Hicieron quedar mal al Jefe supremo

PAULINO CÁRDENAS

Se dice que en los hechos sucedidos el pasado viernes 1 de mayo donde el Cártel Jalisco que lidera Nemesio Oseguera Cervantes alias El Mencho, atacó a un comando de élite del Ejército mexicano derribando un helicóptero militar, hubo traición al Jefe supremo de las Fuerzas Armadas, Enrique Peña Nieto. Es un hecho que hubo deslealtades, porque al mando de esa organización criminal le dio tiempo de preparar una estrategia de ataque tipo guerrilla urbana, con las lamentables consecuencias de todos conocidas. Tal fue el enojo que el mandatario federal ordenó el desplazamiento de 10 mil efectivos para resguardar la zona e ir tras el dirigente y sus secuaces del llamado ‘cártel del sexenio’.

Con el programa anticrimen ‘Operación Jalisco’ el mandatario federal quiso demostrar que hay capacidad de respuesta ante los embates del crimen organizado, pero alguien lo hizo quedar muy mal de cara a la nación y fuera de ella. Se dice que se investiga quien o quiénes le pasaron información anticipada y fidedigna a El Mencho, del interior de las áreas de inteligencia del Ejército, de la Marina, de la Procuraduría General de la República, de la Policía Federal, o del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). Hay mucho pesar entre los miembros de la familia de los seis militares y la agente que murieron cuando el helicóptero fue alcanzado por un misil de corto alcance.

Al menos eso es lo que trascendió de fuentes militares donde lamentaron el derribo de un helicóptero militar en el que viajaba una unidad castrense de élite del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Alto Mando Militar. Ese lamentable hecho impactó a jefes y efectivos del Ejército mexicano y ha sido motivo de preocupación en el gobierno federal, porque el aparato fue abatido por un misil de corto alcance disparado por un lanzacohete de manufactura rusa de los que son utilizados en guerras formales como las del Medio Oriente.

La Secretaría de la Defensa Nacional aseguró en el lugar donde cayó el helicóptero, cuatro lanzacohetes, dos RPG y dos LAW, así como 10 cohetes útiles para RPG, aparte de nueve vehículos que utilizaron sicarios del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) para derribar el viernes antepasado un helicóptero Cougar de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM). También 15 armas largas, entre ametralladora y fusiles de calibres 0.50” y 7.62 mm, seis armas cortas, cinco granadas de mano; 92 cargadores y 3 mil 800 cartuchos.

Tan fue avisado anticipadamente El Mencho de la ruta que seguirían los cuerpos de élite del Ejército mexicano que iniciaban ese viernes 1 de mayo el programa anticrimen ‘Operación Jalisco’, que lo que también sorprendió fue que los grupos armados del Cártel de Jalisco que participaron en los ataques -más de 250 sicarios, la mayoría ex militares-, tuvieron tiempo de planear su estrategia tipo guerrilla urbana y desde temprana hora desplazarse en lugares estratégicos, bloquear caminos, quemar vehículos, gasolineras y bancos en el corredor Jalisco, Colima, Guanajuato y Michoacán. Hubo una evidente fuga de información.

Ese cuerpo de élite que viajaba en el helicóptero derribado pertenece a esos grupos que tienen una preparación muy especial, equiparable a los adiestramientos de los grupos de élite del Ejército de Guatemala conocido como kaibiles. Según la Secretaría de la Defensa Nacional los primeros mexicanos convertidos en kaibiles se graduaron en 1996; no obstante extraoficialmente se sabe que en la Escuela de Adiestramiento Kaibil, desde 1987 oficiales de México, Argentina y Panamá reciben ese rudo entrenamiento.

Desde su creación a la fecha, Guatemala ha formado a más de 10 mil kaibiles, varias decenas son extranjeros; de éstos un buen porcentaje son mexicanos. Otros son de Venezuela, Honduras, Nicaragua, Belice, Estados Unidos, Uruguay, Costa Rica, Colombia, Panamá y Argentina. Hay aspirantes a graduarse como kaibiles, que acaban sufriendo demencia porque el adiestramiento es tipo Rambo. Se cree que los que integran las filas del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Alto Mando Militar, han tomado ese tipo de cursos que no cualquier aspirante aguanta.

Incluso se sabe que los cárteles mexicanos de la droga emplean la infraestructura de inteligencia del Gobierno para la guerra que los enfrenta desde hace varios años por el control del territorio, según el periodista David Aponte, autor del libro “Los infiltrados. El narco dentro de los gobiernos”, (Grijalbo, 2010). “Han utilizado los servicios de inteligencia institucionales para combatir a sus adversarios, se han beneficiado de la estructura del Gobierno”, explicó a Efe el autor, cuyo libro detalla los millonarios sobornos ofrecidos por el narcotráfico a sus informantes.

En los últimos cuatro años, los diferentes cárteles han intensificado sus rivalidades y provocado una sangría que alcanzaba los 30,000 muertos en 2010 más los que se acumularon al final del sexenio del panista Felipe Calderón que habrían superado más de 80 mil muertos. La guerra que le declaró al narco fue una contienda en la que los capos no han dudado en utilizar la inteligencia proporcionada por sus infiltrados.

Esa fue la herencia que le dejó su antecesor a Peña Nieto. Pero en lo que va del sexenio la cifra de muertos a causa de la lucha antinarco ha crecido considerablemente. Si bien en los sexenios panistas el cártel de Sinaloa que comanda Joaquín El Chapo Guzmán era el consentido de ambas administraciones, ahora el lugar de preferencia lo tiene el Cártel Jalisco, derivado del cártel del Pacífico o cártel de Sinaloa, después que fue ultimado Ignacio Nacho Coronel que operaba una amplia zona geográfica para El Chapo, quien supuestamente se encuentra encarcelado.

Pese a los constantes anuncios del secretario de Gobernación, de que han ido cayendo cabecillas del crimen organizado y se anuncia que con esa aprehensiones tal o cual cártel desaparece, el hecho es que esas organizaciones criminales se multiplican, aunque con menor poder, pero con mayor fiereza para ganarse un lugar en el mundo del crimen y de las organizaciones que se dedican al cultivo y trasiego de drogas en el país. El hecho es que cada vez es más difícil evitar fugas y que no haya traiciones al Jefe supremo de las Fuerzas Armadas, por parte de las áreas de inteligencia de la Policía Federal, el Ejército, la Marina, la PGR y el Cisen.

 

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