Sorpresivo anuncio de Peña Nieto

PAULINO CÁRDENAS

Durante su gira a Nueva York, en la sede de la ONU, al finalizar la 69 Asamblea General de ese organismo el presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer, de manera inopinada, que México se sumaría a las fuerzas militares de Paz de Naciones Unidas conocidas como cascos azules, además de pronunciarse a favor de que los países miembros de ese organismo hagan todo lo que esté a su alcance para favorecer que haya un mundo con paz duradera. El Senado de la República sin duda aprobará esa medida.

Esta postura de Estado por parte del mandatario mexicano habría sorprendido a su homólogo norteamericano Barack Obama, quien, en contraste, viene pugnando porque haya una coalición de naciones y se sumen a los ataques armados contra posiciones estratégicas del Estado Islámico, que han amenazado con realizar atentados en la Unión Americana y sus países aliados, como venganza por los ataques a naciones islámicas y por haber matado al máximo líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden entre otras cosas.

Hacia dentro del país también tomó por sorpresa esa decisión del jefe del Ejecutivo mexicano de participar en operaciones de mantenimiento de la paz a través de los cascos azules de la ONU, lo que implicará enviar soldados del Ejército y la Marina de nuestro país para sumarse a ese instrumento de fuerza castrense internacional, cuya misión es velar por acciones de reconstrucción, asistencia humanitaria y seguridad en países y zonas geográficas en conflicto, para coadyuvar a que cesen las hostilidades.

Acá en México saltó esa declaración, porque hacía al menos dos décadas que esa decisión de enviar soldados mexicanos a sumarse a los cascos azules no se daba, ya que era considerada una medida intervencionista, además de lo obvio: que los soldados designados a esa misión estaban en permanente peligro de muerte. Hasta antes de ese anuncio de Peña Nieto en la sede de la ONU, México había enviado soldados en tres ocasiones a sumarse a esa fuerza militar de paz. Dos con observadores militares: Los Balcanes (1947-1950) y Cachemira (1949); y una de manera directa en El Salvador (1992-1993) donde Carlos Salinas ordenó enviar a 120 policías.

El Estado Islámico de Irak e Siria tiene un brazo ejecutor terrorista ultra criminal inspirado en Al Qaeda llamado ISIS -surgido de una tropa yihadista fundada en 2003 tras la llegada a Irak de soldados estadounidenses-, que a últimas fechas se ha dedicado a ejecutar soldados norteamericano y periodistas, y cortarles la cabeza, exhibiendo ese acto a través de videos como advertencia al gobierno norteamericano y sus aliados de que su lucha va en serio contra Estados Unidos. Incluso han hecho lo mismo con extremistas enemigos que no comulgan con su extremismo criminal, a quienes fusilan masivamente o decapitan.

El líder de ISIS es Abu Bakr al Bagdadi, alguien que comparan con un fantasma ya que pocos lo conocen y apenas hay fotos de él, y que utiliza varios nombres. Estados Unidos ya puso precio a su cabeza: 10 millones de dólares. Ha prometido venganza contra el gobierno de Washington, por lo que el presidente Obama ha convocado a los gobiernos aliado a sumase a esa lucha armada contra el Estado Islámico.

En Canadá, por ejemplo, se acaba de activar una alerta porque un grupo de extremistas islámicos, supuestamente un comando ISIS, habrían entrado a ese país y temen que pudieran realizar atentados en aquella nación. Los gobiernos de varias naciones de la Unión Europea que apoyan a EU contra el terrorismo islámico, también están en permanente alerta por temor a que se infiltren terroristas de Al Qaeda, Hezbolá y el grupo más temido y radical, ISIS. Según el diario ‘The Wall Street Journal’, el presidente Barak Obama habría autorizado oficialmente el entrenamiento de grupos rebeldes moderados sirios bajo los auspicios de la CIA para combatir a los grupos del Estado Islámico.

Por ello es que el anuncio de Peña Nieto de que soldados mexicanos se sumarían a las fuerzas de Paz de la ONU a través de los cascos azules, ha sido sorpresivo, tanto hacia dentro del país, como en las esferas del más alto nivel del gobierno de Washington. Más que nada porque es una señal de que México estaría un tanto al margen de la intención del gobierno de Obama, de que nuestra nación tome como propia la decisión de apoyar los planes bélicos para combatir al terrorismo islámico. Al menos esa es la lectura que se desprende de ese anuncio hecho por el mandatario mexicano en la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

La Secretaría de Relaciones Exteriores señaló en un comunicado que “en la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

Habrá que ver si la propuesta del mandatario mexicano obtiene la aprobación del Senado de la República, y si dentro de los altos mandos castrenses están de acuerdo con la medida, aunque haya de someterse a lo que orden su Jefe supremo. Porque en los hechos resulta incongruente que si se pretenden sumar soldados mexicanos a las fuerzas de Paz de la ONU, primero tendrían que desahogarse varios pendientes que los militares -del Ejército y de la Marina- tienen respecto de violaciones a los derechos humanos.

Solo por mencionar un caso, está el asunto de las ejecuciones por parte de militares, de 22 presuntos delincuentes vinculados al narco, ultimados, según la versión de una testigo, cuando estos ya se habían rendido. Estos hechos sangrientos que ponen en supuesta evidencia al Ejército, sucedieron en el poblado de Tlatlaya, al sur del Estado de México, el pasado 30 de junio. Por lo que se ve, ahí no hubo el respeto ni la protección de los derechos humanos. El gobierno peñanietista tendría que dilucidar la verdad de ese sospechoso caso, antes de convertirse en farol de la calle.

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