Inseguridad: realidad vs ‘sensación’

PAULINO CÁRDENAS

Según los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, correspondiente al primer trimestre de 2015, la ‘sensación’ de inseguridad bajó. Al menos 20 mil habitantes esperan que los siguientes meses la situación continúe igual de bien, mientras que casi 40 mil esperan que siga igual de mal y 25 mil esperan que empeore. Sin embargo, algunos medios siguen dando cuenta diariamente de los crímenes violentos que se dan en todo el país, como emboscadas del narco contra policías federales, matanzas en diferentes zonas del país, secuestros, extorsiones y crímenes atroces por parte de organizaciones vinculadas al narco, lo cual, entre lo que reporta esa encuesta y la terca realidad, hay bastante diferencia. No checa cabalmente esa ‘sensación’ con los hechos.

Si no hubiese esa realidad no se estaría adquiriendo armamento por parte del gobierno federal, que en teoría es para dotar a las policías ministeriales, la policía federal, las estatales y federales, al ejército y la marina y de material militar, supuestamente para combatir al crimen. Está también el número de granaderos, de miembros de las corporaciones de las fuerzas armadas que han crecido en número, con un costo no revelado por la federación. Más las tanquetas, camiones de agua, equipo protector, escudos y gases lacrimógenos también tienen un costo. Eso, por no hablar de los enormes desembolsos que han hecho los gobiernos federales en los dos sexenios panistas -el de Fox y Calderón- y el actual régimen priísta a cargo de Peña Nieto-, para la compra de poderoso armamento bélico.

Ese armamento bélico se refiere a armas que se usan en una guerra, como granadas, bazucas, tanques, rifles de asalto, bombas, aviones de combate, misiles, etc., que México ha estado comprando a diversos países, no se sabe bien a bien para qué. Tampoco se cree que hayan sido compras simuladas, pero en estos tiempos de corruptelas y de impunidad, quién sabe. El hecho es que ese tipo de inversiones son descomunales en cuanto a lo que cuestan. Primero porque el pago es en dólares. Segundo porque el armamento de última generación -si es que no se ha estado adquiriendo chatarra bélica de la que se deshacen algunos países que les venden a naciones del tercer mundo a precios de ‘ganga’-, tienen costos altísimos. En todo caso el endeudamiento es fenomenal. ¿O acaso es un intercambio de armamento por petróleo?

Como sea, el hecho es que parece que de poco ha servido la adquisición de tanto armamento, si el crimen organizado y las bandas que se dedican a diversas actividades ilegales son mafias que siguen vigentes, que se han empoderado de comunidades enteras por otro factor que también cuenta, y mucho, que es la insana relación entre capos y gente de las corporaciones policiacas, militares y marinas, aduanales y gubernamentales dizque dedicadas a perseguir a los criminales: las corruptelas que existen de unos con otros, amparadas por la Santa Impunidad. ¿De qué sirve que el gobierno haga gala de detenciones de capos de primera, segunda y tercera generación, si la criminalidad sigue? ¿De veras los crímenes violentos siguen bajando en el país?

Diversos apuntes señalan que la delincuencia que de 2007 a la fecha ha ido creciendo en el país. Además del estancamiento económico, es el problema que más lacera a los mexicanos en algunas entidades federativas y específicamente en ciertas comunidades y poblados más alejados de las cabeceras municipales. Son esos lugares en donde los grupos criminales se ensañan con los pobladores. De ahí que hayan surgido los grupos de autodefensa cuya misión, ciertamente ha ido degenerando y en no pocos casos ha decantado en complicidades con el crimen. Michoacán ha sido ejemplo de ello, en donde el ex comisionado plenipotenciario envido por el presidente, Alfredo Castillo Cervantes, acabó siendo un rotundo fracaso.

De hecho la incidencia delictiva ha crecido, además del robo a transeúntes, en lo que se refiere al secuestro y a los homicidios dolosos, estos derivados del acoso de las fuerzas gubernamentales armadas, cuyas bandas criminales han respondido ferozmente realizando emboscadas donde acribillan a mansalva a policías, militares y marinos. De hecho en esos ataques no se da cuenta de detenciones ni encarcelamientos; sobre el número de detenidos y encarcelados no hay cifras; son esporádicos los casos cuando así sucede. Al final los criminales salen libres ‘por falta de méritos’, es decir, porque no se les haya culpa.

La delincuencia común realiza el robo o asalto al transeúnte, robo a casa-habitación o a negocios. Después viene el otro estrato, que ya corresponde a la delincuencias organizada, donde hay la extorsión, la trata de personas, el narcomenudeo, el lavado de dinero, la pornografía infantil y el secuestro. El peor escenario es el que componen las ejecuciones, las decapitaciones, los descuartizamientos y los colgados, muchos de los cuales acaban en fosas clandestinas. Hay por supuesto, colusión entre el crimen organizado y las autoridades en diferentes escalas gubernamentales: mandos policiales, militares y marinos, tropa, aduaneros, jueces, ministerios públicos, alcaldes, gobernadores, legisladores, etc., etc.

El dinero del narco es el recurso más poderoso que tiene el crimen organizado y los cárteles de la droga. Estos últimos utilizan dólares para convencer al más pintado de los incorruptibles. Si no acceden, es muy posible que no duren mucho para contarlo. Los traidores también causan baja. Quienes entran a ser parte de las mafias y luego se arrepienten, les toca bala mortal. Por todo eso la incidencia delictiva se ha incrementado progresivamente, sobre todo del sexenio del panista Felipe Calderón para acá. Dicen los especialistas que en términos comparativos, internacionalmente las tasas delictivas en México son altas.

Acá las autoridades quieren hacer creer que las encuestas ciudadanas dicen la verdad. Habrá que ver si esa encuesta nacional del INEGI, del primer trimestre del año, la realizaron en poblados marginales de Michoacán, Chihuahua, Coahuila, Durango, Morelos, Tamaulipas, Sinaloa, Jalisco, Nayarit, Baja California, Baja California Sur, Sonora, Veracruz, la ciudad de México, Hidalgo o el estado de México, en donde, entre otras entidades federativas, el crimen sigue su marcha.

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