¿Quien manda en Los Pinos?

 PAULINO CÁRDENAS

En los corrillos de la casa presidencial se cuentan dos historias que dan por ciertas. Una es que el presidente Enrique Peña Nieto se está quedando solo y ya nadie se ocupa de que haya coordinación para tratar de resolver los problemas sino los secretarios solo se remiten a capotearlos; otra, que quien verdaderamente manda en Los Pinos es otro personaje, el mismo que pretende ser su sucesor y que desde ahora se comporta como si ya fuera el candidato oficial del partido en el poder. Se asegura que es quien tiene la sartén por el mango en todas las decisiones torales que el titular debería tomar en la residencia oficial, y quien se encarga de que ‘al jefe’ no se le moleste ‘con nimiedades’; es decir, que se le mantenga sin información real de los graves problemas que vive el país y del descontento que cada vez se aviva más entre los diferentes sectores de la población por tan mal gobierno.

Es, dicen, el que autoriza por dónde deben ir las líneas discursivas del mandatario y quien ejerce un preocupante poder en el primer equipo de los principales subordinados del mandatario federal. Es quien señala los caminos y las pautas para saber hacia dónde debe caminar el gobierno federal. Funge de hecho como jefe de gabinete. Se trata de Luis Videgaray Caso, titular de Hacienda y Crédito Público, ante quien los demás secretarios están obligados a someter a su consideración todo lo que los pretenden plantearle al jefe nominal de todos ellos. Nadie se puede ir por la libre. Y querer rebasarlo es pecado político capital. Todos tiene que pasar revista con él antes de ver a Peña con indicaciones de qué decirle, hasta dónde y que no. El que no lo hace de una u otra forma paga las consecuencias.

La queja es de que Videgaray -el mismo que obtuvo un crédito ‘de cuates’ por parte del dueño del grupo Higa, para adquirir su casa de descanso en Maninalco-, actúa como el capataz que no deja que nadie en Los Pinos contradiga su palabra ni sus decisiones. Ahí nada está a discusión, solo es acatamiento. Cada instrucción que da, debe de tener como respuesta el clásico ‘sí señor’. Trabaja, como es natural, con dos o tres compinches que forman parte del staff presidencial, que se han vuelto cómplices de su poder porque sueñan que los tome en cuenta para el 2018 cuando sea presidente. Uno de ellos, a quien él recomendó, es el jefe de la oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño Mayer, a quien también se atribuye alto poder en Los Pinos.

Otros que están en ese juego de poder dentro de Los Pinos son Erwin Lino Zárate, secretario particular y el coordinador general Jurídico, Humberto Castillejos Cervantes. Todo parece indicar que el propio Peña Nieto ya se percató de esa situación y al parecer no solo le preocupó sino que parece estar dispuesto a tomar decisiones de cambios que él no querría tomar, pero que al final, por su salud, lo tendrá que hacer. Y el pueblo de México se lo habrá de reconocer. Dos casos parecen ser ejemplo de la preocupación del mandatario. Uno fue la frialdad con la que lo recibieron las mujeres que fueron convocadas -se supone que de filiación priísta- para celebrar el Día Internacional de la Mujer.

El otro fue la contradicción en la que cayeron Pedro Joaquín Codwell y sus directores de la CFE y Pemex, Enrique Ochoa y Emilio Lozoya, con el secretario de Hacienda, Luis Videagaray. Mientras aquellos explicaban por qué le iba a ir bien a México con la reforma energética, Videgaray decía por su parte que el futuro inmediato del país tenía poco de promisorio y que el panorama que se veía era más bien negro; planteaba recortes y decrecimiento. Hubo pues, una evidente contradicción. Eso, lejos de ayudar al mandatario federal, le sigue echando a perder el numerito de que las cosas ‘van bien’.

Y en la reunión del Día Internacional de la Mujer para Peña Nieto las cosas fueron diferentes que en otras ocasiones. Hubo más bien frialdad; las mujeres que asistieron marcaron su distancia, ya no hubo tanto apapacho, ni besuqueos, ni largas sesiones de selfies. Y eso que supuestamente era una reunión entre mujeres priístas. Esa fue una prueba de que las cosas empiezan a ser diferentes para el mandatario federal. Estuvieron con un dejo de rechazo; incluso se les veía incómodas. No tan dispuestas como en otros eventos en donde el acarreo venían funcionando bien, sobre todo con algunos gobernadores que querían quedar bien con él en sus visitas.

Ya en la entrevista que le dio al Financial Times que este medio publicó durante su reciente gira al Reino Unido, Peña Nieto comenzó a dar visos de que debe corregir el rumbo. Eso llevaría implícito el cambio de gente que, lejos de ayudarle a resolver problemas, se ha convertido en parte de éstos. Al parecer ya se dio cuenta Peña Nieto que algo no está bien entre sus más allegados, y en lo dicho a la reportera Jude Webber hay un dejo de reconocimiento del peligro de haber dejado hacer y dejar pasar las cosas. Incluso parece haber un momento que reacciona para sí y señala que ojalá esté a tiempo de hallar la brújula para rectificar el rumbo y recuperar el tiempo perdido.

En la entrevista se sinceró y reconoció que su gobierno ha transitado sin brújula durante más de dos años. Lo mismo había dicho en diciembre pasado el jefe de la oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño Mayer: que el gobierno peñanietista había venido caminando sin brújula y actuando con miopía. ¿Por culpa de quién? ¿A causa de qué? Es el punto de contrición en el que parece estar el jefe del Ejecutivo federal. En diciembre pasado trascendió que al menos dos de sus colaboradores principales les habían renunciado. Uno fue Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda, y el otro fue Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación. No se las aceptó en aquel momento.

Quizá vaya siendo hora de que esas renuncias las haga efectivas, y aproveche también para sanear su staff principal. Quizá un joven al que algunos le conceden capacidad, talento y futuro, es Aurelio Nuño. Ha pasado por varias etapas de aprendizaje de alta escuela en materia de antropología política, y ha tenido maestros de gran visión que han influido en su formación. A sus 35 años ya está en las ligas mayores del andamiaje político. Tiene preparación, es discreto y podría dar una sorpresa mas pronto de lo que muchos imaginan. Es lo mejor que tiene Peña. Y la buena noticia es que no es del grupo Atlacomulco.

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