El gober de Texas mira al 2016

PAULINO CÁRDENAS 

Lo que ha motivado la insistente campaña antiinmigrante del gobernador de Texas, Rick Perry, contra niños no acompañados de otros países que llegan por la frontera a su estado, cuyo paso quiere evitar con la presencia de la Guardia Nacional, es la oportunidad para proyectarse con miras a las elecciones presidenciales del 2016, con el tema de la inseguridad fronteriza que han explotado activamente desde el partido republicano. Perry es otro de los aspirantes republicanos a la presidencia de Estados Unidos. Dice tener una convicción firme y una visión para frenar la inmigración ilegal en los Estados Unidos. Empezó siendo demócrata, pero cambió sus tendencias políticas y se convirtió al partido republicano. Es todo un vaquero, según lo califican sus contrincantes, sus amigos, seguidores y él mismo.

Le encantan los reflectores y ha sido un crítico de la administración del presidente Barack Obama; ha dicho que de llegar a la Casa Blanca, podrá revertir las deficiencias que ha cometido el actual gobierno norteamericano. Afirma que trabajaría para devolverle a Estados Unidos la importancia mundial que tenía. Es un conservador duro, ya que ha manifestado que no cree en el matrimonio entre homosexuales. Apoya firmemente la posesión de armas, el libre mercado y quiere implantar un sistema de restricciones para la inmigración ilegal. Por ello es que ha criticado al gobierno mexicano y ha venido culpando a la administración peñanietista “del fracaso del gobierno mexicano para asegurar su frontera sur de la migración ilegal” o “para desplegar los recursos adecuados para controlar al crimen organizado”.

Ha reiterado una y otra vez que no habrá marcha atrás en el despliegue militar para reforzar la seguridad fronteriza. Su insistencia se reafirma en una medida que ha sido considerada por fuentes del gobierno federal como “innecesaria”, ante el nivel sin precedentes de recursos que se han invertido en los últimos años para garantizar la seguridad fronteriza. En una carta que acaba de enviarle al presidente Enrique Peña Nieto, se declaró “preocupado” por sus recientes declaraciones, quien consideró como “reprobable” su decisión de desplegar a la Guardia Nacional en la frontera. Dijo que era necesario darle una respuesta al mandatario mexicano. Lo que busca son reflectores y agarrar pleito con Peña Nieto para ganar popularidad.

Incluso Perry comulga con la idea de otros miembros de ese partido, sobre la probabilidad de que, por su “porosidad”, pudieran pasar por la frontera norte de México hacia Estados Unidos, no solo migrantes de otras naciones, sino miembros de organizaciones terroristas del Estado Islámico como Al Qaeda o Hezbollah, que pudieran atentar contra instalaciones estratégicas de la Unión Americana. Tomando como pretexto la crisis de niños migrantes que llegan solos a Texas, decidió, en una acción desmedida, enviar a mil elementos de la Guardia Nacional a la zona del Río Grande. También le ha sido criticado por los demócratas e incluso republicanos, el temor de que por la frontera con México pudieran comandos del Estado Islámico entrar a la Unión Americana a cometer actos terroristas.

Al respecto, ante el comité de seguridad interna de la Cámara de Representantes, el Secretario de Seguridad Interna (DHS), Jeh Johnson y el director del FBI, James Comey, reiteraron que a pesar de las preocupaciones de numerosos miembros del partido republicano “no existe información de inteligencia específica que indique que miembros del Estado Islámico, de Al Qaeda o de Hezbollah quieran internarse a Estados Unidos” a través de la frontera con México.

En una carta enviada al presidente Peña Nieto, el gobernador explicó que el despliegue es consecuencia directa “del fracaso del gobierno mexicano para asegurar su frontera sur de la migración ilegal” o “para desplegar los recursos adecuados para controlar al crimen organizado”. Asimismo, aprovechó su carta para articular un mensaje conciliatorio y para invitarlo a realizar una visita a su estado para comprobar de primera mano “el profesionalismo” de la Guardia Nacional y de las agencias federales para garantizar la seguridad fronteriza con México.

“Como amigos no siempre podríamos estar de acuerdo, pero hay que tener un diálogo honesto y respetuoso sobre los desafíos que compartimos”, aseguró Perry en la carta dirigida al Presidente de México y en la que, lejos de dar marcha atrás en su polémica decisión de desplegar la Guardia Nacional, se reafirma en una medida que ha sido considerada como innecesaria por fuentes del gobierno federal ante el nivel sin precedentes de recursos que se han invertido en los últimos años para garantizar la seguridad fronteriza.

“Creo firmemente que nuestra prosperidad depende de una alianza que trabaja en colaboración para hacer frente a nuestros retos compartidos de seguridad fronteriza, en lugar de considerar marginales los puntos de vista legítimos de una de las partes. Nuestra sociedad no puede avanzar si no somos capaces de reconocer los problemas graves asociados con una vigilancia fronteriza laxa a lo largo tanto de nuestras fronteras en el sur”, remató Perry.

Se estima que el gobernador texano seguirá enarbolando la bandera antiinmigrante buscando meter a México en su propósito, con la intención de llamar la atención con miras a consolidarse como aspirante a la presidencia de su país en 2016, por el partido republicano. Querrá seguir insistiendo en agarrar pleito con el mandatario mexicano, quien con toda razón le ha manifestado su preocupación por haber enviado a mil elementos de la Guardia Nacional a la zona de Río Grande, por considerarlo un exceso, sobre todo tratándose de la llegada de niños sin compañía al lado americano. Empecinado en ganar reflectores con miras a postularse para suceder a Obama, es que seguirá actuando como un gober pernicioso.

 

 

 

 

 

 

 

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