Obama se apunta con reclamos

PAULINO CÁRDENAS

Al mandatario estadounidense le resulta fácil ver la paja en el ojo ajeno. En días recientes, por segunda vez desde que se dieron los hechos de los 43 estudiantes desaparecidos, su administración ha señalado que “es un crimen que demanda una investigación clara y transparente”. Sin embargo, hay asuntos que no ha exigido para su propio país, como ha sido el alto consumo de estupefacientes de los norteamericanos, y sí en cambio hace unos días mandó una carta al Congreso norteamericano quejándose que nuestro país “es el principal proveedor de derivados de opio a Estados Unidos”.

Hay, pues, temas a los que no le ha entrado como debiera, como fue el soslayado tráfico de armas que realizó de manera soterrada la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), con el pretexto de seguirle la pista a los capos de la droga que operan en nuestro país. Ese programa, que duró años y que comenzó en la administración de George W. Bush, había venido operando de manera soterrada con la obvia autorización del gobierno norteamericano bajo el nombre de Rápido y Furioso, del cual se supo cuando se dio la denuncia que hizo un agente de la ATF, John Dodson.

Ese asunto acabó siendo un escándalo el cual al final de cuentas quedó de hecho en la impunidad. Con la operación de ese programa quedó en claro que el gobierno de Estados Unidos intencionadamente había venido vendiendo armas de asalto a cárteles mexicanos de la droga desde hace años, bajo el pretexto de que la operación se venía realizando con el propósito, dizque, de seguirle la huella a los capos de la droga y saber en dónde estaban sus guaridas en México, para sumar esa información a los aparatos de inteligencia antidrogas de aquel país.

Habrá que recordar que la operación en sí constituyó una violación a la soberanía mexicana ya que se supo que agentes norteamericanos operaban en nuestro territorio monitoreando supuestamente la ruta de las armas que eran vendidas deliberadamente a compradores que surtían a personeros de los cárteles de la droga que operan en México. Hubo descuido, una interminable serie de errores y falta de criterio, por lo que al final trascendió que una de esas armas había servido para ultimar a un agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas de EU (ICE), Jaime Zapata, en territorio mexicano. Esos hechos alcanzaron nivel de escándalo entre 2011 y 2012, el cual escaló los niveles federales y alcanzó al propio Fiscal estadounidense Eric Holder.

En los dimes y diretes trascendió lo dicho por el agente supervisor, Peter Forcelli, que “los agentes de la ATF asignados a la División de Phoenix, con la aquiescencia de su cadena local de mando, dejaron salir las armas”. Pero la declaración del agente de la ATF John Dodson, fue determinante. Testificó ante el Congreso: “Aunque mi instinto me hizo querer intervenir e incautar estas armas, mis supervisores nos dieron órdenes a mí y mis colegas de no parar nada ni de hacer arresto alguno”.

Y otro agente de la ATF, Olindo James Casa, testificó: “En varias ocasiones, yo personalmente pedí que se interceptaran o requisaran las armas, pero siempre se me ordenó que estuviera quieto y no decomisara las armas”. Al final de cuentas hubo la orden del gobierno de Washington que al asunto se le echara tierra y que ningún funcionario ni ex funcionario de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos hablara más del asunto. Eric Holder, el fiscal general del gobierno de Obama acabó renunciando por las presiones del caso. No se sabe si la operación Rápido y Furioso continúe realizándose bajo otro nombre, y sigan pasando armas a México que al final quedan en manos del crimen organizado.

Y en un documento enviado al Congreso estadounidense el pasado 16 de septiembre, Obama manifestó su ‘preocupación’ por los altos índices de cultivo de mapola en nuestro país, señalando que en los últimos cuatro años habían aumentado 324 por ciento el decomiso de heroína en la frontera con México. A Obama le resulta fácil lanzar la pedrada a nuestro país respecto del cultivo y tráfico de drogas a su territorio desde el nuestro, pero su gobierno no hace nada para evitar el consumo de estupefacientes de los propios norteamericanos que son campeones mundiales en el consumo.

Habría que recordar que en una ocasión, el presidente Lyndon B. Johnson le reprochó al mandatario Gustavo Días Ordaz, que México era el trampolín de la droga hacia Estados Unidos, a lo que Díaz Ordaz respondió: sí, pero si ustedes cerraran la alberca no habría trampolín. Eso sigue vigente con respecto a lo que reprocha Barack Obama en la carta que envió al Congreso estadounidense hace unos días. Mientras haya demanda de drogas, ahí estarán los proveedores.

Vienen al caso estos recordatorios, porque esta semana, por segunda ocasión en lo que va del mes, Estados Unidos se pronunció sobre el tema de Ayotzinapa; el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, indicó que el gobierno de Estados Unidos “está preocupado” por la desaparición de los 43 estudiantes de Guerrero.
 Esta semana la Casa Blanca se manifestó “preocupada por los reportes” relacionados con la desaparición de 43 estudiantes en el estado mexicano de Guerrero. Y el pasado 7 de octubre, su portavoz Jean Psaki había señalado que el caso de los estudiantes asesinados o desaparecidos desde el pasado 26 de septiembre, “es un crimen que demanda una investigación clara y transparente”.

El pronunciamiento en Washington se da en momentos en que la Procuraduría General de la Republica presenta las pesquisas en Puente Río San Juan, en el municipio de Cocula, Guerrero, para corroborar las versiones de los cuatro miembros del cártel Guerreros Unidos, que fueron detenidos y confesaron haber participado en la desaparición de los 43 estudiantes la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre. ¿Qué dirá la Casa Blanca de comprobarse que los restos que buscan en un tiradero de basura del mencionado municipio, sí corresponden a los estudiantes normalistas? ¿Exigirá la renuncia de Peña Nieto?

 

 

 

 

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