Tratan de acallar la violencia

PAULINO CÁRDENAS

Ante la avalancha de hechos delictivos que no paran en el país, el gobierno de la República ha preferido tratar de disminuir, para efectos mediáticos, los acontecimientos de sangre que se han venido dando a causa de los enfrentamientos, emboscadas y atentados sorpresivos de sicarios al servicio de las bandas criminales, contra policías federales, militares y marinos que se supone que tienen la orden de enfrentar a los cárteles de la droga y a las mafias del crimen organizado.

Los cárteles han ido cambiando; unos se han escindido y otros han surgido como nuevas organizaciones. Si en el sexenio del panista Felipe Calderón la organización preponderante fue el cártel de Sinaloa, que tuvo más privilegios que los demás, en el actual régimen de Enrique Peña Nieto, la banda criminal que más se ha expandido y ha ganado territorios a base de sangre y fuego, es el cártel Jalisco Nueva Generación (JNG). Según la DEA dicho grupo es el que ha logrado esparcirse con mayor rapidez y alcanzará los niveles del cártel de Sinaloa.

Las organizaciones que siguen teniendo la mayor preponderancia son el de Los Zetas y el cártel del Golfo. Pero están los Caballeros Templarios y el JNG que también compiten con otros grupos delictivos que ‘exportan’ su mercancía, además de Estados Unidos, Canadá y Sudamérica, a naciones del Lejano Oriente, África, Europa, Australia e incluso China. Las tareas a las que se dedican en territorio nacional son diversas, como todo mundo sabe.

Uno de los mercados más cotizados para la venta de cocaína es la Unión Americana y las ciudades de Chicago, Nueva York, Los Ángeles y Washington D.C. El que controla la entrega de estupefacientes en esas plazas es el cártel de Sinaloa, eso a pesar de que Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán se supone que está detenido, pero que es evidente que sigue haciendo grandes negocios desde la prisión.

Además del control del cultivo de estupefacientes, y el trasiego de drogas, los cárteles también se dedican a recibir cocaína y efedrina procedentes de China, Colombia y diversas regiones de Centro y Sudamérica, para ser trasladas a EU, Canadá y otras naciones del mundo. Los cárteles más conocidos, con su poderío económico, se dedican a adquirir armamento altamente sofisticado y con gran capacidad bélica.

No en balde hace poco el presidente Peña Nieto declaró de que el crimen poseía mejor armamento que los policías federales. Los grupos criminales han logrado poner en jaque a las fuerzas locales, estatales y federales, porque con la operación de sus servicios de inteligencia, además de la gente que coopera con esos grupos como ‘halcones’ y gentes dedicadas a prevenirlos de ataques, logran tenderles emboscadas y atacar sorpresivamente a instalaciones vitales de seguridad pública y a servidores públicos de los tres niveles de gobierno.

Todo ello provoca tal grado de violencia y derramamiento de sangre, que las autoridades tratan de minimizar cada evento, señalando que el número de muertos es tal cuando en realidad es mayor. Un botón de muestra fue la matanza en Ayotzinapa del pasado 6 de enero en donde el ex comisionado Alfredo Castillo declaró que había habido seis muertos por ’fuego cruzado’, cuando en realidad, según testigos, hubo 16 muertos a mansalva por parte de policías federales que dejó además muchos heridos.

El hecho es que a diario hay balaceras, emboscadas contra policías federales, militares y marinos o ejecuciones y decapitaciones, además de secuestros, torturas y extorsiones. Esos hechos suceden en todas las entidades federativas, pero muchos medios no los publican por miedo a represalias o porque prefieren congraciarse con los gobernantes para hacer creer que en el país no pasa nada, que prevalece la santa paz y que México es un paraíso terrenal, cuando la realidad habla de otra cosa.

Si no es en Tamaulipas, es en Guerrero o Sonora, cuando no en Michoacán, Sinaloa o Veracruz, Coahuila o Tamaulipas, Chihuahua o Morelos, Hidalgo, el estado de México o Nayarit, Tlaxcala o las dos Baja Californias; el caso es que siempre hay reportes de enfrentamientos armados y actos criminales en donde participan sicarios al servicio de los cárteles de la droga. Eso sin contar los narcotúneles por donde los cárteles pasan la droga a EU.

Al acallar, distorsionar o no dar a conocer lo que sigue sucediendo en nuestro país en materia criminal, es aprovechado por los gobiernos -federal, estatal y municipal- para decir que en el país reina la calma, que los índices delictivos han disminuido y que los crímenes violentos han desaparecido del mapa. Se dice que las cosas están quizá peor que en el sexenio del panista Felipe Calderón.

Lo que sucede es que la orden en algunos medios es no hablar del tema, mientras que a nivel oficial las cosas tratan de minimizarse. Se quiere dar la impresión de que en México quedó erradicada la violencia, que el número de crímenes han descendido y poco o nada se habla de secuestros, extorsiones y ejecuciones, cuando siguen siendo el pan de cada día en el mundo criminal. El caso de los 43 estudiantes rurales desaparecidos en Ayotzinapa el pasado 26 de septiembre y la matanza del 6 de enero que se dio en ese mismo lugar, refuta ese querer acallar oficialmente la violencia.

Los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y presuntos integrantes de la delincuencia organizada siguen registrándose en diversos estados del país, con saldos de gente muerta, a veces de un bando, a veces de otro, y por supuesto heridos, todos víctimas con balas de grueso calibre salidas de armas largas. Las propias autoridades estatales o federales confirman esos reportes diariamente. Pero los medios locales o minimizan la información o de plano la omiten, por consigna o por miedo.

Y todo ese panorama se da cuando están en pleno apogeo las campañas electorales para los comicios que habrá el 7 de junio próximo. La violencia en el país existe pero la tratan de acallar o buscan distorsionarla. El gobierno ha comenzado a preocuparse en serio por el recrudecimiento de la guerra del narco contra fuerzas federales. Y esa preocupación la comparte el gobierno de Washington.

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