Dinero hay, pero para dispendios

PAULINO CÁRDENAS

Sonó a quimera esa declaración del presidente Enrique Peña Nieto de que el Estado está domando “la condición humana” mediante un combate real a la corrupción, con el establecimiento del Sistema Nacional de Transparencia y la ley anticorrupción. Solo que para echar a andar esos aparatos burocráticos -que luego no sirven para nada- se requiere mucho dinero. Los recursos no alcanzan porque en gran medida el gobierno federal -y los gobiernos estatales-, lo usan para gastos superfluos, no para acabar con la corrupción ni mucho menos.

Al hablar en la ceremonia inaugural del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia el jefe del Ejecutivo federal señaló que los lineamientos del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información, servirán para domeñar “auténticamente, la condición humana”, lo cual sonó a buenos propósitos. Cada cambio de gobierno federal sus titulares llegan a lo mismo, a anunciar el combate a la corrupción. Solo que esos propósitos se quedan en buenos deseos porque nunca se aplica la ley como debiera, aunque haya instancias para eso.

En el caso del anuncio que hizo Peña Nieto, fue la comisionada presidenta del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información, Ximena Puente, quien le bajó los ánimos al Ejecutivo Federal, al señalar que para que funcionen el Instituto se necesitarán muchos recursos del erario. Y ahí es donde la puerca tuerce el rabo, ya que los recursos fuertes se usan para varios rubros que nada tienen que ver con esos propósitos. Al contrario.

Los recursos de la Federación suelen ser utilizados para gastos superfluos. Se ha gastado en la compra de equipo bélico a varios países, como si México estuviera en guerra, cuando la verdadera guerra, que debería ser contra el crimen organizado y los cárteles de la droga, solo se administra, como sucedía en el régimen panista de Felipe Calderón. Desde que inició el actual sexenio, se ha publicado y documentado gastos que nada tienen que ver contra la corrupción.

Cada sexenio el gobierno que llega se dedica a ejercer gastos, en medio de una falta de transparencia y desdén por la rendición de cuentas. El régimen que encabeza Peña Nieto no ha sido la excepción. La Presidencia de la República ha incurrido en el mayor sobregiro presupuestal de los últimos 14 años, como lo hizo público la periodista Anabel Hernández en un extenso reportaje en el semanario Proceso en noviembre pasado.

Señala que durante 2013, el primer año de gobierno de Peña Nieto, en el marco de ostentosas remodelaciones, redecoración y construcciones en Los Pinos, la Presidencia gastó mil 169 millones de pesos adicionales a su presupuesto autorizado por la Cámara de Diputados para ese ejercicio fiscal.

Pese a que se le aprobaron 2 mil 104 millones de pesos, dicha instancia erogó 3 mil 273 millones gracias a ampliaciones presupuestales que le concedió unilateralmente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), encabezada por Luis Videgaray, el funcionario que más influye en Peña Nieto. Esto implicó un gasto adicional de 55.5 por ciento sobre lo aprobado por el Congreso, proporción superior a los excesos que en el mismo rubro registró la Presidencia en los sexenios de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón.

En 2014, de enero a junio, la Presidencia incrementó su presupuesto en 24% más de lo autorizado, también gracias a las ampliaciones presupuestales que le ha otorgado la SHCP. Su presupuesto, de 2 mil 200 millones de pesos, ya se había ampliado hasta junio pasado a 2 mil 734 millones, y todavía falta el segundo semestre, según el “Informe sobre la situación económica, finanzas públicas y la deuda pública” que Hacienda entregó al Congreso, correspondiente al segundo trimestre de este año.

En cambio, Hacienda les disminuyó el presupuesto aprobado por los diputados a la Secretaría de Gobernación, la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Economía. La revista había publicado en su número 1976, datos de la ostentosa remodelación de la residencia Miguel Alemán para transformar las oficinas en el nuevo palacete afrancesado que habitan Peña Nieto y su familia. También hubo dinero para la construcción de un nuevo edificio en Los Pinos para albergar el despacho del jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño.

Todo eso, además del escándalo de la llamada ’casa blanca’ de las Lomas de Chapultepec y por los viajes que han realizado su esposa y sus hijas, así como el ostentoso gasto en el viaje que realizó el pasado 3 de marzo el presidente Peña Nieto a Londres para hacer una visita oficial a Gran Bretaña; el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) dio a conocer que el viaje que duró dos días costó 7.1 millones de pesos.

Lo último fue que la Primera Dama y su hija Sofía Castro, aparecerán en la portada del 1 de julio la revista del corazón ¡Hola! con motivo de la fiesta de graduación de la joven, de la cual se publicarán en su próximo número 30 fotografías en 14 páginas.

El pasado 7 de abril, la Primera Dama fue captada junto a sus hijas y con algunas amigas por las cámaras de Telemundo mientras realizaba un recorrido por las tiendas mas exclusivas de Beverly Hills, una de las zonas más caras de Los Ángeles. Además de la compra de ropa de marca en la que se gastan miles y miles de dólares.

Lo mismo sucede en los gobiernos de los estados, en donde sus titulares tienen carta blanca para gastar en lo que quieran, sin que las medidas de transparencia sean atendidas, y menos las irregularidades que detecta la Auditoría Superior de la Federación. Por eso, porque no se predica con el ejemplo, es que los recursos del erario no alcanzan para remediar la corrupción en México. Y como dijo don Teofilito, ni alcanzarán.

 

 

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