¿Mentiras que parezcan verdades?

PAULINO CÁRDENAS

Con mentiras completas, verdades a medias, o mentiras que parezcan verdades, el caso Ayotzinapa, al menos para efectos mediáticos, está virtualmente cerrado; para que los reporteros dejen de estar ‘fregando’ con el tema. Es la razón de la ‘verdad histórica’ con la que el gobierno federal pretende darle vuelta a la hoja de un caso que, por años, quedará como referente de un gobierno ineficaz en materia de seguridad, además de abusivo con el poder para hacerse tempraneros favores mutuos con empresarios que el propio mando privilegia con multimillonarios contratos de gobierno.

No tardarán los medios internacionales a criticar esa decisión y acusar que el gobierno no respeta los derechos humanos, de no apegarse a los principios elementales de justicia, de acusar al Estado de represor y que en México se propicia la impunidad. Para empezar habrá que ver lo que la próxima semana digan del caso y de la decisión gubernamental, el Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. A los reclamos se unirán muchos Organismos no Gubernamentales.

Y no está lejano el día en que se empiece a decir que el gobierno de Peña Nieto resultó peor que el de Felipe Calderón, con todo y su aventura bélica que dejó más de 80 mil muertos y miles de desaparecidos de manera forzada, otros tantos enterrados en fosas clandestinas, otros tirados a ríos, al mar y a cañadas, además de miles de desplazados con su guerra contra el narco que acabó siendo un fracaso y a quien nadie le ha pedido cuentas de cuánto costó esa vacilada que le tocó administrar con su secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna.

Porque sin duda la gota que derramará el vaso habrá sido la desaparición forzada de los estudiantes de Ayotzinapa, quienes, según la ‘verdad histórica’, fueron asesinados, calcinados y tirados a un río, por lo que de hecho no quedó nada de ellos, si acaso el recuerdo de sus dolidos padres, familiares y amigos sinceros, no los que se han aprovechado de esa circunstancia para llevar agua a su molino. Según la versión oficial, esa fue la forma en que los jóvenes normalistas de primera generación de la escuela rural Raúl Isidro Burgos, algunos que habían sido pelados a rape en las novatadas, perdieron la vida.

¿La historia pudo haber sido de otra manera? Nadie lo sabe. Hay quienes dicen que hubo la participación contemplativa de militares del 27 Batallón de Infantería de Iguala y que pudieron evitar que los estudiantes fueran ultimados; el procurador dice que no hay ninguna prueba de que militares hayan participado en ese evento. La versión que afirma que el secuestro masivo fue obra de una orden del alcalde de Iguala. Se acepta oficialmente que el móvil fue la confusión.

Creyeron que los estudiantes pertenecían al grupo de Los Rojos y por eso los del cártel Guerreros Unidos los ‘levantaron’ y ordenaron eliminarlos. Sin embargo, muchas cosas no se saben. ¿Por qué los dividieron en dos grupos? ¿Por qué la saña con la que actuaron contra uno de los normalistas apodado ‘El Chilango’ a quien le desollaron el rostro y le sacaron los ojos? Una versión señala que hay una verdadera guerra en Iguala porque ahí es centro de acopio de la droga que se cultiva en el estado de Guerrero, asunto del que las autoridades están enteradas pero nada hacen. ¿Por qué?

¿Qué hay de un tal Marco Antonio Ríos Berber, uno de los primeros detenidos en el caso Ayotzinapa? ¿Sabe mucho más de lo que las autoridades han dicho? ¿Qué hay de las ‘monstruosidades’ que suelen hacerle Guerreros Unidos a sus víctimas antes de ultimarlas? ¿Es cierto que le tomaban fotografías antes y después de sacrificarlos? ¿En algunas aparecen algunos de los estudiantes? ¿Está ‘El Chilango’ entre ellas?

¿Qué hay con gente de ‘La Familia Michoacana’ que bajo las órdenes de Johnny Hurtado Olascoaga, alias ‘El Pez’ y de su violento hermano, José Alfredo Olascoaga, alias ‘El Fresa’, había puesto a Iguala ‘en guerra’? ¿Algunas de las personas enterradas en las fosas habían querido meter a la ciudad armas o drogas, o habían llegado simplemente “a pelear la plaza”? ¿Eran ‘contras’.? ¿Ríos Beber vio cómo mataban y quemaban a cuatro, aunque sabía que en esas fosas había “pongamos 36”? ¿Estos eran estudiantes?

En fin, que hay muchas preguntas sin respuesta, al menos para el público. El hecho es que a las autoridades federales, por haber decidido sus jefes actuar tardía y limitadamente, llegaron tarde para atender el caso, indagarlo y esclarecerlo en las primeras horas de los hechos. Fue un error que el mandatario mexicano haya escuchado el mal consejo de no actuar de inmediato y de esconder la cabeza como los avestruces luego de la desaparición de los jóvenes normalistas, en lugar de afrontar de inmediato el caso.

Prefirieron que saliera a decir que había indicios claros de la participación de autoridades locales y estatales, de extracción perredista, y llevar agua al molino tricolor, en lugar de avocarse a agarrar al toro por los cuernos. Esas torpezas de decisión fueron las que motivaron la desconfianza primero y el odio después. Tardó mucho en reaccionar y ordenarle a la PGR actuar. Pudo haber ido a darle personalmente el pésame a los dolidos padres antes que nada, pero no.

El haber ido a Ayotzinapa hubiera ayudado a diluir cualquier sospecha de que el asunto hubieses sido ordenado desde el centro o que ese secuestro era parte de una estrategia federal, porque a los alumnos de esa escuela rural -donde estudiaron dos de los más conocidos guerrilleros guerrerenses, Lucio Cabañas y Genaro Vásquez Rojas-, siempre han sido considerados rebeldes. A los 33 días los recibió en Los Pinos. Y dos meses después decidió ir a Guerrero, a Coyuca de Benítez, donde habló del caso.

Ahí dijo que lo sucedido ‘debe dar pauta a un cambio, a una transformación; convocar para que sea el desarrollo lo que permita la paz y la armonía y de ese modo realmente superemos esta etapa de dolor’. Habló en Coyuca de Benítez, en donde hace 20 años fue la masacre de Aguas Blancas. Como sea, hoy se ha preferido cerrar el caso con una ‘verdad histórica’ en la que empezando por los padres de las víctimas, pocos creen. Hoy Peña dice que no tenemos que quedar atrapados en ese drama. El que quedó atrapado fue su gobierno.

 

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