Insólito: México importará petróleo

PAULINO CÁRDENAS 

Después de tanta alharaca por las reformas ‘estructurales’, incluida la reestructuración de la industria petrolera, México acabará importando crudo ligero de Estados Unidos, dizque para que las refinerías del país “trabajen mejor”. Se importarían en un principio 100 mil barriles diarios de crudo liviano para elevar la producción nacional de gasolinas y diesel, “de las que el país es altamente deficitario”. Una realidad es que parte de ese déficit, si es que lo hay, es por el robo de combustible en ductos de Pemex, por parte de las mafias de la delincuencia organizada en cuyos hechos participa gente de la empresa y de los gobiernos estatales en donde se realizan esas ‘ordeñas’. Eso lo sabe el gobierno federal y la PGR.

La mayor parte del crudo producido en México es del tipo pesado. Habría un intercambio de crudo ligero por crudo pesado según lo acordado. El interés del gobierno de México a través de Pemex por el petróleo ligero estadunidense se planteó formalmente a mediados del año pasado tras el debate para reformar el sector energético nacional, dijo el embajador Eduardo Medina Mora. Muchos dan por hecho que así comenzará la transferencia de nuestra riqueza petrolera al extranjero. En conferencia de prensa, una vez concluida la reunión que sostuvieron en la Casa Blanca los mandatarios Barack Obama y Enrique Peña Nieto, el diplomático refirió que la negociación entre ambos gobiernos “va por buen camino”.

La secretaria de Comercio de Estados Unidos, Penny Pritzker, confirmó que la negociación entre ambos países va muy avanzada, por lo que de un momento a otro el director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, pudiera dar a conocer oficialmente la noticia. México es el noveno exportador de petróleo del mundo y Estados Unidos es el principal comprador del hidrocarburo mexicano. México es el tercer proveedor de petróleo a EU, después de Canadá y Arabia Saudita. Pero ahora, paradójicamente, México se convierte en importador de crudo ligero, con el pretexto de optimizar la operación de nuestras refinerías. Se dice que la negociación consiste en un intercambio de crudo ligero, por petróleo pesado que las refinerías estadounidenses pueden procesar.

Lo paradójico o insólito si se quiere, es que México se supone cuenta con vastos yacimientos de hidrocarburos con vastas reservas probadas y probables en su subsuelo y en sus aguas someras y profundas, lo que inclusive se ha vendido como principal atractivo de las reformas constitucionales para que las megaempresas petroleras vengan a extraer y comercializar parte de esa riqueza que siempre se dijo que era de los mexicanos.

Aunque no fue un tema relevante de la reunión Obama-Peña Nieto, resulta obvio que al menos en el Salón Oval se habría acordado con un giño de ojo darle luz verde a esa negociación. La pregunta es: ¿Qué va a pasar una vez que decline la vida útil de las refinerías que no están en óptimas condiciones y en las que supuestamente se procesarán gasolinas y diesel como son las de Tula, Salamanca, Salina Cruz, Cadereyta, Madero y Minatitlán? Tendrían que ser desmanteladas y con ese pretexto las importaciones, ya no serían de crudo ligero, sino de gasolinas y diesel.

Y habría que comprar los combustibles. ¿En dónde? Obvio, en Estados Unidos. Anualmente, por concepto de importación de gasolinas y diesel, Pemex eroga miles de millones de dólares (tan solo en 2011, por mencionar una cifra a la mano, las importaciones sumaron 30 mil 800 millones de dólares). Se supone que una solución que se había planteado era la de invertir en la construcción de refinerías, que permitieran cumplir con la demanda de gasolinas que el país requiere. Sin embargo, voces expertas señalaban que ello no sería tan rentable para Petróleos Mexicanos, debido a que es un producto muy competido en el que pudiera salir más caro inclusive producirla que importarla.

Acaso por ello la opción fue la de importar crudo ligero, procesarlo en las refinerías que tienen años de funcionar, para obtener gasolinas y diesel. Esa habría sido sin duda una de tantas razones por las que el nuevo gobierno peñanietista optó por reestructurar no solo a la paraestatal sino a reformar la propia Constitución, para permitir la participación de megaempresas petroleras y la inyección de capitales privados, propios y del extranjero, tanto en infraestructura como en la exploración y extracción de crudo, permitiéndole a empresas gigantes a que vinieran a compartir riesgos y ganancias en esa nueva etapa de modernidad de esa industria.

Pero no todo mundo está de acuerdo con esa propuesta de Peña Nieto que fue aprobada en el Congreso, porque dicen que es tanto como desaprovechar o malvender la materia prima con que el país fue agraciado por la naturaleza. Sin embargo, el reto era cómo hacer más competitiva la industria petrolera sin que dejara de pertenecer a todos los mexicanos. Nadie sabe de qué artes se valió pero el mandatario logró sacar adelante sus reformas y las leyes secundarias en el Legislativo, aunque la oposición, sobre todo la más radical, sigue afirmando que el jefe del Ejecutivo lo que está haciendo es entregar paulatinamente esa riqueza al imperio. Hay pros y contras.

Los que se oponen dicen que Pemex, sexenio tras sexenio, permitió, por una escasa reinversión de utilidades, el declive productivo, y que esa baja productividad motivó desaprovechar la oportunidad de usar el petróleo como palanca del desarrollo económico en nuestro país. Esto no obstante que más de un tercio del presupuesto gubernamental sale de la renta petrolera. Señalan que el error económico de esa reforma de la industria petrolera, transfiere riqueza al extranjero y desmantela la economía nacional, y que ello aumentará la pobreza y provocará una peor caída del empleo en nuestro país.

Quienes están de acuerdo con las reformas, creen que es la manera más eficiente de acelerar el desarrollo de la industria petrolera, y el círculo vicioso se convertiría en círculo virtuoso con la apertura al capital privado, nacional y extranjero, como lo han hecho otros países sin perder soberanía ni control sobre su riqueza de hidrocarburos. En este esquema en donde encaja la medida que está por anunciarse, de importar crudo ligero para convertirlo en gasolinas y diesel en nuestras vetustas y parchadas refinerías. Los sospechosistas apuestan a que algún gigantesco negocio se esconde detrás.

 

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