¿Se gesta una insurgencia?

PAULINO CÁRDENAS

Entre la cascada de informaciones y desinformaciones que han surgido sobre el caso Michoacán, hay una que parece tener visos de verdad y que comienza a preocupar a los altos mandos militares del país, al gobierno mexicano así como del Departamento de Estado norteamericano, aunque en declaraciones púbicas sin duda lo van a negar. Es la especie que recorre el país señalando que en México se gesta una insurgencia armada, no solo por lo que sucede en Michoacán sino por lo que también acontece en otros estados de la República, en donde hay señales claras de que la gente del pueblo, las comunidades olvidadas por las autoridades y amagadas por la delincuencia organizada, están hartas de que los gobiernos locales y el gobierno federal insisten en señalar que combaten al crimen organizado, pero de palabra mas que de hecho. Pero eso no es lo peor.

¿Quiénes integran las autodefensas armadas que se defienden por propia mano de la delincuencia organizada como los Caballeros Templarios,? Ha trascendido que en las filas de los comunitarios no solo participa gente del pueblo decidida a morir si es necesario en su propósito de sacar a ese cártel del estado, en el caso de Michoacán. Se sabe que a esos colectivos civiles se les están uniendo ex sicarios resentidos o arrepentidos, ex militares que han desertado, e incluso extranjeros que se han filtrado en esos grupos dizque para defender a la gente inerme que ha estado bajo el yugo de la delincuencia organizada. Y por parte de los Templarios, la cosa está peor. Baste decir que en Jalisco acaba de ser detenida una célula de esta organización criminal, con vínculos en Colombia y Estados Unidos, que portaban un arsenal, entre el cual se encontraron dos cohetes antitanque autopropulsados conocidos como RPG-7, con cinco cargadores impulsores del mismo.

Ese tipo de armamento es utilizado por las milicias del Medio Oriente, lo que haría suponer que en las filas de los Templarios –y obviamente de otros cárteles que operan en México como los Zetas, a quienes también les ha sido decomisado armamento similar–, pudiera haber células pertenecientes a grupos extremistas de aquella zona geográfica que se dedican a realizar actos terroristas. De ahí que la ex secretaria del Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos, Janet Napolitano, venía advirtiendo, incluso ante el Congreso de su país, de las sospechas cifradas en datos de inteligencia, que los Zetas podría estar en connivencia con células de Al Qaeda para, desde México, atacar instalaciones estratégicas de la Unión Americana, como venganza por el asesinato del creador de esa organización criminal islámica, Osama Bina Laden. El nuevo titular de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, ex abogado del Pentágono, ha sido cauteloso en ese tema.

El hecho es que el armamento con que cuentan los cárteles, mucho más sofisticado y moderno que los que usan las autodefensas, no obsta para presumir que ha comenzado a darse una guerra civil verdadera, por ahora de baja intensidad, pero que en menos que canta un gallo podría elevar su nivel de fuego. El hecho de defenderse de los criminales es un derecho y no están de acuerdo en que el gobierno federal, en coordinación con el estatal, pretendan coartarles ese derecho, aduciendo que los órganos de defensa civil creados, ‘no están facultados’ por las autoridades federales. De ahí el llamado del presidente Peña Nieto y del titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, de que renuncien a ser comunitarios armados y se unan a las filas policiales institucionales, reconocidas por la Constitución; es decir se les convoca a ser auxiliares de los cuerpos de seguridad del gobierno local o federal.

A eso se niegan las autodefensas, por la corrupción e ineficacia que han mostrado los tres niveles de gobierno durante años, que no cumplen con su obligación, –también señalada en la Constitución– de garantizarles seguridad, paz, orden, y sobre todo un sistema judicial equitativo y honesto, que no esté coludido, como ha sucedido hasta ahora, con los cárteles de la droga y las mafias del crimen organizado que se han enseñoreado e impuesto sus propias leyes a las comunidades que están, no solo desprotegidas, sino a expensas de los cárteles y sus sicarios, así como de los mandos militares y policiales y sus subordinados que se hacen de la vista gorda porque han caído en la tentación de coludirse con los criminales en Michoacán, en Guerrero y otras entidades federativas en donde se han estado dando fenómenos de esa naturaleza. Sirva este botón de muestra: los aguacateros de Michoacán pagan 225 millones de pesos anuales al narcotráfico.

Se ha dicho y repetido una y otra vez que entre verdades, rumores y leyendas urbanas, las cosas en Michoacán, por hablar del caso actualmente más sonado, se han ido agravando. Más que informar, ha habido desinformación, por lo que los mexicanos no saben bien a bien lo que está sucediendo en cuanto a la violencia y hechos de sangre que se siguen dando en esa entidad federativa y en otras mas del territorio nacional. El caso es que miles y miles de habitantes de comunidades y municipios de gran parte del territorio nacional, en donde la criminalidad ha sentado sus reales, ya están hartas.  De ahí que sigan creciendo los rumores de que en México se gesta una insurgencia nacional del pueblo que ha sido olvidado por las autoridades, como ha quedado demostrado en Michoacán por la complacencia del gobierno de esa entidad y la inacción por más de un año por parte del actual gobierno federal.

¿Qué pasaría si en efecto esos barruntos de que en México podría darse una insurgencia armada, se transforman en realidad y comienzan a multiplicarse los grupos comunitarios que de hecho buscan su emancipación? Una ‘nueva gesta revolucionaria’ como también le llaman a esa rebelión popular que parece estar en proceso, le daría al traste a gran parte de los planes de Peña Nieto de atraer capitales con el señuelo de la reforma energética. De ahí que hay preocupación en las alturas. ¿Tuvo que ver todo ese panorama poco halagüeño que está sucediendo con la violencia y los enfrentamientos armados, más la extraña estrategia de querer desarmar a las autodefensas en lugar de ir tras los capos de los cárteles en el caso michoacano, con la salida del general colombiano Oscar Naranjo como asesor anticrimen del mandatario mexicano?

 

Anuncios

Comentarios desactivados en ¿Se gesta una insurgencia?

Archivado bajo ¿Se gesta una insurgencia?

Los comentarios están cerrados.