México sigue mal y de malas

 PAULINO CÁRDENAS 

Aunque el discurso oficial sea de pleno optimismo basado en apuestas a futuro, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reveló que México registra el peor índice en la caída en el ingreso que afecta fuertemente a las familias. “En producción y bienestar, México se encuentra en los niveles más bajos de la OCDE”, dijo Gabriela Ramos, coordinadora de gabinete y representante de ese organismo. De igual forma, indicadores del INEGI y del Banco de México señalan que nuestro país anda mal y de malas en diversos rubros, como son los índices de confianza al consumidor, el de confianza empresarial y en el de pedidos manufactureros, en tanto el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) rechazó la información oficial sobre la estabilidad macroeconómica del país y destacó que México no está en los niveles competitivos internacionales que permitan consolidar las actividades productivas ni enfrentar el riesgo de crisis recurrentes, ni la pobreza ha sido revertida.

Un estudio de la OCDE divulgado el pasado martes, señala que las familias mexicanas resintieron una caída de cinco por ciento en un periodo de tres años que siguieron a la crisis económica más reciente, “una de las caídas más pronunciadas entre los países de la OCDE”, estableció el estudio “¿Cómo es la vida? Medición del bienestar”, elaborado por esa organización, que reúne a los países con las mayores economías del mundo. México, de acuerdo con ese estudio, es el país con las jornadas laborales más largas y menos productivas. Al mismo tiempo, señala, en uno de cada cinco hogares mexicanos con al menos uno de sus miembros empleados, “se dieron condiciones de pobreza de los ocupados”, mientras que uno de cada diez de los miembros de familias en las que todos los adultos trabajan, estaban en situación de pobreza. Ambos porcentajes son los más altos en los registros de ese organismo, dice el documento.

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se ubicó en 84.5 puntos en febrero de 2014, nivel 11.4 por ciento inferior al reportado en febrero de 2013, cuando había sido de 95.5 puntos. “La caída anual que mostró el ICC con cifras originales en el segundo mes del presente año fue reflejo de disminuciones en los cinco indicadores parciales que lo constituyen”, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México (Banxico). El Indicador de Confianza Empresarial (ICE) correspondiente a febrero mostró un retroceso, informó el INEGI. En su comparación anual, el Indicador de Confianza Empresarial por sector de actividad, en el mes que se reporta, fue el siguiente: el ICE Manufacturero y el del Comercio cayeron 5 puntos de manera individual, y el de la Construcción descendió 1.6 puntos frente al mismo mes de 2013, con series originales.

Por su parte el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, señaló tres rubros que deberían preocupar al gobierno, en especial a quienes llevan las riendas de la economía y las proyecciones a futuro del desarrollo del país. Ese órgano de análisis del sector privado señaló tres malas noticias: que México no está en niveles competitivos para consolidar las actividades productivas; que tampoco podríamos enfrentar el riesgo de crisis recurrentes, y que los índices de pobreza no han sido revertidos. Esto coincide con los datos que han dado a conocer la OCDE, el INEGI y el Banco de México. El panorama, pues, no es nada halagüeño, pese a que el discurso oficial habla de un futuro promisorio basado en supuestos beneficios que dejará la reforma energética y la venta petrolera con la participación de emporios extranjeros que explotarán nuestros hidrocarburos y capitales venidos de fuera que se sumarán a los proyectos de exploración, extracción y comercialización de crudo. Lo mismo, aunque en otra medida, será en el caso de la industria eléctrica.

Según los datos de la OCDE, que constantemente realiza estudios comparativos entre los países que pertenecen a ese organismo, relacionadas con el ingreso, empleo, salud, educación y el contexto local, hasta la seguridad personal y la satisfacción general con la vida, con el que trata de identificar las cualidades y deficiencias del bienestar de las sociedades en los países que integran el organismo, México aparece en el reporte como uno de los países más desiguales en cuanto a la distribución del ingreso. Esto, más los referentes de medición que coinciden con la OCDE, como los que realiza el INEGI y Banxico, más los presagios nada halagüeños de organismos como el CEESP, no dejan dudas sobre la realidad que vive México, muy distinta a los discursos oficiales de optimismo a veces exacerbados en los que se habla de una situación radiante de la que solo gozan unos cuantos privilegiados.

Dice el estudio de la OCDE algo ‘chistoso’ por decirlo amablemente. “Si en la mayoría de indicadores de bienestar social México se ubica por debajo de la OCDE, en cuestiones relacionadas con el bienestar subjetivo está mejor, lo que quiere decir que los mexicanos se sienten bien con su vida”, según la coordinadora de gabinete y representante de la OCDE, Gabriela Ramos. Eso equivaldría a acepar que los mexicanos viven jodidos pero contentos. O que simplemente son masoquistas, lo cual dista de ser cierto. Quizá esas encuestas las hacen entre la clase media alta o muy alta. Porque entre los estratos de clase media, y sobre todo entre las clases más pobres y miserables de las que forman parte millones de mexicanos, ese resulta un absurdo.

Solo hay que imaginar si los más pobres y olvidados o los indígenas que habitan en las serranías o que viven en los lugares más apartados del país, se atreverían a decir que ‘se sienten bien’ con la vida de miseria que llevan todos los días, cuando muchas veces no tiene nada qué comer para ellos ni sus hijos. Habría que preguntarles a estas gentes si entienden qué es el ‘bienestar subjetivo’ a ver qué contestan; eso si hablan castellano. Es mucho más realista lo que dice el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, de que México no está en niveles competitivos para consolidar las actividades productivas, que tampoco podría el país enfrentar el riesgo de crisis recurrentes, y que la pobreza que priva en muchas partes del territorio nacional no ha sido revertida. Así de simple.

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