‘El Cepillo’ dijo lo mismo que la PGR

PAULINO CÁRDENAS

El mismo argumento que dio a conocer la PGR fue lo que declaró Felipe Rodríguez Salgado, “El Cepillo” o “El Terco”, lugarteniente del grupo criminal Guerreros Unidos, quien confesó haber asesinado, junto con cuatro cómplices, “a unos 15” normalistas de Ayotzinapa que le entregaron con vida jefes policiales de Iguala y de Cocula, y que al menos 25 ya habían muerto “por asfixia”. Los padres de los normalistas no creen esa versión. El vocero de los familiares, Felipe de la Cruz, declaró: “No creemos en nada que salga de la PGR, porque para nosotros todo está montado”. Dijo que durante las marchas programadas para hoy, al cumplirse cuatro meses de la desaparición de los jóvenes, exigirán justicia y la presentación con vida de los estudiantes.

‘El Terco’ repitió el mismo argumento que ha venido sosteniendo el titular de la PGR, de que los estudiantes fueron calcinados. Dijo el criminal que “él supo que todas las víctimas eran estudiantes y no delincuentes” según admitió en las declaraciones integradas al expediente de la PGR sobre la desaparición de los normalistas, a las que Milenio tuvo acceso. Se dice que después de la masacre intentó huir a Estados Unidos para refugiarse en Iowa con su hermano, aunque fue detenido y deportado; se ocultó en Tecámac. La PGR señaló que las declaraciones de Rodríguez Salgado “aportan más datos y no vinculan en ningún momento a militar alguno”. Pero la historia que cuenta ‘El Cepillo’ no convence a los padres de los normalistas desaparecidos.

Según su confesión, afirmó que la noche del 26 de septiembre de 2014 recibió una llamada a su número celular del ‘Cabo Gil’ (Gildardo López, lugarteniente del líder de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, quien se halla detenido), quien le ordenó que “se moviera con su gente” a la entrada de Iguala para que lo apoyara, porque mantenía un enfrentamiento con Los Rojos, grupo delincuencial antagónico.

Sostuvo que él y los sujetos conocidos como ‘El Pato’, ‘Jona’, ‘Bimbo’, ‘Duvalin’, ‘Huasaco’ y ‘El  Guereque’, abordaron una camioneta Nissan Estaquitas y una Pick Up verde para ayudar a la gente de Gildardo López. Llegaron al punto denominado Loma de Coyotes, donde ya lo esperaban ‘El Cabo Gil’ y los mandos de las policías municipales de Iguala y de Cocula en cinco patrullas y una camioneta blanca de redilas de tres toneladas, donde tenían a un grupo de jóvenes.

Según su testimonio, subieron a los normalistas en el vehículo de redilas y se dirigieron al basurero de Cocula, pero alrededor de “unos 25 ya iban muertos por asfixia” y quedaban “unos 15 vivos”, a los que él y su “gente” ejecutaron a balazos y calcinaron, para después regresar a Iguala, pese a que él sabía que todos eran estudiantes.

Al día siguiente, ‘El Cabo Gil’ le ordenó que verificara si se habían quemado por completo los cuerpos, ya que habían comenzado a incinerarlos desde la madrugada del 27 de septiembre y que a las 17:00 horas de ese día aún no terminaban de calcinarse. Horas después limpiaron las cenizas y recogieron restos que colocaron en bolsas negras de plástico grandes que lanzaron al río San Juan de Cocula.

Sobre su huida a EU, el ‘Cepillo’ habría declarado que primero se trasladó  a Cuernavaca, Morelos, y luego a la frontera norte para intentar cruzar a Estados Unidos y esconderse con su hermano que radica en Iowa. Arribó a Sonoyta, Sonora; sin embargo, autoridades migratorias de Estados Unidos lo detuvieron cuando intentó ingresar a través de la frontera que conecta con Lukeville, Arizona. Después de dos días fue deportado por el punto fronterizo de Piedras Negras, Coahuila.

Señala en su declaración que a principios de diciembre y ante la falta de dinero se trasladó al municipio de Tecámac, estado de México, para mantenerse oculto. En ese lugar fue visitado por su novia, con quien el 7 de enero viajó a Jiutepec, Morelos; ella regresó a Iguala y él permaneció en un taller mecánico propiedad de un amigo. Sin embargo, fue detenido el pasado 15 de enero por la Policía Federal y miembros de la Defensa Nacional.

Por otra parte, un nuevo método que han estado experimentando el equipo de especialistas forenses de la Universidad de Innsbruck, Austria, que encabeza el biólogo molecular Walther Parson, llamado Secuenciación Masivamente Paralela (Massively Parallel Sequencing), abre un resquicio como última esperanza que pudiera servir para investigar más a fondo los restos de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, que fueron enviados por la PGR, luego de que el método del ADN mitocondrial, un procedimiento nuclear, no dio los resultados esperados en 16 de 17 casos. Habría “una ligera posibilidad” de encontrar coincidencias genéticas con alguno de sus familiares, dijo.

El biólogo molecular y su grupo de forenses que analizó las muestras óseas, recibió el 13 de noviembre las muestras óseas que fueron halladas en el basurero de Cocula, Guerrero, las cuales le fueron enviadas por la PGR. Con el procedimiento de análisis del ADN nuclear sólo se logró identificar un perfil genético masculino que coincidía con el perfil de Ezequiel Mora Chora y Hugo Mora Venancio, padre y hermano del normalista Alexander Mora Venancio. Pero en los demás casos no se logró ningún resultado porque no se encontró ADN útil a causa del deterioro causado por el fuego en los restos óseos calcinados recibidos.

Si embargo, los especialistas no se dan por vencidos y abrigan la esperanza de que un nuevo método que han estado experimentando llamado Secuenciación Masivamente Paralela (Massively Parallel Sequencing), “podría servir como una herramienta útil para investigar más a fondo estos restos”, según comentó Parson a través de una entrevista por correo electrónico con el periódico Milenio. Pero los resultados tardarían unos tres meses. No obstante, esto vuelve a revivir la esperanza de los padres de los normalistas desaparecidos, de que los restos óseos no todos pertenezcan a los normalistas.

 

 

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