Reconoce EPN pérdida de confianza

PAULINO CÁRDENAS

Las próximas elecciones intermedias que se celebrarán en junio serán una prueba de confianza en mí y en mi gobierno, dijo en entrevista con el Financial Times el presidente Enrique Peña Nieto, publicada durante la visita de Estado que realiza por la Gran Bretaña. Señaló que ‘entiende’ que hay una pérdida de confianza en su administración, la cual se ha traducido en “sospecha y duda” de los mexicanos. Dijo que en las urnas enfrentará una batalla, cuesta arriba, para lograr el apoyo popular tanto para su persona como para las reformas estructurales. Indicó que la crisis de confianza es también “una oportunidad” y cree que “estamos a tiempo para mostrar resultados, para ofrecer beneficios a los mexicanos” en lo que resta del sexenio. “Soy optimista”, dijo.

Habrá que ver si los mexicanos con derecho al voto son tan optimistas como él, porque los agravios han sido muchos en sus poco más de dos años de gobierno. Porque para quienes votaron por él para presidente, y sobre todo los que no votaron por él ni por su partido, se han dado cuenta que ha habido una total falta de imaginación y capacidad para gobernar, no así para sacar ventaja al amparo del poder público. Esta es una de tantas cosas que han motivado esa pérdida de confianza en quien se supone debería conducir los destinos de la nación con probidad, con honestidad a toda prueba, lo que según el mandatario, “les puedo decir que entendemos” y que ello se ha traducido en “sospecha y duda”. Pero el desencanto de los mexicanos va más allá.

Peña Nieto admitió que su gobierno debe replantear a dónde nos dirigimos como nación. Quiere decir que el primer tercio de su gobierno fue tiempo perdido. Lo bueno, dentro de lo malo, es que ya reconoció que no ha habido brújula y no ha sabido bien a bien a dónde se dirigía la nave. En la entrevista con Financial Times habló con honestidad y reconoció un mea culpa por primera vez, luego de los acontecimientos de Apatzingán con la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de la escuela rural Raúl Isidro Burgos el pasado 26 de septiembre, y la ejecución, poco antes de esa fecha, el 30 de junio, de 22 supuestos delincuentes cuando ya se habían rendido, por parte de un comando militar de exterminio, en Tlatlaya, estado de México.

Dijo que no deben ensalzarse los méritos de las reformas si todavía sus efectos benéficos no los siente completamente la gente, y sobre todo ‘si no ha terminado’ el combate contra la violencia, la impunidad y la corrupción. A este respecto, el presidente Peña expresó en la entrevista su compromiso para que termine de concretarse un “innovador” sistema anticorrupción, diseñado para que los funcionarios públicos rindan cuentas. “El gran desafío”, dijo, es la correcta implementación de tal sistema. Lo que omitió decir es que la clase política es la que se opone a esa iniciativa y anda buscando la forma de que acabe siendo una ley ‘light’, ya que el principal foco de corrupción está en los gobernantes.

En la entrevista, realizada por Jude Webber, es la primera en la que Peña no acude al optimismo exacerbado ni habla de las reformas como la gran panacea que arreglará las cosas en México como por arte de magia. Fue más bien ponderado, prudente, tratando de replantearse para sí mismo un esquema distinto, más realista, más con los pies en el suelo. La frase que comentó al Financial Times de que ‘les puedo decir que entendemos’, fue como una respuesta al semanario británico The Economist, que hace unos meses, en la coyuntura de los acontecimientos del caso Ayotzinapa en donde el reclamo social iba en aumento por la desaparición de los 43 normalistas, señaló en un encabezado que el presidente mexicano ‘no entiende que no entiende’.

En el centro de la agenda hay causas y razones para que entre los mexicanos haya un gran malestar contra el presidente y su equipo. En materia de seguridad, en el tema de la economía estancada, en el conflicto de interés con motivo de las casas de la pareja presidencial y del titular de Hacienda que se volvió un escándalo que trascendió las fronteras; por ignorar el reclamo social contra la corrupción, por la impunidad que reina en el poder, por la absoluta falta de justicia, y porque la partidocracia ha sido el principio de todos los males que padece el país ya que los partidos insisten en poner gangsters como candidatos de elección popular para las próximas elecciones de junio, y porque ni el INE ni la Fepade lo van a impedir.

La gente, los mexicanos, están hartos de que les quieran ver la cara. En las pláticas de café y en las tertulias familiares ya se habla de manera seria en que haya una campaña para anular los votos el próximo 7 de junio. El sistema centralizado del poder político que no quiere soltar la mafia incrustada en cada partido, es la que es necesario eliminar. Ese sistema ya no funciona. Eso es parte del hartazgo de millones de mexicanos, esos quienes ya le empiezan, por fin, a preocupar a Peña Nieto. Son sobre los que pesa el desánimo y la indignación por un sistema que permite a los políticos llegar al poder a utilizar recursos para fines y beneficios privados. Son los mismos inconformes que el gobierno ha ignorado, por lo que The Economist apuntó que Peña ‘no entiende que no entiende’.

Por toda esa acumulación de omisiones, faltas y agravios contra la sociedad es que el mandatario mexicano se siente colocado en una coyuntura desfavorable; por eso reconoce que hay pérdida de confianza en él y en su gobierno; por eso ahora dice que entiende que sí entiende, aunque quizá ya sea tarde. Todo el capital que había ganado con sus reformas y leyes reglamentarias aprobadas, cuando el mundo financiero lo aclamaba como el ‘salvador de México’ y lo ungían como el gran líder del ‘Mexican moment’, se vino todo abajo. Hoy su discurso es otro, más moderado, menos grandilocuente, sin quererse comer al mundo con lo que era un sueño que planteaba como si ya fuera una realidad ante la comunidad mundial.

En esa entrevista se mostró otro. Un mandatario que con honestidad realizó la “confesión más sincera” desde la crisis de Iguala-Ayotzinapa y los escándalos de finales del año pasado y admitió que su gobierno debe replantear a dónde debe dirigir el destino de la nación. “Les puedo decir que entendemos”, dijo al Financial Times: “Ha habido una pérdida de confianza” que se ha traducido en “sospecha y duda”, reconoció. Un Peña Nieto distinto. ¿Será parte del cambio?

 

 

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