¿De veras fue a corazón abierto?

PAULINO CÁRDENAS

¿Qué tanta razón o conocimiento tiene el padre Solalinde de esa supuesta revelación de que, según malévolos planes de connivencia entre el PRI y el PRD, a José Luis Abarca Velázquez, “lo encontraron en Veracruz y lo fueron a ‘sembrar’ a territorio opositor en el Distrito Federal, en Iztapalapa”? Hay quienes quieren empatar esta temeraria declaración del clérigo, con la supuesta intervención ‘a corazón abierto’ del jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera. Los incrédulos aseguran que esa intervención solo fue una mascarada, por la rapidez con que fue dado de alta y la forma como, tan girito, salió del hospital, como si nada, como si anduviera en campaña. ¿Mascarada por qué?

Se conoce por cirugía a corazón abierto a cualquier intervención quirúrgica en la que se abre el tórax y se realiza una operación en el miocardio, las válvulas y el resto de las secciones del corazón. Quienes aún sin conocer de medicina ni de cirugías, pero que han pasado por algún evento similar, saben pues, que para hacer esa clase de intervenciones, los médicos deben aserrar los huesos de la cavidad torácica para tener acceso al corazón. En la unidad de cuidados intensivos poco después de la operación, el paciente tendrá tubos y cables conectados a su cuerpo. Es normal que tenga un aspecto pálido, y la cara y el cuerpo muy hinchados.

El paciente no podrá hablar a causa del tubo en la garganta, y algún familiar o alguien de su confianza, podrá ayudarle a comunicarse si lo necesita, dice el programa de información de salud Conemaugh Health System. También señala que el paciente podría salir en tres o cuatro días, si así lo determinan los especialistas y dependiendo el tipo de operación que se le haya hecho al paciente. Se asegura que la recuperación de una operación a corazón abierto requiere de mucho reposo y cuidados, y a no ser que se trate de un ‘superhombre’ con una capacidad de recuperación inaudita, la convalecencia no sería tan corta.

Ni Arnold Schwarzenegger en sus mejores tiempos se recuperaría tan rápido de una intervención de esa naturaleza. Menos quien tiene una constitución física frágil como se ha observado en Miguel Ángel Mancera desde que era procurador de Justicia del DF, quien ciertamente es un hombre que desde hace tiempo ha hecho ejercicio para conservar la figura, no obstante la arritmia cardiaca que padecía. Por la manera tan olímpica que salió del hospital, comenzaron las especulaciones y los sospechosismos. Pero en fin, hay quienes esa internada en el hospital de Mancera creen que fue una mascarada.

¿Por qué se cree que habría sido un acto de escapismo esa intervención ‘urgente’ y ‘a corazón abierto’ del jefe de gobierno, quien salió muy girito del hospital como quien saliera más bien del gimnasio muy fresco y rozagante? Porque los suspicaces dicen que con eso trató de hacerse a un lado de una supuesta ‘jugada maestra’ de connivencia que traían entre manos, según el sacerdote Alejandro Solalinde, el PRI y el PRD, de ‘sembrar’ en Iztapalapa a la pareja infernal integrada por José Luis Abarca Velázquez y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa, quienes habrían sido detenidos desde el 23 de octubre en Veracruz.

Para muchos esa detención fue un montaje al estilo de los que gustaba realizar el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, con la anuencia de su jefe el panista Felipe Calderón. Habría que ver las fechas de esos acontecimientos: la noche del viernes 31 de octubre la televisora más influyente del país dio a conocer que el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, había sido internado en el hospital ABC de la capital, para un chequeo ‘de rutina’ de una arritmia cardiaca, y que al realizarle una ablación programada, de pronto sufrió una perforación cardiaca lo que motivó, según los médicos, que tuviera que ser intervenido de urgencia ‘a corazón abierto’.

Ese fin de esa semana la hospitalización e intervención ‘a corazón abierto’ de Mancera, fue parte de las informaciones destacadas en los medios, junto con el caso de los jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa. Curiosamente, el martes 4 de noviembre, la PGR anunciaba que esa madrugada había sido detenido en una vivienda abandonada de Iztapala, el ex alcalde José Luis Abarca Velázquez y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa.

El sacerdote Alejandro Solalinde -quien había venido afirmando que los 43 normalistas desaparecidos desde el 26 de septiembre habrían sido asesinados y algunos de ellos quemados vivos, versión que al final ha dado virtualmente por buena el titular de la PGR, Jesús Murillo Karam, con base a declaraciones de tres supuestos criminales detenidos que habrían participado en ese escalofriante hecho- hizo ahora, en entrevista con Carmen Aristegui en la radio, con información de La Jornada, otras revelaciones por demás temerarias.

Dijo que al ex alcalde de Iguala, Guerrero, José Luis Abarca Velázquez, “lo encontraron en Veracruz y lo fueron a ‘sembrar’ a territorio opositor en el Distrito Federal, en Iztapalapa, donde hay tantos electores”. Y añadió: “Ahí se subrayó la complicidad del Partido de la Revolución Democrática, que había sido tan buena comparsa del Revolucionario Institucional, igual que Acción Nacional”. De acuerdo con La Jornada, las declaraciones del religioso las hizo ante cientos de alumnos de la Universidad de Guadalajara reunidos en el paraninfo Enrique Díaz de León, donde impartió la conferencia ‘Ayotzinapa, verdad y justicia’.

El clérigo aseguró que no es cierto que al gobierno le interese la tragedia; lo que le interesa es sacar provecho electoral. Dijo que han estado manipulando toda la información para beneficio del PRI-gobierno”. Agregó que lo que busca el PRI en Guerrero es recuperar el gobierno del estado, por lo cual existen varias estrategias, que incluyen criminalizar la protesta, culpar a otros “y mostrar que ellos son mejores”. Dijo que las protestas en el país son “signo de los tiempos”, una “prueba irrefutable de una necesidad de cambio” al que la cúpula de la Iglesia y los jóvenes tendrían que ser sensibles.

Es en torno al caso Ayotzinapa que se enclava la internación hospitalaria y la operación ‘a corazón abierto’ del jefe de gobierno del DF. Además, salió del hospital un día después de los actos vandálicos en Palacio Nacional del sábado. Qué suerte y qué coincidencia. O sea, a mí ni me miren. Curioso episodio. Curiosos los tiempos. Por ello las suspicacias y el sospechosismo, a todo lo que da, después de lo que asegura el padre Alejandro Solalinde.

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