¿El petróleo sigue siendo nuestro?

PAULINO CÁRDENAS  

En la ceremonia del aniversario 76 de la expropiación petrolera, que ya es leyenda, el presidente Enrique Peña Nieto dijo que el petróleo seguirá siendo de los mexicanos, frase que ya no se ajusta a la realidad, y menos con dos informaciones que preocupan a quienes se han opuesto a la aprobación de la reforma energética: la inminente llegada de los gigantes petroleros que vienen a explotar la riqueza de hidrocarburos de México, y las noticias cada vez más preocupantes de cómo, precisamente por el tráfico de influencias que se ejerce desde Los Pinos, se ha venido saqueando a Pemex para beneficio de unos cuantos, mientras que millones de mexicanos siguen esperando que la renta petrolera les beneficie en algo, no de ahora que ya saben que parte de esa riqueza quedará en manos extranjeras, sino prácticamente desde que esa industria fue expropiada precisamente a empresas extranjeras por el presidente Lázaro Cárdenas del Río en 1938.

De hecho, esa industria la han hecho suya los gobierno federales en turno, que han usado y abusado de los recursos emanados de la venta de los hidrocarburos mexicanos, muchos de los cuales los acaba comprando el gobierno federal en turno ya procesados, como es el caso de las gasolinas, producto al que le aplica mes a mes más impuestos que encarecen el combustible, el cual resulta vital para que el comercio, la industria y el sector productivo en general se mueva. Por falta de una política eficaz, a Pemex se le sigue quitando más del  40 por ciento de sus entradas brutas en dólares, para asignarlos cada mes a la cuenta corriente del gasto gubernamental, el cual se usa discrecionalmente para aplicarlo dizque a las políticas de crecimiento y desarrollo, pero que muchos de esos recursos se usan para otros fines que nada tienen que ver con el supuesto beneficio del país. Solo hay que ver, cómo batalla cada año la Auditoría Superior de la Federación en la revisión anual y sexenal de la cuenta pública.

A la ASF suelen no cuadrarle las cifras que revisa del gasto de los gobiernos federal y estatales y de las instancias que utilizan esos recursos emanados de la renta petrolera, porque simplemente son utilizados de manera discrecional y prácticamente sin rendición de cuentas. Cada vez que la Auditoría Superior de la Federación -que orgánicamente depende de la Cámara de Diputados- trata de revisar la cuenta pública anual de cada sexenio, se encuentra con muchas omisiones, falta de información y ocultamiento de datos, lo que no le permite cuadrar cifras. Y a cada término de sexenio, sucede lo mismo. Y nadie se inmuta por esa opacidad recurrente que queda amparada por la impunidad que es la que ha prevalecido siempre, históricamente, para proteger las fechorías de quienes cometen actos de corrupción con el dinero que proviene de la industria petrolera, esa que dizque es ‘de todos los mexicanos’. De ahí que esta frase trillada ya no encaje ante la triste realidad.

El pasado martes en la ceremonia de un aniversario más de la anacrónica expropiación petrolera, celebrada en el complejo petroquímico de Cosoleacaque, Veracruz, el presidente Peña Nieto le dedicó su discurso a las bondades que según él tendrá la reforma energética una vez que se aprueben las leyes secundarias, que por cierto no las ha enviado al Legislativo. Pese a ello dijo que Pemex no se privatizará. Advirtió que no obstante las inversiones millonarias que Petróleos Mexicanos realiza cada año, su producción ha seguido a la baja, con lo que el país iba directo a ser un importador neto de crudo, gas y gasolina; a encarecerlos y afectar más a las familias y, peor aún, poner en riesgo la seguridad energética y con ello la soberanía nacional.

Reiteró que con la reforma energética, México tendrá más gas, más petróleo y más electricidad, lo que permitirá que las familias mexicanas paguen menos por su consumo, además de que permitirá que el país crezca más rápido y genere cientos de miles de empleos. Hizo hincapié en que este año será el de mayor inversión de Pemex en su historia, con un monto de 357 mil 500 millones de pesos, 31 mil 200 millones más que el año pasado y 56 mil 200 millones superior a los que hubo en el inicio de su administración. Lo que omitió decir es que ese panorama lo verían los mexicanos, si se da como lo tiene planeado su gobierno, hasta finales del sexenio o hasta la próxima administración.

Sin embargo, mientras las leyes secundarias de la reforma energética sigan en espera de ser abordadas y aprobadas en el Congreso de la Unión, difícilmente podrá avanzarse en cuanto a las expectativas que se ha trazado el gobierno peñanietista. Muchos esperaban que el martes, en ocasión del discurso que pronunciaría con motivo de la efeméride expropiatoria del petróleo mexicano, anunciaría que ya había enviado al Legislativo los proyectos presidenciales de las leyes secundarias de dicha reforma, la cual incluye modificaciones constitucionales en el sector eléctrico; pero no fue así. Quizá esté en espera en ver lo que sucede con la reacción del PAN sobre el horrible caso de Oceanografía, en donde no deja de emanar cada vez más de corrupción, en tanto los reflectores de la justicia están enfocadas en los dos regímenes federales panistas anteriores. Después de que el gobierno anunció que no habrá ‘cacería de brujas’, los ex mandatarios panistas Vicente Fox y el de Felipe Calderón ya pueden dormir tranquilos.

Y los mexicanos -esos que de plano no creen que el petróleo sigue siendo de ellos y que son más de 117 millones- tendrán que seguir esperando los beneficios que supuestamente provendrán de la renta petrolera, que en este sexenio se convirtió en venta petrolera. ¿En dónde ha estado el beneficio de esa renta petrolera para las últimas generaciones de mexicanos comunes y corrientes? Los datos oficiales de las propias instancias del gobierno dan cuenta de que la pobreza ha crecido de manera escandalosa. Según la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe ), en México, al 2013, pobreza e indigencia eran mayores que el promedio en América Latina; 40 millones 778 mil compatriotas en el primer caso y 14 millones 940 mil en el segundo. Más los que se acumulen este año y los que siguen del presente sexenio. Y para muchos, lo que dijo Peña Nieto de que la industria petrolera no se privatizará, afirman que tiene razón, porque ya es un hecho que se privatizó.

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