Peña enfrió calenturas priístas

PAULINO CÁRDENAS

El primer priísta del país Enrique Peña Nieto aprovechó la fiesta de “unidad” de su partido para volverles a leer la cartilla a los acelerados del Revolucionario Institucional que anhelan sucederlo en el cargo. Al hablar ante la clase dorada y militantes del partido en el poder, señaló: “No obstante que algunos se adelantan al 2018, este es tiempo de trabajar y cumplirle a México. Hoy no hay espacios para proyectos personales. Hoy es momento de cumplir con un proyecto de nación”, fue la advertencia del presidente.

Ante jóvenes que tenían más cara de acarreados por César Camacho Quiroz que otra cosa, legisladores federales, locales, gobernadores y presidentes municipales entrantes y salientes, en la explanada Benito Juárez del PRI el jefe del Ejecutivo federal buscó enfriarán calenturas políticas de quienes ya han empezado a dar visos de querer lanzarse a hacer campaña como lo han hecho en otros partidos de oposición.

Aunque fue claro al puntualizar que no son tiempos de adelantarse porque hay compromisos que cumplir, habrá que ver quiénes de veras se ciñen a ese ordenamiento. A ver cuánto le dura el dique a la fuerte corriente que se avecina.

Es la segunda vez que a los aspirantes priístas se les hace esa advertencia porque seguramente en la cúpula del mando federal se ha detectado que algunos podrían estar preparándose para dar un albazo. Apenas a mediados de junio pasado, el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, comentó a un grupo de reporteros que en el equipo de Enrique Peña Nieto las gentes de su primer círculo no comen ansias ni se destaparán antes de que los tiempos se den, para la sucesión presidencial.

Fuera de la advertencia presidencial a los priístas que quieren adelantar vísperas, el evento estuvo repleto de autoelogios al gobierno, a su líder nato y a los “logros” alcanzados, por parte del dirigente saliente del PRI, César Camacho Quiroz e incluso por parte el propio mandatario quien exaltó nuevamente las reformas estructurales y lo que de ellas se espera.

En el festejo priísta, los asuntos de “El Chapo”, de la ‘casa blanca’ y de los 43 normalistas desaparecidos, de las ejecuciones en Tlatlaya por parte de militares, del peso que sigue cayendo frente al dólar y de los dos millones de nuevos pobres en los dos primeros años de gobierno, entre otras calamidades que lleva acuestas el gobierno peñanietista, aunque no se mencionaron, flotaron en el ambiente.

Lo que hasta no mucho era enojo presidencial -o al menos esa fue la percepción-, y que para muchos Peña Nieto y había perdido poder y dirección en el mando del país, el sábado fue otra cosa. Contra los que auguran un futuro apocalíptico para el país, en esa reunión de “unidad” priísta se afirmó que la nación está en buenas manos y va por el camino correcto con un liderazgo que llevará a México a otro estado de cosas. El mensaje que se quiso dar fue que en manos priístas, México avanza.

Sin embargo, no se tocaron los temas que no hablan bien de la gestión priísta.

Que si la Ronda Uno no fue exitosa esta vez, qué le hace, habrá más. ¿Y lo de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa + 6 jóvenes muertos en esa misma fecha y el mismo lugar, y lo de las ejecuciones de Tlatlaya por parte del Ejército, y lo de la matanza de Apatzingan del 6 de enero? Ya habrá tiempo para olvidarlo. Lo de la caída del peso frente al dólar, no hay fijón; eso le ha sucedido a todos los presidentes mexicanos. Y si las reformas no acaban de carburar, un día madurarán surtirán efecto. Hay problemas, sí. Pero optimismo mata desencanto y catastrofismos.

Al menos así quedó de manifiesto el pasado sábado en la fiesta de “unidad” priísta. Y hubo algarabía porque en manos del presidente Peña Nieto “el país va bien”. La clase dorada y los seguidores de ese partido que tuvieron el privilegio de ingresar a la explanada Benito Juárez del PRI, celebraron juntos la ilusoria imagen que todos ellos tienen de su líder nato, en su estilo personal de gobernar y de lo que ha hecho por México. Se habló solo de lo que el partido en el poder considera bueno.

Y en medio de la fiesta hubo un fantasma rondando la reunión: La de El Chapo Guzmán. Aunque han sido varios hechos vinculados a la violencia y la criminalidad lo que más ha socavado la credibilidad de los mexicanos, incluida la cereza del pastel que fue el escape del capo sinaloense del penal de Almoloya, de eso, ni una palabra. Aunque esa “fuga” que se presume pactada, es uno de los factores de que la confianza del mexicano en el gobierno federal se haya perdido e incluso la de sus seguidores se haya viso mermada.

Eso, junto con los cuestionados favores recibidos por la cúpula del poder por parte de proveedores consentidos han motivado que la confianza popular se haya ido perdiendo y asomando su rostro la debilidad del régimen para acabar con corrupción e impunidad. Los dos únicos discursos, el del dirigente priísta saliente y el del presidente Peña, estuvieron cargados de optimismo y viendo una país cuya realidad no es la misma que ven otros, la mayoría de mexicanos.

De cualquier forma asomó lo que muchos esperaban ver: las señales de quiénes son los ‘gallos’ para suceder a César Camacho Quiroz. Aunque el más apapachado fue Manlio Fabio Beltrones después de Enrique Peña Nieto, los que más acapararon las miradas fueron Miguel Ángel Osorio Chong y Eruviel Ávila Villegas. Pero lo del aún coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados fue más notorio quizá porque algunos lo quieren ver sentado en la oficina principal del antiguo Palacio de Cobián.

Por lo demás, en el acto ‘de unidad’ del PRI en el que el presidente Enrique Peña Nieto fue aclamado por la casta dorada de su partido y decenas de militantes -muchos jóvenes que habrían sido acarreados por el todavía dirigente del tricolor-, dio la impresión de que en el país no pasa nada y por tanto había que celebrarlo y rendirle honores a quien ha hecho posible ese imaginario estado de cosas.

 

 

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