Castigaron a gobiernos infames

PAULINO CÁRDENAS

Las elecciones intermedias que acaban de pasar dejaron en claro que los ciudadanos están hasta la madre de engaños y del descarado robadero de quienes llegan al poder solo a hacer negocios privados con dinero público, protegidos por la Santa Impunidad que sigue vigente en el país. De ahí que, aunque con cierta timidez, el hartazgo se notó el domingo en las urnas, pese a que hubo más de la mitad del padrón nacional que prefirió no sufragar, registrándose alrededor del cinco por ciento de voto nulo.

Gracias a que la izquierda sigue dividida -que si estuvieran unidos PRD, PT, MC y Morena sumarían poco más del 28 por ciento de los votos contra el partido en el poder que sumó esta vez el 28.96 por ciento según los primeros resultados que dio a conocer el INE-, para el PRI y el PAN fue un factor que les favoreció, con lo que lograron mantener su hegemonía como primera y segunda fuerza electoral entre los diez partidos con registro que participaron en los recientes comicios intermedios.

La alternancia por la que optaron los ciudadanos de diversas entidades del país se puso de manifiesto en varios casos, como fue el sorpresivo triunfo de Jaime Rodríguez, El Bronco, en Nuevo León, lo que marca un antes y un después en la vida electoral mexicana y que muchos presumen que podría ser ejemplo a seguir en ulteriores procesos, incluida la joya de la corona que será la disputa por la Presidencia de la República en 2018, cuya carrera de hecho ya comenzó.

Hubo otros casos donde el descontento de la ciudadanía se puso de manifiesto además de Nuevo León, como fueron Jalisco y el mismísimo Distrito Federal en donde fue rota la hegemonía del PRD con triunfos delegacionales por parte de priístas, un candidato independiente y el gran salto que dio Morena al ganar seis delegaciones: Azcapotzalco, Tlalpan, Tláhuac, Xochimilco y Cuauhtémoc.

El triunfo de ese partido propiedad de Andrés Manuel López Obrador en la capital del país deja al PRD a un paso de perder la jettatura que tuvo desde 1997 en la capital del país. No habrá que regatear el hecho de que el domingo Morena se convirtió en la fuerza política más importante del DF. De paso, el efecto Mancera quedó relegado por ahora en su pretensión de ser candidato presidencial dentro de tres años.

Otro caso de éxito de un candidato independiente fue el de Pedro Kumamoto que triunfó como diputado local por el distrito diez de Jalisco. Con tan solo 25 años de edad y con 18 mil pesos, pudo derrotar a una partidocracia que hizo todo para impedir que pudiesen competir candidatos independientes como él. Es otro ejemplo de que sí se puede cambiar el vetusto esquema de un sistema partidista que se ha convertido en un nido de ratas; una verdadera mafia de esquilmadores del erario.

De la ilegalidad del Verde ni hablar. Mucho se ha escrito del valemadrismo del que hizo gala ese partido a lo largo del proceso electoral. Pero la culpa no es del indio sino del que lo hace compadre. El INE, con un consejero presidente anodino y racista, no se podía pedir mucho. Y ni qué decir de las prácticas tramposas de siempre del partido en el poder regalando televisores en víspera de las votaciones como una forma ‘legal’ de compra de votos.

Pero ante lo irremediable estuvieron los indignado que con su voto hicieron cambiar de colores partidistas en los gobiernos de algunos estados donde hubo un incipiente castigo. La alternancia se puso de manifiesto en Sonora, con el triunfo de Claudia Pavlovich tras un sexenio panista de abusos de poder encabezado por Guillermo Padrés. Lo mismo que ‘los Medina’ en Nuevo León, podrían ser sujetos de investigaciones de carácter penal por parte de quienes los vienen al relevo gubernamental.

Al menos eso ya lo declaró ‘El Bronco’ respecto del gobernador Rodrigo Medina y de ‘Papá Medina’, Humberto Medina Aislie, a quienes, dijo el mandatario independiente Jaime Rodríguez Calderón, si las circunstancias lo ameritan, que es lo más probable. En Querétaro ganó el panista Francisco Domínguez, ya que los votantes así lo determinaron, dejando con un palmo de narices al priísmo que encabezó José Calzada.

Michoacán fue otro caso. Silvano Aureoles Conejo, del PRD, triunfó tras seis años de un priísmo que se dedicó a todo, menos a gobernar pero eso sí, la familia Vallejo, vinculada al crimen organizado incluso con uno de sus hijos, Rodrigo Vallejo Mora, gran ‘cuate’ de ‘La Tuta’, dirigente de los Caballeros Templarios, y luego un enviado balín y mentiroso que fungió -¿fingió?- como comisionado plenipotenciario para la paz del estado, llamado Alfredo Castillo Cervantes, cuya misión no sirvió para nada.

En Guerrero el triunfo fue para Héctor Astudillo del PRI, hartos de un seudogobierno que encabezó Ángel Aguirre y su banda familiar de ladrones vinculada al crimen organizado. El régimen del ex gobernador dizque perredista tiene la pesada carga de la misteriosa desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, cuyos padres, amigos y organizaciones antigobiernistas, siguen clamando que aparezcan vivos o se les pruebe científicamente que están muertos, bajo la consigna de “Ayotzinapa vive, la lucha sigue”.

Pero los votantes, que como quiera que sea hicieron su tarea de procurar la alternancia con candidatos que esperan no salgan como los que han llegado a robar y hacer negocios privados con dinero del erario. El empuje social manifestado en las pasadas elecciones intermedias, pese a que hubo mucho abstecionismo -más de la mitad del padrón nacional-, puede ser el principio de una nueva era electoral en la historia de nuestro país. Es cosa de no bajar la guardia y seguir con esa tendencia y estar con los ojos abiertos y la disposición por delante de que las cosas cambien.

El castigo a los gobiernos infames es prueba de que sí se puede. La lucha social será contra la corrupción oficial y contra la Santa Impunidad que protege a los mafiosos de cuello blanco.

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