El peligroso camino de la violencia

PAULINO CÁRDENAS

¿En qué momento podría estallar una rebelión en México? Por como están las cosas en nuestros días, eso podría acontecer en cualquier momento. Eso quisieran algunos, los que están empeñados en ‘derrocar’ a Peña Nieto. A juzgar por la violencia subversiva que se ha visto en las calles casi cotidianamente, con el pretexto de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Iguala, Guerrero, grupos adiestrados para destruir y matar, podrían estar decididos a cambiar las bombas molotov y los fierros que utilizan para agredir, por rifles de alto poder, granadas y todo tipo de armas de ataque, para comenzar una rebelión en el país con prédicas contra el gobierno y su máximo mando.

Las izquierdas que estarían detrás de esa gesta y que sienten que tienen en exclusiva la vocación revolucionaria, son los que creen tener potencialmente el derecho a alimentar el despropósito de derrocar al presidente o que dimita ante tantas presiones que su gobierno no ha sabido manejar ni resolver, por falta de imaginación y por ausencia de un visión con altura de miras, pero sobre todo, por una falta de decisión y de voluntad política para dar un golpe de timón y enderezar la nave que cada día parece que va a zozobrar. Cierto es que hay factores que han propiciado un malestar generalizado entre la población. En primer lugar está el problema de la inseguridad que ha rebasado al gobierno federal.

La inseguridad es un problema heredado por el gobierno de Felipe Calderón -al que por cierto nadie toca en las enardecidas consignas callejeras-, quien es el culpable de que los cárteles se hayan alborotado y hayan retado a su gobierno cuando declaró que iría tras los capos de la droga y los cabecillas del crimen organizado, lo cual acabó siendo una fanfarronería ya que lo único que logró -con la ayuda de su funcionario favorito, Genaro García Luna-, fue administrar ‘su’ guerra a la que le dedicó todos los recursos habidos y por haber, la cual dejó un saldo de más de 80 mil muertos y miles de desaparecidos de manera forzada, además de cientos y cientos de familias desplazadas.

Es contra el actual mandatario la virulencia de personajes que apoyaban a Andrés Manuel López Obrador -empezando por la del propio tabasqueño-, quien perdió por segunda ocasión consecutiva la presidencia, primero ante Calderón y después ante Peña Nieto. Todo el odio acumulado incluidas las dos derrotas para gobernador en Tabasco, en donde también dijo que había habido fraude en su contra, lo descargó -y sigue descargándolo- contra el mexiquense quien, ciertamente, trae consigo muchas cuitas en su haber, como el de sus cuestionados padrinos políticos, sus propiedades supuestamente heredadas, y el fraude que le achacó López Obrador, para lograr el triunfo en las urnas en 2012.

También le echan en cara los antipeñistas al desdoro presidencial ante los llamados de ayuda que le hacían muchas familias de Michoacán agobiadas por los cárteles de la droga -La Familia Michoacana y los Caballeros Templarios-, porque solo le interesaba atender sus reformas; le achacan la incapacidad de su gobierno para disminuir la criminalidad organizada, el ocultamiento que se quiso hacer de los 22 fusilamientos de Tlatlaya por parte de militares, la tardanza para solucionar el caso Ayotzinapa, y de pilón el tenebroso asunto de la ‘casa blanca’, una propiedad que ha quedado en el ámbito de la sospecha por ser un aparente pago a favores recibidos por parte del Grupo Higa, asunto que la empresa Televisa terció para tratar de paliar el escándalo que alcanzó a la primera dama, la actriz Angélica Rivera, asunto que traspasó las fronteras y que ha sido motivo de críticas en el extranjero, donde la imagen de México ha quedado por los suelos.

Lo cierto es que el descontento generalizado no es solo por el caso de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos y que sus familiares insisten en que están vivos y quieren que Peña Nieto se los devuelva vivos, sino que han sido una serie de asuntos que se le han venido acumulando al jefe del Ejecutivo y que su gabinete de seguridad que encabeza el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, no ha podido resolver, incluido el otro tema que también preocupa sobremanera a los mexicanos que es la del rubro económico y financiero que está en manos de otro de sus dos alfiles para la presidencia, Luis Videgaray Caso, tema sobre el cual se han lanzado cualquier cantidad de promesas y cifras de aliento, pero sin resultados.

El caso es que el coctel para que haya una rebelión generalizada tiene los ingredientes necesarios. Una revuelta se gesta precisamente con esos ingredientes, cuando todos esos factores se juntan y ponen en aprietos a los gobernantes. Hace dos días se conmemoró el 40 aniversario luctuoso de uno de los guerrilleros más conocidos de México, Lucio Cabañas. En ese evento, celebrado el pasado martes 2 en Chilpancingo, la capital, se exaltó el espíritu de lucha, la conciencia de clases y los ideales que enarboló para construir un gobierno de los pobres; luchó por un régimen que encabezara un poder que mejorara las condiciones de vida de los pobres. En ese evento participaron integrantes del movimiento magisterial y normalistas. Fue una megamarcha.

Los participantes partieron del monumento a Vicente Guerrero al norte de la capital. Carlos Botello Barrera, uno de los dirigentes de la Sección XIV Democrática del SNTE, que marchó encapuchado en la manifestación, declaró: “Nos acompaña el espíritu revolucionario de Lucio Cabañas Barrientos, porque su lucha es y seguirá siendo un referente para que nosotros ahora sigamos pugnando porque esta sociedad cambie y mejore”. Añadió que el movimiento magisterial y normalista en el país, retoman y rescatan las ideas de Lucio Cabañas, “porque la nueva clase política no representa los derechos del pueblo”. Señaló que “la conciencia de clase del comandante Lucio Cabañas Barrientos, también nos acompaña, porque aspiramos a cambiar el actual sistema de vida”.

Aseguró que al igual que el legendario guerrillero -que murió peleando en el punto conocido como El Otatal, en el municipio de Tecpan, en la Costa Grande de Guerrero-, “los maestros y normalistas luchan también por instaurar una sociedad en la que no haya ni ricos ni pobres”. Sostuvo que el ideario de Lucio Cabañas, “son la raíz de nuestra Normal Rural de Ayotzinapa, de las normales del país, y del magisterio democrático en general”, y “tratamos de que la sociedad en su conjunto también sea parte de ellas; ese es el mejor homenaje que podemos hacerle”. En otros estados como Oaxaca, Michoacán, Morelos y Chiapas, los ánimos andan igual. Eso debería preocupar a Peña Nieto, a su gabinete de seguridad y a las Fuerzas Armadas. Sigue el avance por el peligroso camino de la violencia.

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