Seguridad mexicana infiltrada

PAULINO CÁRDENAS

Un tema que el presidente Enrique Peña Nieto no ha querido darle la importancia que amerita es el del espionaje por parte del gobierno de Estados Unidos, a su persona, a varios de sus colaboradores, a sus planes y proyectos de gobierno principalmente del sector energético y específicamente de la industria petrolera. Y para no variar, ahora salta a la luz pública que también ha habido infiltración por parte de la  Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA por sus siglas en inglés), en toda la red de telecomunicaciones de lo que fue la Secretaría de Seguridad Pública federal, convertida actualmente en la Comisión Nacional de Seguridad a cargo de Manuel Mondragón y Kalb. La noticia la dio a conocer el diario alemán Der Spiegel este lunes.

Bajo el nombre de ‘Operación Hombre Blanco’, durante varios años del sexenio del panista Felipe Calderón –quien le abrió las puertas de par en par a las agencias norteamericanas anticrimen dizque para que colaboraran con las autoridades mexicanas en lo que el mandatario llamó ‘la guerra contra el narco’–, la NSA se dio vuelo para obtener datos, direcciones IP (Protocolo de Internet), tráfico de correos y direcciones electrónicas de empleados, diagramas de las estructuras de las agencias de seguridad, incluso los de la vigilancia por medio de videos. Esto habría comenzado en el segundo año del anterior gobierno, aunque esas prácticas vienen de mucho más atrás, solo que ahora se realizan con métodos mucho más sofisticados tecnológicamente.

De esa manera, y sin duda hasta la fecha, el gobierno de Washington ha venido recopilando información supuestamente confidencial, proveniente de las áreas de lo que es hora la Comisión Nacional de Seguridad, que se ha venido encargando –desde que era la SSP federal a cargo entonces de Genaro García Luna–, de todo lo relacionado con planes y acciones contra la delincuencia organizada y específicamente contra los cárteles de la droga. Todos los expedientes de las bases criminalísticas, del personal policial y los planes de coordinación concertadas con los gobiernos de los estados, así como la vigilancia y protección de las instalaciones estratégicas de nuestro país, los tiene clasificados la NSA.

De hecho, a través de un moderno sistema multimodal  de espionaje, tiene en su poder todo el andamiaje, sistematización y procesamiento de cada actividad y atribuciones con las que cuenta la ex SSP federal que estuvo en manos del funcionario predilecto de Felipe Calderón, hoy convertida en Comisión Nacional de Seguridad (CNS), cuyos planes y proyectos están vedados al común de los mexicanos, aunque de ellos están super enterados el Departamento de Estado norteamericano, el Pentágono, la DEA, la CIA, el FBI, el ICE, la ATF, y todas las agencias anticrimen del vecino país del norte. Pero sin duda también deben de saber lo que viste y come el titular de la Comisión, Manuel Mondragón y Kalb, de quien se sigue insistiendo que pronto dejará el cargo.

Los mexicanos se preguntan, ¿por qué Peña Nieto no ha hecho ni dicho prácticamente nada en torno a ese espionaje? ¿Ha preferido callar porque de allá provienen las empresas petroleras que vendrán a extraer y comercializar los hidrocarburos en próximas fechas y no quiere ruidos mediáticos? ¿Están primero los negocios que la no violación a la soberanía? ¿No quiere molestar a la Casa Blanca con aspavientos como algunos han calificado la actitud viril de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien le reclamó por la vía diplomática y personalmente a Barack Obama el infame espionaje a su persona y a toros funcionarios de su gabinete, así como a los planes y actividades de su gobierno incluidos los planes de Petrobras?

Según el semanario alemán, la NSA describió a la CNS mexicana como “una potencial mina de oro para los espías de la NSA”, debido a que el Departamento de Seguridad Nacional y las agencias de inteligencia de los EU, requieren el conocimiento sobre el tráfico de drogas y personas, además de información sobre la seguridad en la frontera del norte de México. La Comisión Nacional de Seguridad de México, antes  Secretaría de Seguridad Pública, fue espiada durante años y la operación estuvo a cargo de la Oficina de Operaciones a la Medida (TAO) -Tailored Access Operations-, quien labora desde 2005 en el oeste de San Antonio, Texas, dentro de un edificio que fue una fábrica de chips de la marca Sony.

La TAO accedió al sistema de la CNS a través del hackeo a los administradores de sistemas e ingenieros de telecomunicaciones, se infiltró en las cuentas de correo de los funcionarios elegidos como blanco y empezó a capturar los datos de la red entera. El nombre técnico de esta actividad es Computer Network Explotation (CNE), que tiene el objetivo de invertir los dispositivos de seguridad antiespionaje. Dentro de los dispositivos que fueron infiltrados, se encuentran aquellos que controlan la vida digital de las personas: los servidores, las estaciones de trabajo, los cortafuegos o firewalls, los enrutadores, los teléfonos de mano, los interruptores telefónicos o los sistemas SCADA, entre otros.

Los sistemas SCADA son herramientas de control que se usan en fábricas y plantas de energía, poseer el sistema podría significar un grave perjuicio para la infraestuctura fundamental de un país. Cabe señalar que ese sistema lo posee Pemex, empresa que también fue objeto de espionaje desde que se dio a conocer la infiltración de la NSA el pasado 20 de octubre, cuando se reveló que el entonces candidato Enrique Peña Nieto había sido espiado en su persona, junto con varios de los que serían sus probables colaboradores.

El caso de espionaje de EU a la Comisión Nacional de Seguridad, es otro botón de muestra de cómo se las gasta el gobierno de Washington. Como sea, ha sido un ‘machetazo a caballo de espadas’. Eso que ni que. En tanto el gobierno peñanietista sigue en actitud silenciosa sobre el tema.

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