Narco mejor equipado que Policía

PAULINO CÁRDENAS

Hay cierta incongruencia entre lo que se sabe, incluso con datos, de que el gobierno de México ha ido comprando armamento a distintos países -EU, Francia o Italia, y a naciones como Rusia, Israel, e incluso China, entre otras-, y la reciente declaración presidencial de que las corporaciones de seguridad pública están en desventaja de armamentos y preparación estratégica, con respecto a las organizaciones delictivas que operan en México. El reconocimiento que hizo hace unos días el jefe supremo de las Fuerzas Armadas de que hoy el crimen organizado está “lamentablemente, mejor preparado, equipado” y que “tiene armas mucho más sofisticadas con las cuales delinque y con las cuales enfrenta a las corporaciones de seguridad pública” del país, no es buena noticia.

Eso a pesar de que desde el gobierno del panista Felipe Calderón y ahora del priísta Enrique Peña Nieto, se han invertido millones de dólares del erario para comprar armamento a varios países. Se dirá que esas compras son para seguridad nacional, pero el caso del narco y su avance entonces dónde queda. Esa declaración abre nuevamente el debate de si las corporaciones policiacas deberían ser las que deben combatir a la delincuencia organizado y al narcotráfico y no los miembros del Ejército y la Armada a los que por órdenes de su jefe supremo les toca esa tarea, aunque constitucionalmente no sea su responsabilidad, porque el Ejército no es policía; su misión es defender la seguridad nacional.

Esa distorsión existe desde que el panista Felipe Calderón le declaró la guerra al narcotráfico y cuya inercia, herencia de sangre y número de muertos por miles y miles, le heredó al priísta Peña Nieto, cuyo gobierno no ha podido dar pie con bola ante el avance del crimen organizado y de las mafias. Pero volviendo al tema, el mandatario priísta aseguró que su gobierno busca armar a las policías de manera adecuada para combatir al crimen organizado, pues reconoció que dichos grupos tienen un mejor armamento. Durante una reunión con policías del estado de México, en la cual les entregó equipo de seguridad, aseguró que los cuerpos policiales deben ser equipados y tener mejores estrategias.

Esto “será más fácil”, señaló, si se crean “32 policías sólidas, bien preparadas y homogéneas en lugar de las 1,800 que actualmente existen”. Esta propuesta tendría un mando único y que está bajo análisis en el Senado y del Congreso, agregó. La iniciativa propone la desaparición de las policías municipales, para lo que Peña Nieto plantea reformar el artículo 21 constitucional y establecer que esa labor sea exclusiva del gobierno federal y de las 32 entidades federativas. De aprobarse las propuestas, los ayuntamientos únicamente participarán en el diseño y la ejecución de políticas no policiales para la prevención del delito.

Ante esa disparidad de fuerzas entre narco y policías, de armamento y preparación en cuanto a estrategias -independientemente de las colusiones que por años se han dado entre mandos policiacos, tropa y delincuentes-, es que en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se optó por habilitar al Ejército en el combate al narcotráfico, además de defender la integridad, independencia y soberanía de la nación mexicana, emplear el poder naval de la Federación para la defensa exterior y coadyuvar en la seguridad interior del país para garantizar la seguridad interior y auxiliar a la población en casos de necesidades públicas Desde entonces, las Fuerzas Armadas, han tenido como misión adicional el combate permanente contra el tráfico de narcóticos.

Pero con el panista Felipe Calderón esa orden al Ejército se acendró y fue en el sentido de luchar frontalmente contra los sicarios del narcotráfico. Con el gobierno de Peña Nieto sigue estando vigente la misma orden. Ejército y Armada han hecho una tarea policiaca porque a quienes corresponde hacerlo, las policías, no están preparadas ni habilitadas ni pertrechadas para ello. Hay malos elementos militares que abusan de su poder. Y ni decir de los malos policías que se coluden con el narco por dinero. ‘Son casos aislados’ dijo Peña Nieto en el estado de México el mismo día que entregó equipos de seguridad. Y cada vez que hay abusos de esa naturaleza, la excusa es la misma: ‘Son casos aislados’.

Pero son las consecuencias las que cuentan. Ahí están Atenco y Ayotzinapa como ejemplos. Y de acuerdo con la Procuraduría General de la República, policías municipales de Iguala fueron responsables de la desaparición forzada de los 43 normalistas de la escuela rural ‘Raúl Isidro Burgos’ sucedida el 26 de septiembre de 2014, quienes los habrían entregado al grupo criminal Guerreros Unidos. Este es uno de los últimos casos confirmados de que el crimen organizado y la policía están coludidos.

El mandatario aprovechó el evento para hablar sobre las capturas de integrantes del crimen organizado realizadas durante su administración, y mencionó que 90 de 122 delincuentes buscados por el gobierno mexicano, ya han sido detenidos y ahora son procesados judicialmente. Por primera vez mencionó por su nombre a delincuentes: “Hoy el Chapo, la Tuta y el jefe de los Beltrán están enfrentando procesos, muchos otros más están enfrentando procesos y están fuera de la sociedad a la que estaban lastimando”, expresó sobre los arrestos de Joaquín Guzmán Loera, Servando Gómez Martínez y Héctor Beltrán Leyva.

Sin embargo, pese a la captura de figuras conocidas y no tanto, del narco, las actividades de las bandas criminales siguen propiciando violencia, hechos sanguinarios, extorsiones, secuestros, torturas que provocan miedo y terror en comunidades y poblaciones de varios estados de la República en donde el gobierno federal no ha podido acotar a las bandas que desde el sexenio pasado, el panista de Calderón alborotó la gallera de la criminalidad y que lejos de ganar la ‘guerra’ al crimen, los cárteles se fortalecieron y aunque hubo escisiones de algunos cárteles, también se dio el nacimiento de nuevas asociaciones criminales que ahí están, vivitas y coleando.

Esa declaración emitida por el presidente de que el narco cuenta con mejor armamento que las corporaciones policiales, fue más bien desafortunada. Si es cierto, por sabida se calla. Esa desventaja la celebran las bandas criminales y le agradecen a Peña Nieto que lo reconozca. La noticia vendrá con críticas muy duras de rebote desde el exterior, en donde alcanzó a escucharse ese reconocimiento que para muchos es signo de debilidad ante el poderío de los narcotraficantes, no solo económico sino en materia de armamento. Y es lógico cuando, por un lado, se sabe que la delincuencia organizada compra armas al otro lado de la frontera y las introduce a nuestro país por tierra o por mar, con la anuencia de personal oficial.

Lo que también sale a relucir con esa declaración presidencial de que el crimen está mejor armado que las corporaciones de seguridad pública, es una triste realidad: que para lo que sí están bien pertrechadas las corporaciones civiles y militares, es para violar las garantías individuales. Una, por la improcedencia de desplegar instituciones militares en el combate al narcotráfico. Otra, por las colusiones que existen entre no pocos miembros de las corporaciones policiacas con las bandas del narcotráfico y del crimen organizado, convirtiéndose así en parte de la criminalidad que se supone deberían combatir.

Lo que no queda claro es que si, por una parte el gobierno gasta millones de dólares en la compra de armamento militar, por otro lado se habla de que hay un déficit de pertrechos de armas y equipo actualizado por parte de las corporaciones de seguridad pública, ante la superioridad reconocida por el mandatario federal que posee el narco y el crimen organizado como lo dijo en el estado de México -que ha sido de un tiempo para acá su lugar preferido para hacer algunas declaraciones-, en donde aseguró que su gobierno busca dar mejores armas a las policías para combatir al crimen organizado ya que estos grupos tienen mejor armamento.

“Porque hay que reconocer, hoy el crimen organizado está, lamentablemente, mejor preparado, equipado, tiene armas mucho más sofisticadas, con las cuales delinque y con las cuales enfrenta a las corporaciones de seguridad pública”, dijo Peña Nieto durante la reunión con policías del Estado de México donde les entregó equipo de seguridad. Se ratifica así que la balanza en cuanto a armamento de mejor calidad y de alta tecnología está a favor del crimen organizado y de los cárteles de la droga, con relación a quienes deben combatirlos.

Por otra parte, ante la improcedencia según algunos de desplegar instituciones militares en el combate al narcotráfico, se pone de manifiesto la incongruencia del gobierno y de su argumento central para justificar el uso de las fuerzas armadas en operaciones contra la delincuencia organizada: la necesidad de hacer respetar la ley y sancionar a quienes la quebrantan. Dentro y fuera de México ha habido quejas sobre esas violaciones, que no han sido atendidas a cabalidad por el gobierno peñanietista. Por otro lado, la pregunta es: ¿Y las compras de armamento a varios países que le han costado al erario millones y millones de dólares? ¿En dónde están? ¿Para qué han sido compradas?

Otro tema que surge ante la declaración presidencial de que el narco y el crimen cuentan con mejor armamento y están mejor preparados que las policías es, dónde están las adquisiciones de armamento militar que incluye material altamente sofisticado de distinta naturaleza como fusiles, armas cortas, ametralladoras y otros tipos de armas con cañón de ánima lisa con un calibre inferior a 20 milímetros, otras armas de fuego y armas automáticas con un calibre de 12.7 milímetros o inferior, y accesorios, además de aeronaves, drones y equipo de aviación militar, así como el pago por concepto de “tecnología” necesaria para el desarrollo, producción, funcionamiento, instalación, mantenimiento, reparación o revisión de los materiales.

Hay, por tanto, cierta incongruencia entre las compras de armamento que ha hecho el gobierno de México a países como EU, de la Unión Europea como Francia o Italia, y a naciones como Rusia, Israel, e incluso China, entre otros, y la declaración presidencial de que las corporaciones de seguridad pública están en desventaja de armamentos y preparación estratégica que las organizaciones delictivas que operan en México, como los cárteles de la droga que tienen en nuestro país un paraíso para el cultivo de enervantes como la marihuana o para elaborar estupefacientes más sofisticados que son enviados a diferentes partes del mundo, primordialmente a Estados Unidos.

Si las estimaciones y datos que se tienen de que el gobierno mexicano ha comprado armamento de todo tipo a diversas naciones con costos multimillonarios, las preguntas entonces son varias: ¿dónde están? ¿los tiene el Ejército y la Armada? ¿son para qué? ¿para una eventual guerra contra el narcoterrorismo? Porque según informaciones provenientes de un reporte del general Kenneth Tovo, subcomandante del Comando Sur estadounidense, se afirma que el grupo terrorista Hezbolá, hermanado a Al Qaeda, se encuentra asentado en diversos puntos de Latinoamérica vinculado con grupos del narcotráfico, “entre ellos los cárteles mexicanos”. Así, en plural. Eso lo apuntaba hace tiempo Janet Napolitano. Pero ese es otro tema.

 

 

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