Reformas como actos de fe

PAULINO CÁRDENAS

Con el anuncio que hizo el presidente Enrique Peña Nieto al clausurar el pasado viernes 20 en la 78 Convención Bancaria en Acapulco, Guerrero, que para 2016 habrá un histórico recorte presupuestal ‘a fondo’ y un ‘rediseño presupuestal’ con base en una ‘reingeniería’ en todo el gobierno, las mentadas reformas estructurales que han sido su obsesión quizá se vayan al pozo y queden como una intención sexenal más como otras que han quedado en el pasado. Puntualizó que habrá un rediseño integral del presupuesto que tendrá ‘base cero’, a fin de ajustar y cambiar políticas públicas ‘que ya no corresponden a la realidad del país’.

La idea de que el gobierno no tenga tanta duplicidad de funciones y tantos gastos en sueldos de la burocracia, en especial de quienes ostentan los más altos cargos de la administración pública, no está mal, porque ese ha sido un reclamo permanente de los mexicanos. Es el mismo reclamo e indignación por tanto dinero que se le otorga a los partidos políticos para sus campañas que salen de los impuestos de los mexicanos, para que al final los candidatos ganadores lleguen al cargo a robar, sin que haya ley que los castigue, ya que están protegidos por la Santa Impunidad. Se le echa la culpa de ese recorte histórico que vendrá, entre otros factores, a la situación económica mundial.

Conforme han pasado los días ha trascendido que el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año próximo incluirá cambios a las políticas públicas, y que habrá fenomenales recortes de personal que trabaja en la burocracia, ya que habrá ajustes en cada dependencia del gobierno federal, habrá despidos, ya que el recorte ‘tocará las áreas, programas e incluso a la misma administración pública”, como lo señaló la semana anterior el subsecretario de Egresos de la Secretaría de Hacienda, Fernando Galindo Favela, al participar en el Foro Internacional sobre Presupuesto Cero, organizado por la Cámara de Diputados.

Señaló que revisarán todos los programas para definir su eliminación o fusión, al señalar que se deberá redimensionar el tamaño del gobierno, de acuerdo con la nueva realidad presupuestal, con el propósito de que “se apriete el cinturón” y tenga “las mínimas plazas” que sean indispensables para operar de manera eficiente, dijo el funcionario. Pero ¿que va a pasar con los pagos de pensiones? Según el subsecretario de Egresos, ese rubro no se tocará. Lo mismo que el caso de la deuda externa. Como sea, el temor de quedar desempleados, desde ahora es una posibilidad latente para miles y miles de burócratas.

Alguien ha dicho por ahí que esa medida draconiana gubernamental no es más que para asustar a la gente, crear temor, para después ‘dispensar la medida’ en un acto de bondad con alcance visionario de largo aliento -electorero por supuesto-, para tenerlos de su lado a la hora de emitir el voto de los burócratas en el 2018 quienes, hay que decirlo, son pocos los que creen en Peña Nieto y están convencidos de sus reformas y su estilo personal de gobernar que ha sido más a base de retórica que otra cosa.

La culpa por la que habrá ese ajuste histórico en el presupuesto de Egresos para el 2016 el equipo financiero y económico se la echa entre otros factores a la caída de los precios del petróleo que incluye la mezcla mexicana. Esa caída no tiene para cuando recuperarse a niveles convenientes para el país. Además está el problema de la paridad cambiara peso-dólar, que según lo reconoció el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, empezará a dañar los precios, a impactar en la inflación y a provocar que aumenten las tasas de interés domésticas. De pilón está la incertidumbre por como pudiera ser el comportamiento de la economía estadounidense.

Ese anuncio presidencial y lo que el subsecretario de Egresos ha dicho, más el casi nulo avance de la economía mexicana, con unas reformas que no acaban de carburar, con la corrupción galopante de funcionarios públicos y de quienes llegan a ocupar cargos de elección popular que llegan a roban y a hacer negocios privados con recursos del erario y quedan impunes, es lo que tiene a los mexicanos más que indignados. Y ni hablar de la inseguridad que priva en el país.

Si a esos asuntos se suman otros problemas irresueltos como el caso Tlatlaya, el de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, y el presunto conflicto de interés por el caso inmobiliario de las casas de la pareja presidencial y el de la mansión de descanso del titular de Hacienda, el coctel de molestia social estaría llegando a su punto más peligroso. Y si faltaba otra calamidad, está lo del recorte histórico que ocasionaría que mucha gente se quedara sin empleo, que se sumarían al ejército de los que no lo han logrado tener uno en este sexenio.

Aún con todo eso, la noche del pasado viernes Peña Nieto pidió a los mexicanos no tener “mayores temores” al cambio y estar preparados “para asumir la transformación” y contar con una actitud positiva y constructiva para modelar el país que anhelan los mexicanos. Al clausurar los festejos por el 50 Aniversario de la Universidad Anáhuac, el mandatario dijo que los jóvenes que hoy estudian en el futuro deberán ser parte de la transformación que México deba tener para entonces.

“Este cambio lo estamos experimentando todos los días y sé que cuando los cambios se aceleran generan en el ánimo social a veces incertidumbre, quizá cierto estrés, pero a final de cuentas sabiendo que estas es la constante de la humanidad no tengamos mayores temores”. Tras exponer los cambios económicos y sociales alcanzados por México durante los últimos 30 años, dijo que con las once reformas estructurales, seis de ellas para acelerar la economía nacional, el país tiene nuevos cimientos.

Y en Tlaxcala, también el viernes, insistió en que los beneficios de las reformas estructurales “no son un tema de retórica”, sino que es algo que está sucediendo. Sin embargo, hasta ahora han quedado en eso. Al menos los mexicanos siguen sin ver sus supuestas bondades. Según la propaganda gubernamental, la intención es ‘mover a México’, ¿pero sería como caminan los cangrejos, para atrás? Van más de dos años de nueva administración y los mexicanos siguen sin ver claro. La gente no ve prosperidad, progreso ni desarrollo. Sn embargo, el mandatario federal sigue hablando de ‘cambios’.

La situación económica anda mal. Y para colmo, con el anuncio de que el presupuesto de Egresos de la Federación para el año próximo, sufrirá un drástico recorte, vendrá a ser la puntilla de la preocupante situación que vive la gran mayoría de los mexicanos. Habrá que ver lo que sucede el próximo 7 de junio, día de las llamadas votaciones intermedias. La pregunta es si lo harán por el partido que está a cargo del poder federal y que se la ha pasado de retórica en retórica, con el ‘ya merito’ que no llega y prometiendo desde la campaña cosas que hasta ahora no se han cumplido ni con mucho.

Como sea, dijo optimista: “Tenemos un escenario distinto de aquel que teníamos cuando llegamos al gobierno y esto abrirá al país mayores oportunidades. Déjenme decirles que los cambios difícilmente se materializan de la noche a la mañana y en pocos meses. Si llevábamos años teniendo condiciones que no nos permitían despegar y al haber hecho los ajustes, tampoco esperemos que en muy poco tiempo estos ajustes, estos cambios y beneficios se materialicen para beneficio de la población, se empiezan a sentir, están ocurriendo”, señaló. Sin duda habrá quien le crea.

 

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