Ejército e IP andan muy nerviosos

 PAULINO CÁRDENAS

Algo está sucediendo en la cúpula del sistema, que debería resultar preocupante para el país. ¿Por qué al general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, desde que se dieron a conocer los hechos de la matanza de Tlatlaya y luego el caso de los 43 estudiantes desaparecidos, se le nota muy nervioso y muy molesto? ¿Hubo regaño de su jefe el presidente Enrique Peña Nieto, como para que de unas semanas a la fecha ande echando discursos, raros por decir lo menos, que deberían ser más moderados, más prudentes y más conciliadores? ¿Qué es eso de que hay quienes quieren separar al pueblo del Ejército? El almirante secretario Vidal Francisco Soberón Sanz ha dicho cosas pero de manera más mesurada y cuidadosa.

Y ni qué decir de la Iniciativa Privada que a través del presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, urgió al Congreso a acelerar la aprobación de un marco jurídico que dé certeza y salvaguarde sus tareas y responsabilidades en materia de seguridad nacional y seguridad pública. Incluso estuvo la advertencia del presidente de la Confederación de Cámaras de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), Enrique Solana Sentíes, quien declaró que “por ningún motivo permitiremos” que los padres de familia “se metan en los cuarteles”, lo que desconcertó a muchos sectores del país, empezando por los propios padres de los jóvenes desaparecidos el pasado 26 de septiembre, preguntándose por qué la IP se arroga un derecho que no le compete.

¿Con esas actitudes quieren, Fuerzas Armadas e IP, ayudar al gobierno federal con el caso de las desapariciones forzadas de los 43 normalistas de la escuela rural ‘Raúl Isidro Burgos’? ¿O la idea es que el gobierno se convierta en una dictadura militar o que el gobierno dizque democrático de Peña Nieto se endurezca? ¿Son mensajes adelantados de lo que pudiera estar por suceder en México? Incluso la Iglesia viene sosteniendo desde el púlpito y a través de sus informaciones parroquiales, que hay que unirse al gobierno en su lucha contra grupos que con el pretexto de Ayotzipana, cometen todo tipo de fechorías en varias partes del país, actos vandálicos pues, que no castigan.

No de ahora, sino desde hace años, la Conferencia del Episcopado Mexicano, ha hecho llamados por los miles de asesinatos por la guerra contra el narcotráfico y por la criminalidad extorsionadora hacia los migrantes que se dan en México. Nos unimos al reclamo de que ni haya un muerto más, ha dicho la CEM, que no está de acuerdo en que se acuse al gobierno federal como si fuera el responsable de tantas muertes por su estrategia militar contra los criminales. Ha insistido en preguntar: ¿hay que dejar las manos libres a los narcos, o pactar con ellos, para que se enseñoreen más de la vida de los ciudadanos y sean ellos los que impongan su ley?

Como sea, muchos mexicanos se preguntan: ¿Por qué los titulares de las Fuerzas Armadas necesitan vejigas para nadar? Al renovar la semana pasada el convenio de colaboración con las Secretarías de Marina y de la Defensa Nacional, que se signó el 6 de septiembre de 2013, la cúpula empresarial del país refrendó su respaldo al Ejército y a la Marina y exigió al Congreso de la Unión que apruebe un marco jurídico que proteja a las Fuerzas Armadas cuando realizan tareas de seguridad. Gutiérrez Candiani, criticó que no hay leyes que fortalezcan a las Fuerzas Armadas, sobre todo ahora que realizan acciones y asumen responsabilidades que no les corresponden.

Así lo indicó durante un encuentro que representantes del sector privado sostuvieron con los titulares de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, y de Marina, Vidal Francisco Soberón Sanz. Por su parte el presidente de la Confederación de Cámaras de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), Enrique Solana Sentíes, señaló que “por ningún motivo permitiremos que (los padres de familia) se metan en los cuarteles”, en una declaración que muchos catalogaron de descocada, pero en la que estuvo de acuerdo el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Juan Pablo Castañón.

Los titulares de la Defensa y de Marina, aplaudieron esas declaraciones. Esto es lo preocupante. Dio la impresión de que están desesperados y nerviosos, porque no saben hasta dónde va a llegar la indignación del caso Ayotzinapa. El general secretario de la Defensa dijo el pasado 20 de noviembre en el campo Marte, que afirmar que la inseguridad y el crimen organizado, son solo culpa del Gobierno, “esa actitud poco abona; son problemas de todos y solo juntos podremos vencerlos, son problemas del Estado, no del Gobierno”, sentenció.

Y en el aniversario de la Marcha de la Lealtad, mi general vuelve por sus fueros y desata su intrépida oratoria para señalar con índice de fuego a un “sector que nos quiere distanciar del pueblo. Imposible, somos uno y lo mismo. Basta ver el rostro, la piel, el pensamiento y el corazón de cada soldado para saber que somos pueblo”. Acabó su discurso diciendo que “la verdadera lealtad es perpetua, absoluta y total”, un concepto que mucho abarca y poco dice. El caso es que el gobierno no da pie con bola con el asunto de la inseguridad. No sabe cómo detenerla.

Creyó que minimizando el tema y no hablar de él en los medios, la criminalidad disminuiría. Error. La violencia y la inseguridad, el narcotráfico y los secuestros, las extorsiones y los asesinatos, la inhumanidad de los criminales y la impunidad, las fosas clandestinas que dan fe de ese flagelo que está extendido en todo el país, no se resuelven sólo con cambio de gobernantes, de leyes, de estrategias militares, de partidos. Hay que ir más al fondo. Este es el reto: saber cómo ir al fondo. Un principio es aplicar la ley: otro es que no haya impunidad.

Por lo pronto, las autoridades tienen que ir capoteando el temporal con discursos sobre la inseguridad y la dizque disminución de la violencia, que no se ajustan a la realidad. Hay crisis de legalidad, no se respetan las leyes, y sigue campeando la impunidad. Se ha debilitado el tejido social; se han relajado las normas sociales; hay ausencia de normas, hay corrupción generalizada y, lo peor, en el país reina la impunidad. Los criminales seguirán actuando porque tienen la certeza de que nada les pasará. ¿Hasta cuándo?

 

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