Videgaray superó a Korenfeld

 PAULINO CÁRDENAS

Se dice que David Korenfeld fue citado por la Secretaría de la Función Pública para que ‘aclare’ el por qué usó un helicóptero de la Conagua donde es titular, para llegar al aeropuerto de la capital del país en donde tomaría un vuelo para llegar con su familia a Vail, Colorado para vacacionar. La pegunta es si se hará lo mismo con el titular de Hacienda, Luis Videgaray, quien para sus vacaciones de Semana Santa tuvo a su disposición avión y helicóptero oficiales, elementos policiacos, vehículos blindados y otros recursos públicos para su ‘seguridad’, disfrute y placer, y la de su familia con la que viajó a la sierra Tarahumara en Chihuahua. Al viaje fueron invitados además “algunos amigos”. Estuvieron resguardados por elementos del Estado Mayor Presidencial, señalan testigos.

Indicaron que también había personal armado del gobierno que encabeza César Duarte. Una nota de la Agencia Proceso publicada el pasado sábado, señala que el sacerdote jesuita y vicario de la parroquia de Creel, Javier Ávila, lamentó: Las vacaciones del secretario de Hacienda y su familia en la Sierra Tarahumara son ofensivas porque se trata del funcionario que debe cuidar el dinero de los mexicanos. El religioso sostuvo que el viaje es ofensivo por el gran despliegue de seguridad para cuidar al secretario de Hacienda. Confirmó que la familia Videgaray llegó en helicóptero a Cusárare: “Un rarámuri vio cuando llegaron tres veces a bordo del helicóptero. Iban con parientes y muchachitos o muchachitas, que andaban con sus hijos”.

“La misma gente de Cusárare no supo a qué iba; en general la gente no se daba cuenta, pero cuando vieron el aparato exagerado en la calle, de torretas, guardias, la hilera de carros, preguntaban, y sí, había molestia en alguna gente”, comentó el padre. Esto a pesar de que las autoridades gubernamentales aseguran que hay mucha seguridad en la Sierra Tarahumara. Cuestionó por qué ellos (los funcionarios) sí pueden utilizar el dinero del país para cuestiones personales. “¿Por qué no ponen esa seguridad para toda la gente y no sólo para una familia que va de vacaciones? Eso es ofensivo porque, ¿cuánto se gastan sólo en las tres vueltas del helicóptero y en traer guardias presidenciales a la sierra, en viáticos y demás?”. El jesuita se preguntó si como al funcionario de Conagua, a Videgaray lo llamarán también por hacer uso de recursos de la nación para uso particular.

Lo cierto es que, como ayer lo apuntábamos en este mismo espacio, cada vez es más ostentosa y cínica la forma en que los funcionarios del gobierno federal muestran a los cuatro vientos la clase de vida que llevan, gracias a los privilegios que les da el sistema y el cargo que tienen que debería ser para servir, no para servirse. Pero les vale. ¿De quien es la culpa? De quien, como le escribió en enero pasado el medio británico semanal The Economist, refiriéndose al mandatario mexicano, no entiende que no entiende.

Bajo el título “El pantano mexicano” (The mexican morass) y rematando con la leyenda: “el presidente que no entiende, que no entiende” (A president who doesn’t get that he doesn’t get it), el artículo del medio británico señalaba que el presidente mexicano no ha caído en cuenta que tiene una venda en los ojos que cada vez se hace más densa por el cúmulo de problemas sin resolver que siguen apareciendo en el país. El artículo venía a ser un comentario general sobre lo que había dicho Peña Nieto en su mensaje de año nuevo, en donde, como lo ha hecho hasta ahora, hizo un diagnóstico de la situación que prevalece en México y de las medidas que supuestamente tomaría su gobierno para resolverla.

El referido artículo que escandalizó en Los Pinos señalaba, entre otros puntos, que el presidente Peña enviaba un mensaje a la nación con frases que invocaban las palabras “liberar a la nación del crimen, la impunidad y la corrupción”. Señalaba el artículo que la sociedad ya no se conforma con discursos “bienintencionados”, ésta solicita acciones, requiere cambios palpables y está moviéndose y manifestándose para representar una democracia justa. Una hilera de palabras bien organizadas y muy bien expuestas, no bastarán para recuperar la aprobación que ha perdido el mandatario con los últimos sucesos que han azotado al país.

El gobierno federal no se está centrando en la tarea, al parecer, más importante: que es detener a los involucrados en la corrupción y el crimen organizado en los gobiernos de estados e inclusive municipios. ¿Cuál es el temor o el obstáculo que enfrenta el alto poder al realizar esta representación de justicia que ayudaría a la nación? Para poder hacerlo es necesario ser ejemplo, y el gobierno federal no podrá centrarse en los vínculos delictivos de pequeños gobiernos, si el propio gobierno “está marcado por el escándalo” y apunta: “En las democracias modernas, a las que México aspira a pertenecer, el tipo de relación de ‘rascaespaldas’ que aparentemente emprendieron con Grupo Higa es vista como comportamiento inaceptable”.

El análisis de The Economist hace mención a la urgencia de una agencia anticorrupción, un órgano que vigile y regule al gobierno, sus movimientos y relaciones con empresarios que han mantenido vínculos cercanos con los mandatarios desde gobiernos anteriores, y hacerlo desde una instancia independiente que no esté vinculada con el gobierno, pues ¿qué tendríamos entonces? ¿Instancias creadas por corruptos, respaldando a corruptos?

En este caso, añadía, se toma como ejemplo el modo que adoptó Brasil para operar la corrupción, en donde sin importar que la presidenta Dilma Rousseff se encuentre detrás del “despilfarro” de Petrobras, irán contra ella. Un bien cimentado modelo de trabajo anticorrupción como el que tiene Brasil y hacer un análisis profundo de la manera en que operan otras naciones, sería un primer paso para continuar con los cambios -o mejor dicho ‘la limpieza’- que necesita México.

“México merece algo mejor” concluye la publicación, y hace referencia a que debido a la racha de malas actuaciones por parte del gobierno mexicano, lo único que se está logrando es darle más beneficio a Andrés Manuel López Obrador “un populista mesiánico” que encuentra en esta situación una oportunidad para posicionarse. Y es de esperarse, pues en realidad ¿qué merece México? O ¿a quién se merece? Si no es AMLO, si no es EPN, si no fueron todos los presidentes que ha tenido el país durante los últimos sexenios, ¿quién será capaz de sacarlo de este hundimiento en donde lo han sumergido la corrupción, el crimen y la falta de organización y transparencia por parte de los poderes? Antes teníamos una sociedad ensimismada, indiferente e incapaz de cuestionar, pero ahora no es así, ahora México ya no tiene el presidente que merece, pues “merece algo mejor”.

The Economist hizo referencia a algunos de los muchos cambios que se necesita que sucedan para que la nación pueda sanarse un poco, para que cada ciudadano preocupado por los 43 normalistas desaparecidos o por saber a dónde van a parar sus impuestos, tenga un poco de paz. De esta manera no se resuelven todas las incógnitas que danzan alrededor del país (sobre todo del mandato priísta) pero sí podrían mover un poco la tranquilidad que para muchas personas parece haber desaparecido.

Si a ese análisis que sigue vigente hecho por la publicación británica, se le agrega la indolencia de quien no entiende que no entiende que debe evitar los abusos del que hacen ostentación funcionaros como David Korenfeld titular de Conagua, y Luis Videgaray, secretario de Hacienda, la cosa no solo seguirá por el sendero del desencanto y la falta credibilidad en el gobierno peñaniestista, sino que no tardará en desembocar en un movimiento popular inédito que podría cimbrar a propios y extraños.

No puede hablarse de recortes al presupuesto -como el de enero pasado que ya empezó a registrar despidos- y el mega-recorte que vendrá para 2016 que será peor, si la casta divina priísta sigue cometiendo abusos de poder cobijados por la Santa Impunidad. ¿De veras así espera ganar las elecciones intermedias el partido en el poder? Si gana sería con las trampas de siempre. Por lo pronto, una vez reanudadas las labores, comenzarán la críticas contra Peña Nieto por la actitud jaquetona de Korenfeld y Videgaray.

 

 

 

 

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