resultados esperados.

El de la inseguridad es otro rubro que no ha dejado de agobiar al país desde la administración de Felipe Calderón, que el gobierno de Peña Nieto, a pesar de que habló que habría una ‘nueva’ estrategia anticrimen, no ha podido disminuir los avances de los cárteles de la droga y el sometimiento de los capos del crimen organizado a miles de pobladores en diversas entidades fedrativas, con amagos de muerte si no ceden a su dominio y al pago de cuotas por todo. Es tema que el gobierno federal priísta había querido guardarlo en secreto, como si no exisitiera, lo cual ha sido materialmente imposible. La gravedad de los hechos de sangre están cada vez más a la vista en varios estados de la República, como es el caso de Michoacán, entre otras veinte entidades.

La violencia continúa, y las drogas ilícitas siguen pasando de Sudamérica a través de México en rutas hacia los mercados en Estados Unidos. Aunque es cierto que ha habido golpes del gobierno mexicano a las ganancias derivadas del narcotráfico, las organizaciones criminales transnacionales han comenzado a realizar otro tipo de acitividades delictivas como el secuestro, la extorsión, el tráfico de personas y la venta de drogas al menudeo. Sin embargo, el gobierno de Peña Nieto se resiste a atacar de frente la parte financiera de los capos. El hecho es que miles de personas protestaron el domingo contra el gobierno del presidente Peña Nieto, al cumplir su pimer año, con una baja de su popularidad de mexicanos que desaprueban su gestión. Hay quienes empiezan a pregutar si no es hora de hacer cambios en el gabinete.

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