Son miles los curas pederastas

PAULINO CÁRDENAS

El papa Francisco acaba de declarar que el 2 por ciento de curas son pedófilos. Y si en el mundo hay alrededor de 500,000 sacerdotes católicos o más, imagínese usted el tamaño del peligro latente que hay en las iglesias y en las parroquias en ciudades y pueblos del mundo, de que los menores de edad pudieran ser víctimas de abusos sexuales por parte de clérigos que se escudan en la sotana y se aprovechan de la inocencia de niños y jóvenes, varones y mujeres, para violarlos una y otra y otra y otra vez, durante años, en los templos y fuera de ellos. En esas prácticas sexuales con menores el Papa incluyó a obispos y cardenales.

Al volver a tocar el tema de mayores críticas y reprobación para la Iglesia católica, Jorge Bergoglio dijo durante una reunión que sostuvo con seis víctimas de abuso por parte de sacerdotes, a quienes pidió perdón por esos incalificables abusos, que ese porcentaje de padres pederastas abusadores “es gravísimo” y prometió “usar el bastón como Jesús” contra quienes cometan esos hechos. De ser así se la pasará el resto de su pontificado condenando curas.

Según publicó el diario italiano La Reppublica, Francisco aseguró que sus colaboradores estimaron que el porcentaje de pedófilos dentro de la iglesia debe ser del 2 por ciento. Y agregó: “Lo considero gravísimo porque son sacerdotes e incluso obispos y cardenales; y otros, todavía más numerosos, saben pero callan”. Sobre este tema, prometió “usar el bastón, como Jesús” contra los victimarios de estos hechos, a la vez que calificó a la pedofilia como “la lepra dentro de la iglesia”.

Señala una publicación sobre religiones (allaboutreligion.org) que aproximadamente el 65 por ciento del total de clérigos de la Iglesia católica son considerados sacerdotes diocesanos (asignados a parroquias específicas dentro de regiones geográficas) y 35 por ciento son considerados sacerdotes religiosos (no necesariamente asignados a una específica comunidad de la iglesia) En la actualidad se estima que existe más de 1 billón de católicos romanos en el mundo, representando más del 17 por ciento de la población mundial.

Aunque no existe ningún censo global de la iglesia, y existen varios criterios para determinar la membrecía, los expertos ahora estiman que los católicos romanos comprenden casi el cincuenta por ciento de todos los “cristianos” del mundo. Los sacerdotes católicos están enfrentando un momento dramático en la historia de la Iglesia Católica Romana. Parece haber sido ayer, cuando escuchamos acerca de las acusaciones iniciales del abuso sexual dentro del sacerdocio católico que estaban surgiendo en varias partes del mundo.

En México el caso más sonado -y por supuesto ni el único en el país- fue el del padre Marcel Maciel, quien durante décadas se dedicó a violar niños, niñas y jóvenes, sin que el Vaticano hiciera nada al respecto, pese a que desde poco después de mitad del siglo pasado supo de su enfermizo vicio, además que desde entonces era acusado de ser adicto a las drogas. El Papa hebrero Joseph Raztinger Tauber no solo supo de eso desde que era segundo del Papa Juan Pablo II, sino que incluso fue acusado de soslayar esos crímenes contra niños, niñas y jóvenes durante tres décadas o más. La Logia Vaticana protegió esa red de promiscuidad sexual contra infantes y jóvenes, además del tráfico de anulaciones matrimoniales, inversiones en empresas anticristianas, habiendo nula acción contra la legalización del aborto y la homosexualidad por estadistas “católicos” y muchas otras cosas más.

En la curia romana antes de ser el Papa Benedicto XVI, Ratzinger tuvo muchos cargos. Fue entre otras cosas, miembro del Consejo de la Secretaria de Estado para las Relaciones con los Estados; de las Congregaciones para las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica, para el Clero y para las Causas de los Santos; de los Consejos pontificios para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para la Cultura; del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica; y de las Comisiones pontificias para América Latina, “Ecclesia Dei”, para la Interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico y para la Revisión del Código de Derecho Canónico Oriental.

En 1978, el cardenal Ratzinger participó en el Cónclave, celebrado del 25 al 26 de agosto, que eligió a Juan Pablo I. El papa polaco soslayo muchos crímenes de pederastia documentados como la de no castigar a Marcial Maciel. Juan Pablo lo nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional, el 25 de noviembre de 1981. El 15 de febrero de 1982 renunció al gobierno pastoral de la archidiócesis de Munich y Freising. El 5 de abril de 1993, lo elevó al Orden de los Obispos, asignándole la sede suburbicaria de Velletri-Segni.

Es decir, que tenía conocimiento pleno de todo lo que pasaba en el Vaticano incluidas las quejas de pederastia de sacerdotes en el mundo, y nunca hizo nada. Incluso el cardenal Ratzinger diseñó un protocolo (Crimen Solicitationis) que permitió a miles de sacerdotes pederastas actuar impunemente en todo el mundo, bajo la protección de la poderosa y omnipresente Congregación Católica que luego estuvo a su cargo después de que el 19 de abril de 2005 fue electo sucesor del Papa Juan Pablo II.

En 2001, reformuló el documento; pero la única variación es que ahora es el Vaticano la instancia que debe conocer y decidir sobre el caso. El procedimiento era enviar al sacerdote pederasta a otro lugar, y obligar al silencio al abusado con la excusa del secreto de confesión, y, en último caso, presionar y perseguir a quienes intentaran denunciarlo. Si se les capturaba, los obispos decían que el cura fue trasladado porque pensaban que ya estaba curado. El resultado fue la perpetuación de los casos con curas que abusaron de más de cien niños distintos. Hoy el papa Francisco pretende acabar con esas mafias de la Iglesia que protegen a padres pederastas en donde el Pontífice dice que también hay cardenales y obispos pedófilos violadores de menores.

 

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