Mireles preso, ‘La Tuta’ libre

PAULINO CÁRDENAS 

Las incongruencias en Michoacán siguen a todo lo que da: el médico José Manuel Mireles, quien perseguía templarios, está preso, y el dirigente de los Caballeros Templarios, Servando Gómez alias ‘La Tuta’ que debe miles de vidas y sometió a decenas y decenas de comunidades michoacanas durante años, sigue libre. El mundo al revés. Pero ese es México. Quizá lo que más molestó al comisionado Alfredo Castillo habría sido lo que dijo el médico, de que ‘La Tuta’ estaba tan bien parado con el gobierno federal, que hasta le prestaban helicópteros oficiales para trasladarse a donde él quisiera y que ‘eso lo saben todos en Michoacán’. Cierto o no, eso sacó de quicio a Castillo; y Mireles está preso porque le estorbaba. Dijo el activista que no negociará con el gobierno su salida de la cárcel.

De haber sido uno de sus más valiosos aliados, el líder de las autodefensas más destacado de todos en esa entidad, acabó siendo una amenaza para el funcionario, por las fuertes declaraciones que venía haciendo, por no haber aceptado ser parte de las fuerzas rurales que fue una maniobra para cooptar a grupos civiles armados que le estaban resultando ya un dolor de cabeza al enviado presidencial, y sobre todo y por no doblegarse ante el enviado presidencial por no estar de acuerdo en su estrategia, si es que la hay, para supuestamente aminorar la violencia y llevar la paz a ese estado. Por esas incongruencias muchos mexicanos comienzan a creer que el gobierno está coludido con los criminales y coopta a quienes se tienen que armar para defender a sus familias del crimen organizado y los cárteles de la droga.

Todo ello desesperó y sacó de quicio al comisionado, por lo que decidió ir contra Mireles y meterlo a la cárcel a como diera lugar donde acabó humillado y sobajado; la razón es que ‘retó al gobierno’. La verdad es que le estorbaba. Al menos esas son las versiones que se manejan en el caso de Michoacán que es donde ha estado puesta la atención de quienes ven que el gobierno no ha podido con el paquete -igual que no pudo el gobierno de Felipe Calderón- de disminuir la jettatura del crimen organizado en esa entidad federativa, aunque en los discursos se diga otra cosa. El líder de las autodefensas de Tepalcatepec acabó siendo el chivo expiatorio de esa ineficaz e ineficiente política anticrimen, convirtiéndose en preso político, como afirman sus seguidores a quienes ha indignado la forma en que fue aprehendido.

Molestó a Castillo que Mireles le dijera en varios tonos y en diferentes momentos que las cosas las estaba haciendo peor que mal. Las sospechas del activista comenzaron desde que sufrió el accidente aéreo donde salvó la vida milagrosamente. Siempre creyó que había sido obra del gobierno. Recordó que luego del accidente que fue traído de emergencia a un hospital del DF en donde estuvo custodiado, pero se le prohibió hablar con los medios. Otra medida fue la repentina orden que dio para que desaparecieran las autodefensas y sus integrantes que tomó el comisionado y que sorprendió mucho a sus dirigencias de autodefensas, fue la repentina decisión para que depusieran las armas de uso exclusivo del Ejército o las registraran, invitándolos después a formar parte de las fuerzas rurales.

Se preguntaban los grupos civiles armados: ¿Por qué ese cambio de actitud tan repentino después que habían venido colaborando de buena fe con el gobierno federal en la lucha contra el principal cártel que agobia a ese estado? Si bien al gobierno federal se le había ocurrido la creación de las autodefensas michoacanas, ahora quiere que los miembros de  las autodefensas pasen a formar parte de las fuerzas rurales michoacanas. Las órdenes provienen del comisionado Castillo Cervantes. Eso ha sido parte del fandango que se trae desde que llegó a Michoacán; ensaya una ocurrencia tras otra -suyas o sugeridas- y si las cosas no le salen simplemente echa marcha atrás.

Así ha estado Michoacán desde que llegó el enviado presidencial a ese estado: ensayando tácticas bajo un esquema de ‘prueba y error’. No hay una estrategia definida, si es que la hay. Una muestra es que la búsqueda, aprehensión o en su caso abatimiento del líder de los Caballeros Templarios, Servando Gómez Martínez alias ‘La Tuta’, ha quedado en el limbo. En lugar de atrapar al dirigente templario, lo cual se presumió que sería la ‘cereza del pastel’ en el caso Michoacán, se prefirió ir tras Mireles; antes la víctima había sido Hipólito Mora dirigente de las autodefensas de La Ruana que un mes después de haber sido detenido con artimañas y acusado por chismes de sus enemigos, quedó libre.

Los seguidores del médico aseguran que el dirigente de los Templarios mas le sirve vivo que muerto a Castillo Cervantes. Al parecer por ello ya no es prioridad dar con él. Se dice que es quien tiene en la palma de su mano los hilos del poder que hasta hace poco tenía y que para algunos sigue teniendo. Sigue libre porque según una versión, el capo pudo haber aceptado un pacto con el gobierno para darle información de quienes han ‘trabajado’ con él en el ámbito político, legislativo y judicial, lo que equivaldría a una suerte de ser testigo protegido sin anunciar su detención; otra versión habla de que ‘La Tuta’ optó por refugiarse en China en donde tiene amigos mafiosos.

Como sea, el caso es que las cosas en Michoacán desde hace tiempo se desbordaron y muchas comunidades quedaron a expensas de los cárteles de la droga y las mafias del crimen organizado, porque las autoridades, municipales, estatales y federales no asumieron en el momento oportuno su responsabilidad correspondiente. Hoy parece haber prisa de querer poner fin a ese desbordamiento y a ese rebase, por lo que la desesperación ha hecho presa del comisionado plenipotenciario. Pero para colmo, la encuestadora Parametría señaló que 7 de cada 10 mexicanos simpatizan con las autodefensas. Por lo pronto Castillo quitó a Mireles de en medio porque lo sacó de quicio, y porque le estorbaba; es la creencia generalizada. ‘La Tuta’, por su parte sigue libre y de pronto se volvió invisible. ¿Ahora qué sigue?

 

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