Reconoce Nuño miopía del gobierno

PAULINO CÁRDENAS

“No vimos la dimensión del problema” de inseguridad en México, reconoció el jefe del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto, Aurelio Nuño, al hablar de la crisis por la que pasa el país, y reconoció que al gobierno federal le “faltó una agenda más contundente en materia de seguridad y de Estado de Derecho. Nos quedamos cortos. No vimos la dimensión del problema y la prioridad que debería haber tenido”. En entrevista con el diario español El País, aseguró, en aras de aligerar la carga de responsabilidad del actual gobierno en el caso Ayotzinapa, que “pensar que es problema de un gobierno, es no entender nada. Iguala es un problema estructural”.

Lo bueno es que Nuño reconoce la miopía del gobierno peñanietista, pero no solo es en el caso de Ayotzinapa, al que por cierto lo que el gobierno busca a paso acelerado es enterrar ese problema y que con el tiempo se olvide, lo que resulta casi imposible porque millones de mexicanos están muy enardecidos por la incapacidad de la actual administración de resolver no solo el caso de los 43 estudiantes desparecidos, sino en muchos otros asuntos de la vida de México que están pendientes. Por ello mucha gente, aún la que votó por él, no solo está decepcionada, sino que quiere que renuncie. Eso es un hecho. Y el cártel antiPeña atiza la idea.

Lo del tema de las reformas, por más que se quiera retomar, ya no le hace click a los mexicanos; están más bien preocupados en qué va a pasar con el país con un gobierno que en dos años no ha hecho gran cosa; los problemas de inseguridad siguen estando ahí, la violencia lo mismo, la corrupción sigue a tropel cobijada por la impunidad y los cárteles de la droga, felices. Y si se voltea a ver el espectro de la economía las cosas están igual o peor. México se debate pues, entre inseguridad, caída del peso y del precio del petróleo, y una ineficiencia de un gobierno que tiene perdida la brújula. Aurelio Nuño de algún modo lo reconoció.

El reportaje de El País señala que “la desaparición y muerte el pasado 26 de septiembre de 43 humildes estudiantes de magisterio en Iguala, en el Estado de Guerrero, uno de los más pobres del país, conmocionó a la sociedad mexicana como hacía décadas que no ocurría, poniendo dramáticamente en primer plano la complicidad del poder político, municipal en este caso, con la violencia del crimen organizado y la corrupción y la impunidad de las instituciones y sus representantes”.

Indicó que “al cóctel emocional de vergüenza, frustración y cólera de la opinión pública se sumó después la tardía e insuficiente respuesta del Gobierno y, aún peor, el descubrimiento de que la esposa del presidente compró una mansión por varios millones de dólares a una constructora beneficiada con la adjudicación del futuro tren de alta velocidad México-Querétaro, posteriormente cancelada. La tragedia de Iguala pasó a convertirse en crisis nacional —“la más grave desde el tequilazo de mediados de los años noventa”, según un portavoz oficial— en un contexto de estancamiento económico y de promesas incumplidas”.

El hecho es que así es. Esa es la imagen que se tiene de México y de la inseguridad que prevalece en nuestro país, y que el caso Ayotzinapa viene a ser el ícono más dramático para el sexenio de Peña Nieto. Será un estigma para e resto de su administración. Y conste que el jefe del Ejecutivo mexicano no tuvo que ver directamente en el desarrollo de los hechos en torno a la desaparición forzada de los 43 estudiantes rurales de la escuela ‘Raúl Isidro Burgos’ de Iguala.

Más bien los verdaderos culpables son el ex presidente municipal, José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda, al jefe de seguridad pública de iguala que sigue prófugo, a los cárteles de los Guerreros Unidos y de Los Rojos, y en todo caso al gobernador que también anda desaparecido, Ángel Heladio Aguirre, así como los perredistas que arroparon al alcalde para que llegara a gobernar Iguala a su antojo con la ayuda de su mujer, vinculada a los cárteles de la droga de los hermanos Beltrán Leyva y al de Guerrero Unidos.

Del otro escándalo del que sí no podrá escapar la pareja presidencial, es el de la famosa ‘casa blanca’ de las Lomas de Chapultepec, y de los haberes que tiene en su lista de bienes el propio presidente según su declaración patrimonial, lo cual contrasta con la miseria en que viven millones de mexicanos, incluidos los padres de los 43 estudiantes humildes que sufren la desaparición forzada de sus hijos desde el pasado 26 de septiembre y cuyo anhelo de los jóvenes que no aparecen era el ser maestros rurales.

Señala el reportaje del diario español que el nuevo Gobierno del PRI, el partido hegemónico durante 70 años, a quien hasta sus críticos más duros atribuían una habilidad especial para acotar la violencia generada por el narcotráfico, y que había hecho bandera de la modernización del país a través del Pacto por México, la agenda de reformas consensuada con la oposición, trata ahora de recuperar la iniciativa política. No es tarea fácil. Iguala marca un antes y un después en este sexenio, y el hoy es peor que el ayer.

Y agregó: Aurelio Nuño, jefe de gabinete de Peña Nieto y figura emergente del PRI más joven, no tiene empacho en reconocer errores en este trayecto de la esperanza a la desconfianza. “Nos faltó una agenda más contundente en materia de seguridad y de Estado de Derecho. Nos quedamos cortos. No vimos la dimensión del problema y la prioridad que debería haber tenido”, afirmó.

Dijo, pues, lo que otros miembros del gabinete callan y que ha sido el motivo principal del decepcionante gobierno que tuvo un arranque de caballo de pista y que al paso del tiempo ese ímpetu se ha ido desvaneciendo. De aquel ‘Mexican Momento’ de hace apenas unos meses, el país pasó a ser ‘Ayotzinapa Moment’, por timoratez y miopía del gobierno. De ahí la preocupación de millones de mexicanos. De ahí que los que integran el cártel antiPeña quieren que renuncie.

 

 

 

 

 

 

 

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