Atropello a la libertad de expresión

 PAULINO CÁRDENAS

El despido de la conductora Carmen Aristegui por parte de MVS, propiedad de la familia Vargas, “es un atropello a la libertad de expresión” señaló la periodista. Es obvio que se aprovechó la coyuntura del anuncio que había hecho el pasado lunes, de que su equipo se sumaba a la plataforma México Leaks de denuncia ciudadana anónima contra la corrupción, para que comenzara un acoso en su contra, que acabó con su despido. La empresa destituyó a los dos periodistas que habrían cometido ‘abuso de confianza’ por haber usado indebidamente ‘la marca’ en una alianza, sin tomar en cuenta a los dueños. Ella pedía la restitución de los dos periodistas que había corrido la empresa desde el viernes -Daniel Lizárraga e Irving Huerta-, pero la empresa arguyó que no se prestaría a presiones y decidió despedirla el domingo.

Una razón, quizá la que detonó el escándalo MVS-Aristegui, fue el hecho de que en su sitio online Aristegui había publicado la primera información del espinoso tema de la ‘casa blanca’ propiedad de la pareja presidencial, una mansión con un valor estimado en 7 millones de dólares ubicada en Las Lomas de Chapultepec de la capital del país, que fue adquirida bajo los auspicios del dueño del grupo Higa, Juan Armando Hinojosa Cantú, preferido para realizar obra pública desde que Peña Nieto fue gobernador en el estado de México, asunto que fue seguido por el semanario Proceso, con lo que alcanzó escándalo internacional cuando diversos influyentes medios siguieron el tema, lo que enardeció al principal huésped de Los Pinos y al más influyente funcionario de su equipo.

También se dio a conocer que tras la casa de descanso del titular de Hacienda, Luis Videgaray, ubicada en el campo de golf de Maninalco, había estado el mismo dueño del grupo Higa, quien había asistido al funcionario con un crédito ‘blando’, de ‘cuates’ pues, para construir su mansión de recreo y solaz en el estado de México. Eso acabó de enardecer los ánimos en la residencia oficial. La historia comenzó con la publicación con una serie de fotos publicadas en la revista española Hola, en mayo de 2013. En la galería aparecía Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto, mientras se mostraban gráficas de los detalles de la lujosa mansión donde viviría con su familia.

El equipo de la periodista investigó el origen de la casa, valuada en unos 7 millones de dólares, y descubrió que pertenecía a uno de los principales contratistas del gobierno. El caso, conocido como la Casa Blanca de Peña, se convirtió en un escándalo político que afectó la imagen presidencial dentro y fuera de México. A ello se atribuye que la conductora y su equipo hayan sido despedidos de MVS Noticias donde por varios años transmitió por las mañanas su programa de lunes a viernes. Los periodistas se unieron a la plataforma Mexico Leaks, un espacio de filtraciones para exponer casos de corrupción.

La empresa descalificó esa alianza y despidió a dos miembros del equipo el viernes ‘por abuso de confianza’ y utilizar ‘la marca’ sin autorización de la empresa. Aristegui demandó la reinstalación de sus compañeros, pero el consorcio dijo que no podía aceptar condicionamientos en su administración y terminó su relación laboral con ella. Aristegui consideró que el despido de ella y sus colaboradores por parte de MVS Noticias fue “injustificado”. No obstante, la periodista reunida ayer lunes con su equipo afuera de las instalaciones de la radiodifusora, dijo: “Vamos a dar la batalla”, Indicó que fue un “atropello a la libertad de expresión” y que sus abogados le indicaron que detrás de esto “hay un conjunto de irregularidades y de situaciones absolutamente denunciables”. Afirmó: “Nuestros abogados nos dicen que no tienen derecho a hacer lo que están haciendo”; por ello, dijo, estará viendo, junto con su equipo, la manera de dar la batalla. “Es una batalla a favor de la libertad” que debe ser de todos, acotó la conductora.

En las redes sociales, su salida se convirtió en muro de lamentaciones, repleto de mentadas de madres y uno que otro comentario a favor de los dueños del escarnio. Que si fue legal, pero tramposa su despedida de MVS Noticias; que si fue abuso de confianza por sumarse a México Leaks; y ahí estará el debate por un tiempo. El hecho es que lo que sí hubo, para la mayoría de sus seguidores, fue un abuso de poder. Sucedió lo mismo que cuando en febrero de 2011 Aristegui soltó el comentario sobre el presunto alcoholismo del entonces presidente panista Felipe Calderón. Fue una bomba, derivado de lo que se había leído en una manta en la víspera de ese comentario, que había desplegado el diputado perredista Gerardo Fernández Noroña en San Lázaro.

Hubo la orden de Los Pinos para hacerle un llamado de atención, pero los Vargas fueron más allá y la despidieron. Vinieron las protestas de sus seguidores y se dice que de la casa presidencial provino la orden de reinstalarla. Después de una breve ausencia, reapareció al aire con su programa. Esta vez, con el caso de MVS Noticias, se cree que sea difícil que regrese, pese a que dice que peleará con abogados su destitución que considera fue un abuso de la empresa y un atropello a la libertad de expresión. Hay la firme sospecha que la orden, como la vez anterior con el caso del presunto alcoholismo de Calderón -que por cierto nunca aclaró si sí o si no- esta vez parece que el coraje es tal que no habrá remisión.

Ella sin duda tendrá ofertas que no le faltarán. Para los nuevos concesionarios de televisión abierta sería una espléndida oportunidad de levantar su raiting en unos cuantos días y ponerlo hasta los cielos. Solo que al parecer los nuevos dueños de esa concesiones cojean del mismo pie que los Vargas. En la breve declaración que ofreció Aristegui en las afueras de la radiodifusora ayer, dijo a los medios que lo sucedido “tiene los vicios de haber sido planeado con mucha anticipación, con muchos recursos y con mucho poder”. Indicó que “de eso vamos a hablar con nuestro equipo y vamos a analizar la mejor forma de dar esta batalla y la daremos”.

Son pocos los medios que saldrán en su defensa por varias causas. Uno, porque no en santo de su devoción en muchos casos, y dos, porque no quieren ser los que le pongan el cascabel al gato y les pueda suceder lo mismo. El asunto quedará entre la censura y la autocensura. Más bien serán los medios de fuera, sin duda los más influyentes, los que comiencen a abordar el asunto y a señalar las verdaderas causas de ese despido, como ya han comenzado a hacerlo algunos. ¿Habrá quien le proponga a Aristegui tener su propio espacio radial?

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