Cárdenas le serviría al exiguo sistema

PAULINO CÁRDENAS 

Cuando de manera reiterada el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano exigía la renuncia del líder del PRD, Carlos Navarrete, quien acabó renunciando fue él porque, dijo, con la actual dirigencia “hay profundas diferencias” y que dimitía “para no correr el riesgo de compartir responsabilidades de decisiones tomadas por miopía, oportunismo o autocomplacencia”. Se quejó, en su carta de renuncia, que pese a esperar un debate interno sobre sus planteamientos, “la respuesta de las dirigencias fue el silencio” y tampoco hubo cambios en el mecanismo de la toma de decisiones al interior de la organización.

La renuncia del ingeniero Cárdenas fue un tanto sorpresiva, aunque esperada; los que lo conocen esperaban que antes que la de Navarrete, lo más probable era que él enviara la suya al PRD; y así fue, la formuló y fue con carácter de irrevocable. Dijo que seguirá en la vida pública pero sin partidos. Con esa declaración él mismo descarta que pudiera irse al PRI de donde salió para formar el PRD. Hay quienes se han atrevido a decir que más le serviría al exiguo sistema, que a algún partido político.

Dijo también, respecto de lo que queda del partido del sol azteca, que él no recomienda a nadie salirse o quedarse en sus filas. Cada quien decidirá lo que tenga que decidir, recalcó. Tampoco es su intención la de formar otro partido aclaró el ex candidato presidencial, que en 1988 habría salido ganador de la contienda electoral ante Carlos Salinas de Gortari, Manuel J. Clouthier y Rosario Ibarra. La derrota no fue aceptada por sus seguidores, que le pedían entonces iniciar una revuelta, tomar las calles; incendiar el país, pues.

El ingeniero no aceptó esa estrategia; prefirió replegarse, pese a que era vox populi que había habido fraude, ya que llevaba no solo la delantera en algunos estados y en el Distrito Federal, sino que había arrasado. Hace tiempo Bartlett reveló en entrevista con el diario La Jornada que en aquella ocasión fue presionado por la dirigencia del PRI y el equipo de campaña de Carlos Salinas de Gortari para que la misma noche del 6 de julio de 1988 declarara ganador de la elección a este último, haciéndolo no solo en su calidad de secretario de Gobernación, sino porque lo facultaba el hecho de ser al mismo tiempo presidente de la Comisión Federal Electoral. No hubo ‘fraude cibernético’ afirmó; dijo fue presionado por sus correligionarios de la cúpula partidista, no obstante que se daba como ganador a Cárdenas.

Hubo reclamos aquella misma noche por parte de Cárdenas, Clouthier y Rosario Ibarra de Piedra, los otros candidatos de oposición, pero sus reclamos no prosperaron. En sus memorias, Miguel de la Madrid afirma que le solicitó a Bartlett no divulgar las cifras que en ese momento daban la ventaja a Cuauhtémoc Cárdenas. “Sí, dice que me habló y me preguntó cómo iba la elección, y que yo le respondí que Cárdenas iba avanzando en algunos estados y en el Distrito Federal arrasando, y que entonces me pidió no dar ninguna información, porque si decía que iba ganando el ingeniero, con base en datos parciales, ya después nadie creería que no fue así”.

Además de las llamadas que recibió “todo el tiempo” del presidente De la Madrid, Bartlett reveló que también hubo presiones del dirigente del PRI y “de la gente cercana” al candidato priísta. Pretendían que, como había hecho seis años atrás el entonces secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana, al declarar vencedor de la contienda a De la Madrid la noche de la elección, “yo hiciera lo mismo con Salinas de Gortari, pero me negué”. Como sea, esa fue una oportunidad histórica que el llamado líder moral del PRD desdeñó. Para muchos le faltó la enjundia necesaria: para otros es que prefirió negociar con el sistema que dominaba el PRI. Se creyó que sería el arranque de una nueva etapa en su vida política. Pero no fue así.

Al final, quien le fue ganando la partida políticamente hasta desconocerlo, fue Andrés Manuel López Obrador, quien se adueñó del partido que había creado su entonces progenitor político, el ingeniero Cárdenas, a quien al final traicionó. La ambición del tabasqueño era inconmensurable, quería un lugar en la historia política, luego le vino la obsesión de querer ser presidente de México, hasta la fecha. Lo intentó dos veces pero fracasó. Sobre la salida de ambos del PRD dicen que fue obra de Los Chuchos, Jesús Ortega y Jesús Zambrano, quienes formaron parte de una de las tribus más deleznables de la izquierda que se ha convertido en tienda de franquicias, perdiendo, como dijo Cárdenas en su renuncia, la esencia que le dio vida al sol azteca.

El líder moral del PR, en su reunión que sostuvo el martes con el dirigente Carlos Navarrete, saliendo de ese encuentro reiteró que mantenía su postura sobre la necesaria renuncia del dirigente del partido del sol azteca. Dijo de paso, a pregunta expresa de un reportero, que evaluaría su permanencia en el partido, “pues así como se encuentra hoy, no es útil para servir a las causas que le dieron origen”. Y sin decir agua va, aunque fue una renuncia anunciada, no dejó de ser sorpresiva.

Sobre renunciar o no, dijo ese martes, “es una reflexión que tengo que hacer en estos días; hay muchos escenarios que considerar; tengo que ver como están; tengo que hacer una valoración de cuál es la situación del partido, del país y de mi propia situación”. Luego de presentar su renuncia con carácter de irrevocable, el fundador del PRD se quedará como líder moral, sin partido y sirviendo a las causas por las que siempre ha luchado.

Sería un desperdicio que el deteriorado sistema no aprovechara la capacidad y experiencia de ese hombre, que pese a sus altas y bajas y a tener enemigos, no deja de ser un ejemplo señero de la política en nuestro país, más ahora que esa actividad está tan desprestigiada porque solo ha servido para intereses particulares y no de la nación. Cárdenas es uno de los especímenes raros en extinción que quedan en la política mexicana; de los menos echados a perder. Sería un gran asesor de los políticos enanos que tiene México con visión de grandeza para la República de la que éstos carecen. Le serviría mucho al exiguos sistema.

 

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