¿Habrá cambios en el Gabinete?

PAULINO CÁRDENAS

Al parecer lo dicho por el presidente Barack Obama en Washington, respecto a la preocupación con la que ven en su país el caso de los 43 normalistas desaparecidos, no gustó al presidente Enrique Peña Nieto. “Recalcamos nuestro compromiso de ser amigos y apoyar al gobierno mexicano para eliminar el incremento de la violencia de los cárteles de la droga, responsables de tanta tragedia dentro de México”. Aunque el mandatario norteamericano omitió señalar por su nombre la desaparición forzada de los estudiantes, esas expresiones no gustaron para nada al mandatario mexicano, quien en su rostro reflejó la contrariedad que le produjeron las palabras del anfitrión que lo recibió en Washington, las que sin duda influirán para animarse a hacer cambios en su Gabinete.

Y parece que las miradas están puestas en el titular de Gobernación. ¿Por qué? En el encuentro con su anfitrión en la Casa Blanca, Peña Nieto dejó fuera a Miguel Ángel Osorio Chong. Quien lo acompañó fue el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño Mayer. Y habría que preguntarle a su jefe por qué prefirió mandar al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, a una reunión en la que supuestamente debió haber estado quien despacha en el antiguo Palacio de Covián, ya que se trataba de un importante diálogo con el vicepresidente Joe Biden. Otra señal de que algo no marcha bien para el hidalguense fue que tampoco asistió a una reunión en Nuevo León que encabezaría con los aspirantes de su partido a la gubernatura de ese estado.

En la Casa Blanca, el presidente norteamericano aseguró que en su país han seguido el caso Iguala “con preocupación”. Y aunque omitió señalar por su nombre la desaparición de los 43 normalistas, estas expresiones no gustaron para nada al presidente Enrique Peña Nieto, quien en su rostro reflejó la contrariedad que le produjeron las palabras del anfitrión, las que sin duda influirán para animarse a remover a cuando menos a uno de sus alfiles. Otros también apuntan al titular de Hacienda. Lo que sí es evidente es que la nueva figura es Aurelio Nuño, quien llegó a ser parte del dream team de Peña por recomendación de Luis Videgaray.

Pese a que el gobierno de Estados Unidos refrendó su compromiso de apoyar los esfuerzos de México en la lucha contra el narcotráfico, como lo expresó Barack Obama a su homólogo mexicano en Washington, esa lucha estará destinada al fracaso mientras no se trace una estrategia seria y siga la impunidad de los narcopolíticos coludidos con las mafias criminales. Pese a tener que aguantar vara con el comentario frío y calculado de Obama, el mandatario mexicano agradeció el apoyo del mandatario norteamericano al señalar que “ha habido un claro ofrecimiento para seguir apoyando estas acciones que nos permitan ser más contundentes en el combate al crimen organizado”.

En la Sala Oval, el presidente de Estados Unidos dijo que su gobierno ha seguido con preocupación los eventos “trágicos” de los estudiantes de Ayotzinapa y aseguró haber hablado de ese tema con el presidente Enrique Peña Nieto cuya estrategia sobre este problema respaldó en el encuentro que ambos mandatarios sostuvieron en la Casa Blanca. En un mensaje a los medios de comunicación ambos presidente reiteraron el interés de sus gobiernos por mantener la alianza en el caso de la aplicación de la justicia y la eliminación del flagelo del crimen organizado.

Sin embargo, cualquier tipo de ayuda -adiestramiento militar, envío de armamento para reforzar esas actividades contra los capos del narco y del crimen organizado o ayuda económica- será inútil, mientras que dentro de su gobierno los responsables de cuidar de la seguridad pública e incluso de la seguridad nacional, no se pongan las pilas o de plano renuncien por la ineficiencia que han mostrado, como sucedió con la desaparición de los normalistas de la escuela rural ‘Raúl Isidro Burgos’, donde los servicios de ‘inteligencia’ por enésima vez volvieron a fallar y no anticiparon lo que vendría entre la noche del 26 de septiembre pasado y la madrugada del 27.

La otra versión es que sí sabían y todo era un plan premeditado, por lo que los padres de los normalistas que siguen sin aparecer, continúan afirmando que fue un crimen de Estado, en donde, según una investigación del semanario Proceso, estuvieron involucradas varias instancias de seguridad, incluido el Ejército. Señala un reportaje de Gloria Leticia Díaz que de acuerdo con las declaraciones ministeriales que forman parte del expediente de la PGR sobre el caso Ayotzinapa, en la trama de lo ocurrido con los normalistas, se entrelazan acciones de mandos y tropas del Ejército.

Esa participación contribuyó a crear el clima de impunidad criminal que desembocó en las desapariciones forzadas y los supuestos asesinatos de los normalistas guerrerenses. Añade que los testimonios muestran que la PGR conocía incluso la actividad delictiva del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa, y la red de corrupción de la cual aún trata de zafarse, ante la opinión pública, el procurador Jesús Murillo Karam. Ese es el gran problema que tendría cualquier ayuda norteamericana al gobierno de México para atizarle al crimen organizado: la corrupción de políticos que llegan al poder y se involucran con las mafias.

Son muchos los alcaldes que están yendo a la cárcel por sus ligas con el narco. Pero hay otros que quedan libres por ‘falta de méritos’, es decir, por falta de pruebas, dizque. La impunidad se impone. Ante esa realidad, ninguna ayuda norteamericana al gobierno mexicano para eliminar el incremento de la violencia de los cárteles de la droga, responsables de tanta tragedia dentro de México, funcionará. Eso lo saben ambos mandatarios. No se sabe si Obama quiso ser explícito al decirle a los medios delante de Peña Nieto, que su país ha seguido el caso Iguala “con preocupación”.

Y más caló cuando dijo: “Recalcamos nuestro compromiso de ser amigos y apoyar al gobierno mexicano para eliminar el incremento de la violencia de los cárteles de la droga, responsables de tanta tragedia dentro de México”. Lo que no se sabe es si esa ayuda la aceptará el gobierno mexicano. ¿Obama dijo lo que dijo con la intención de incomodar a su homólogo mexicano? No se sabe. De cualquier modo, lo que quiso decir, lo dijo. Y fue ante los medios. El rostro mohíno y la mirada de pocos amigos de Peña Nieto cuando su anfitrión decía eso, dio cuenta de la evidente molestia que le causaron esas expresiones. ¿Habrá cambios?

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