La Tuta, ¿una detención negociada?

PAULINO CÁRDENAS

Una historia que se cuenta en torno a la detención de Servando Gómez Martínez alias La Tuta es que los servicios de ‘inteligencia’ le siguieron la pista a un mensajero durante cuatro meses y el pasado 6 de febrero detectaron que llevaba y traía comida y hasta pastelitos para la fiesta de cumpleaños del capo y que por eso dieron con su escondite en Morelia en donde fue capturado “sin que hubiera un solo tiro”. Y otra historia que cuenta la gente que dejó en Michoacán el ex comisionado Alfredo Castillo Cervantes, es que andan corriendo la versión de que esa detención fue ‘gracias’ a su ex jefe, quien no solo fracasó en su misión de comisionado, sino que por eso fue echado del cargo por quien lo puso, su amigo el presidente Enrique Peña Nieto.

Varios grupos de autodefensa michoacanos señalaron que el comisionado llegó a combatirlos a ellos en lugar de los delincuentes templarios, se había relacionado con éstos y había encarcelado a dirigentes que luchaban contra el cártel que tenía agobiado a la gente en ese estado, comandados por La Tuta y sus secuaces. Junto con siete de ellos fue capturado el viernes pasado, al mismo tiempo que se daba la detención de su hermano Flavio Gómez Martínez, alias El Flavio, sin que tampoco se diera ‘un solo tiro’. Esto pese a que ambos hermanos tenían fama de ser muy sanguinarios y el propio Servando había dicho en varias ocasiones que él iba a morir en la raya. Pero no fue así. Ni pío dijo.

Las versiones oficiales, por inocentes, nadie las cree. Más bien, como señalan fuentes allegadas a las pesquisas, la captura del capo habría sido arreglada para que se diera en el tiempo preciso, justo cuando arranca el proceso electoral. Esa aprehensión debió haber sido al menos hace seis meses, pero se dice que fue convenida para darse en esta fechas, previas al inicio de la jornada electoral que se celebrará el 7 de junio en Michoacán, para que el gobierno se parara el cuello.

Habría que recordar que en sus momentos de grandeza, La Tuta había dicho que antes que dejarse atrapar, prefería morir defendiéndose. Y no fue así. Su captura acabó siendo como la de una mansa paloma, “sin que se disparara un solo tiro” como presumen las autoridades, igual que la detención de su hermano Flavio, cuya aprehensión en Mérida, Yucatán, el mismo día que el de La Tuta en Morelia, Michoacán, habría sido parte del acuerdo negociado que, se asegura, hubo entre el dirigente de los Templarios y el gobierno. ¿A cambio de qué? A cambio de información privilegiada y de videos comprometedores.

El gobierno quiere hacer creer que esa detención fue un éxito de ‘inteligencia’ y que fue tan ‘oportuna’ que con ello se garantiza que habrá elecciones en un estado que sigue convulsionado, ya que, como lo han señalado los grupos de autodefensa, Castillo llegó a asociarse con varios delincuentes michoacanos, pese a tanto dinero que autorizó Peña Nieto para inyectarle a ese estado y levantarlo, recursos que supuestamente controlaría el comisionado plenipotenciario, quien a pesar de que acabó siendo un fracaso, ahora busca que su gente que sigue en aquel estado, haga creer que él tuvo que ver en esa operación.

Esa detención, aseguran fuentes allegadas a las pesquisas, fue convenida entre las autoridades federales y el capo. Cuentan que la historia comienza cuando, hace apenas unas semanas, La Tuta dijo en un video, que era ‘el último’ que subía a las redes porque quería hacer una tregua. Habría dicho a sus más allegados que quería sentar cabeza. Se supo que no quería morir en un encuentro con las autoridades y lo que quería era hacer vida con su pareja sentimental una joven de 27 años y con los hijos que procreó con ella. Eso el gobierno lo entendió como un mensaje a las autoridades federales de que quería negociar su entrega. ¿A cambio de qué?

Se supone que a cambio de darle al gobierno toda la información que le pidieran de quiénes de la clase política, empresarios, legisladores y ministerios públicos estaban vinculados con el crimen organizado. Además, se supone que haría entrega del acervo enrome de videos que grabó La Tuta cada vez que iban a verlo o que él llamaba para hablar de asuntos de su incumbencia. De esa manera, hay imágenes de gente importante en reuniones con Servando Gómez Martínez, que es como un tesorito que podría manipular el gobierno federal en su momento. Como se sabe, el ex maestro metido a delincuente, era quien decidía quiénes iban de candidatos para ocupar alcaldías y quiénes no.

En los videos aparece gente del gobierno en turno, alcaldes, comerciantes, líderes de varios sectores y aspirantes a cargos de elección popular que iban por la ‘bendición’ del ‘padrino’. La entrega de esos videos sería parte del arreglo con el gobierno, según la versión de agentes que estuvieron cerca del proceso para aprehender al líder de los Caballeros Templarios. Antes de que La Tuta dijera que era el último video que subía a las redes, había una gran preocupación del gobierno federal de que el capo de los Templarios quisiera impedir las elecciones de junio próximo, si los aspirantes no tocaban base con él antes de lanzar sus campañas, como venía sucediendo en elecciones anteriores.

La oportunidad de que pudiera garantizarse que hubiese elecciones en Michoacán, surgió cuando, aparentemente harto de su vida criminal, Servando Gómez Martínez quiso hacer un alto en el camino y dijo que era la última vez que subía un video a las redes sociales. De esa manera se habrían iniciado los arreglos de su detención y las condiciones de un lado y de otro, incluyendo el show mediático de su aprehensión y también la de su hermano Flavio, detenidos ‘simultáneamente’ el mismo viernes 27 de febrero. Este hermano fungía como el coordinador financiero de los Caballeros Templarios.

Flavio Gómez Martínez era el poderoso hombre que manejaba grandes flujos de millones de dólares por concepto de trasiego de droga, cobros de piso, de paso, pagos de ‘impuestos’. Hasta donde se sabe, El Flavio era también el encargado del lavado de dinero de los Templarios en bancos mexicanos y extranjeros. Otro gran negocio es el del envío de mineral de hierro a China que coordinaba y controlaba Enrique ‘Kike’ Plancarte, quien fue asesinado en Colón, Querétaro a finales de marzo del año pasado. De La Tuta hay mucho que contar. Igual que de sus cómplices. Ya habrá tiempo y lugar en este espacio.

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