Dragon Mart impone su ley

La empresa china Dragon Mart realiza una obra monumental cerca de Cancún amparada y con permisos obtenidos ‘a la mexicana’ aprovechando el sistema que impera en el país de transas, corruptelas y compra de voluntades, con lo que sigue haciendo de las suyas, como de nueva cuenta sucede con los graves daños al ecosistema del Caribe mexicano, sin que autoridad alguna logre ponerle un hasta aquí. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, Profepa, porque no le queda de otra, se ha remitido a imponerle multas millonarias, que con gusto la empresa china ha venido pagando con tal de seguir la construcción del que, se dice, será el segundo centro comercial chino más grande del mundo fuera de aquella nación; el primero está ubicado en Dubái. Su estreno está programado para noviembre de este mismo año.

¿Por qué a Dragon Mart se le permite que arrase con el ecosistema del Caribe mexicano? El presidente Enrique Peña Nieto, en el caso del daño ecológico que ha causado el derrame de producto tóxicos de 40,000 metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado en el arroyo Tinajas, municipio de Cananea, Sonora, provenientes de la minera Buenavista del Cobre -antes Cananea- subsidiaria de Grupo México, advirtió que se impondrán sanciones a quienes atenten y dañen el ambiente en el país. ¿Eso incluirá el desastre ecológico que ha ocasionado la empresa china en el Caribe mexicano? Habrá que ver si con Dragon Mart sucede lo mismo, aunque se sabe que en México cochupos matan voluntades políticas.

Representantes de los sectores privado, académico y ambientalistas se han opuesto a la construcción de esa monumental obra. Desde que se anunció se han opuesto al proyecto. Uno de los temores es que esa empresa china tendrá una gran plataforma en un lugar privilegiado para lanzar sus productos chinos al mercado nacional e internacional y desplazarán con su tecnología a la mercancía mexicana. Dragon Mart se construye en Puerto Morelos, cerca del centro vacacional de Cancún, Quintana Roo. La obra ha sido cuestionada por ambientalistas porque afirman que 418 hectáreas de las 570 que abarca el conjunto comercial, están catalogadas como reservas naturales en la turística Riviera Maya, en el Caribe mexicano.

El proyecto Dragon Mart consiste en instalar muy cerca de Cancún un gran centro comercial como plataforma de exhibición y venta de todos los productos que la República Popular China ofrece al mundo. El proyecto, que es mayor que el Dragon Mart que en 2004 se montó en Dubái, se construirá en un predio de 570 hectáreas, con una inversión inicial de dos mil 300 millones de pesos apoyada por el gobierno de dicho país. Son ya más de cuatro mil 500 las empresas chinas interesadas en instalarse en el Dragon Mart de Cancún.

El enorme complejo comercial tendrá locales para tiendas, habrá espacios para el ensamble de artículos y 20 mil metros cuadrados de almacenes fiscales. Se contempla un área de 722 villas para alojar a los chinos y sus familias, unas mil 500 personas, un reto para el Instituto Nacional de Migración, que tendrá que aflojar la rigidez con que actualmente tramita las visas para hombres de negocios, sus empleados y expertos extranjeros que vienen a México a trabajar.

Además de servir de plataforma para toda el área del Caribe, Centroamérica y América Latina, Dragon Mart será la puerta al mercado mexicano para la ilimitada variedad de productos chinos que entrarán a nuestro mercado nacional casi libres, gracias a la desgravación arancelaria que se ha aplicado desde hace años y, más recientemente, en favor de productos chinos. Esto agravará nuestra balanza comercial con China, que nos es marcadamente deficitaria.

Con toda razón el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado y otras cámaras y organismos empresariales se oponen la construcción del Dragon Mart, ya que acercará más que nunca la confirmada competencia inequitativa china. La decisión de dar la luz verde a la gigantesca promoción inmobiliaria del ese proyecto implicará mucho más que autorizar una obra, que al final de cuentas forma parte de una gran estrategia de hegemonía económica china.  El hecho es que el gobierno peñanietista le tomó cariño al proyecto y a juzgar por los hechos, le dio luz verde al empresario chino Hao Feng para comenzar la obra.

No se sabe cuáles fueron los criterios para la autorización, pero es un hecho que vendrá a afectar a comerciantes de Yucatán, Quintana Roo y Campeche de manera directa. Nadie sabe por arte de qué magias la empresa china logró conseguir todas las autorizaciones municipales y estatales necesarias y se supone que se habían cubierto los requisitos ecológicos. Sin embargo, la Profepa le acaba de imponer una nueva multa de 1.1 millones de dólares al gigantesco centro comercial Dragon Mart, por causar daños al ecosistema.

Después de la multa de más de 500 mil dólares que se le impuso en agosto, porque su obra no tenía autorización en materia de impacto ambiental, ahora la Profepa impuso otra multa, de 208 mil dólares, al multimillonario proyecto y le exhortó a pagar otros 897 mil dólares para que repare los daños causados. Dragon Mart “no cuenta con la autorización federal en materia de cambio de uso de suelo de terrenos forestales” y sus obras dañaron los ecosistemas de selva y vegetación hidrófila de la zona, denunció la dependencia en un comunicado. ¿Luego entonces? ¿No que esa empresa china había cumplido con todos los requisitos y disposiciones de ley, incluidas las ambientales?

El hecho es que pronto habrá una especie de invasión china en México, que comenzará en el Caribe mexicano. Como quiera que sea, el proyecto va porque va. Aunque Dragon Mart arrase con el ecosistema del Caribe mexicano. Influencia mata quejumbres de ambientalistas. Estamos en México. ¡Viva México! habrán de gritar los dueños de la empresa china.

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