Peña tiene enemigos muy cerca

PAULINO CÁRDENAS

El presidente Enrique Peña Nieto sabe que tiene enemigos muy cerca de él. Solo tendría que decidirse a exhibirlos, pero dicen que no lo hace porque sufriría una gran decepción y porque sería su muerte súbita políticamente hablando. No obstante, si deja que las cosas vayan como han ido, lo seguirán metiendo cada vez en más honduras de cara a la nación y su imagen se irá deteriorando cada vez más ante el mundo. Se dice que un caso que para muchos resultaría impensable que no hubiese dado la orden, es en el ámbito militar; sin embargo, es donde ha habido la sospecha de que hubo órdenes de acabar con grupos subversivos como habría sido en el caso de los estudiantes desaparecidos; órdenes que él no habría dado. Una versión de los periodistas Anabel Hernández y Steve Fisher revelan que la Policía Federal y el Ejército habrían colaborado con agentes municipales en la desaparición forzada de los normalistas. Ese es el nuevo escándalo.

Esa versión periodística aparecida en el semanario Proceso, contradice el argumento oficial de que los estudiantes fueron entregados por policías de Iguala y de Cocula, y entregados a una célula del cártel Guerreros Unidos, quienes los condujeron a un basurero, los asesinaron y los quemaron, según testimonio de jóvenes detenidos por la PGR que participaron en esos hechos. Por supuesto que el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, desmiente aquella versión, y da por buena la que él narró en la conferencia de prensa del pasado 7 de noviembre. La escuela normal ‘Raúl Isidro Burgos’ ha sido considerada siempre cuna de estudiantes que reciben adiestramiento subversivo incluso de parte de gente vinculada a los grupos guerrilleros guerrerenses, por lo que habría la orden de exterminar a sus principales cabecillas.

Esto se ha venido manejando y se menciona incluso que el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), tiene ‘fichados’, entre otros, a Ramos Reyes Guerrero, secretario general de la coordinadora de maestros disidentes de Guerrero (Ceteg), quien se dice que fortalece el vínculo de esa sección ‘con la subversión’, refiriéndose a guerrillas o membretes de éstas que conviven con el estudiantado de esa escuela. Pero hay más gente que está catalogada por el Cisen como ‘Factores de riesgo en el estado de Guerrero’. Junto con Reyes Guerrero, también está el abogado de los padres de los normalistas, Vidulfo Rosales; Pedro Eligio Cabañas; Taurino Rojas González; Florencio Andreu Castañeda; Miniervno Morán Hernández, y Manuel Rodríguez Galávez.

La escuela normal rural ‘Raúl Isidro Burgos’ fue fundada hace 87 años. Allí estudió Lucio Cabañas, el mítico dirigente guerrillero de ese estado. Egresó como profesor a los 27 años. Esas normales rurales han estado bajo el acoso gubernamental. Sus alumnos se aglutinan en la organización estudiantil más antigua de México: la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM). Lucio fue su líder nacional en 1961, cuando todavía existían 28 escuelas de este tipo. La matrícula escolar de Ayotzinapa es de alrededor de 535 alumnos. Calzan huaraches. Todos son hijos de campesinos pobres de la Montaña, Sierra, y Costa Chica de Guerrero. Serlo y tener certificado de bachillerato son condiciones para ingresar.

Esta institución es una de las pocas opciones de movilidad social que tienen. A diferencia de otros maestros que buscan trabajar en las grandes ciudades, los que terminan sus estudios en ella desean enseñar en comunidades pobres y marginadas. Al ingresar, los jóvenes viven internados en la escuela, reciben una beca y tres comidas al día en el comedor. El presupuesto para alimentación por alumno apenas alcanza. Uno de los principales reclamos de los estudiantes ha sido lograr un mayor presupuesto. El internado cuenta con dormitorios, baños y lavaderos muy modestos. En las áreas de cultivo los alumnos siembran, crían animales y preparan alimentos. Eso habían comenzado a hacer los 43 normalistas desaparecidos ya que la mayoría era principiante.

El caso Ayotzinapa ha sido el principal detonante de los problemas que se le han ido acumulando a Peña Nieto o que le han achacado. Lo que se sospecha es que para ‘aquietar’ el ímpetu de los belicosos estudiantes de esa escuela normal rural, se le habría querido dar un ‘escarmiento’ al alumnado, y de paso enviar un mensaje a los grupos guerrilleros que se supone han estado detrás de esa beligerancia. De ahí la versión de los reporteros Anabel Hernández, de Proceso, y Steve Fisher del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de California en Berkeley, de que miembros de la Policía Federal y del Ejército -acaso soldados en retiro del 27 Batallón de Infantería de Iguala-, habrían actuado en complicidad con agentes municipales para la desaparición forzada de los jóvenes.

En todos esos hechos parecería que ‘alguien’ ha estado tomando la iniciativa de ir contra los que están considerados ‘Factores de riesgo en el estado de Guerrero’. Incluso los familiares de los normalistas se han juntado con esos grupos de La Montaña, Sierra, y Costa Chica, y creen más en ellos que en las autoridades federales. Por otra parte, se asegura que los padres de los desaparecidos han seguido siendo hostigados por parte del gobierno federal, para que ‘le bajen’ a su exigencia de que los jóvenes aparezcan vivos. Muchos supondrían que ciertas tomas de decisión le pasan de noche al jefe del Ejecutivo, por lo que el mandatario ha quedado en entredicho ante la sociedad y los hechos lo han expuesto al vapuleo, aduciendo incapacidad de su gobierno para resolver el misterio de los normalistas que a la fecha no se sabe si están vivos o muertos.

Se dice que hay quienes han estado tomando decisiones por debajo de la mesa a nombre del presidente sin que éste se haya enterado. ¿Quiénes son? ¿Qué tan cierta es esa versión de que la Policía Federal y el Ejército habrían colaborado con agentes municipales para realizar la desaparición forzada de los estudiantes en Ayotzinapa? Los sospechosistas dicen que el mandatario tiene enemigos muy cerca, gente que le quiere hacer daño, pero que él no ha querido actuar porque teme sufrir una gran decepción, y porque sería un hara-kiri político. El propio mandatario declaró hace no mucho que había quienes querían desestabilizar a su gobierno. Y sí. Todo indica que sí. Aunque eso no lo exime de culpa. Por lo pronto el caso Ayotzinapa no tiene para cuando acabar.

 

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